Amanezco con agujetas. Cortar embutido es lo que tiene. Pero tengo ya un programa de vida para los próximos días. Que no me digan que no vuelva durante las próximas tres o cuatro semanas. Después seguro que ya me apaño solo con el trabajo que me echen.
Al final salgo tarde para hacer los recados, comprarme otra chaquetilla, y apenas me da tiempo a comer algo mientras de camino al centro.
Compro la chaquetilla, me conecto a Internet y busco piso y salgo zumbando para el restaurante. Cruzo la parte de la barra a toda pastilla porque entre una cosa y otra ya son las 14:00. Se supone que debo estar currando.
-Can I help you?
Me dice un fulano que está detrás de la barra cuando me meto hacia la sección donde los empleados nos cambiamos, que no creáis que es una suite del Waldorf, es un pasillo que hace las veces de guarde ropa para el personal y en el que te cambias con cuidado de no tirar una pared en un aspaviento. Me doy cuenta de que no conozco al fulano y que obviamente debe estar pensando “donde se creerá que va el melenas este”. Le cuento que soy el Chef (aquí a los cocineros los llaman a todos Chef) que empezó ayer y que voy a cambiarme. “Ah. Vale ” (dosis de sonrisa). Majo, el hombre.
Ala, me cambio a toda pastilla y bajo a la cocina a que me pongan a currar.
Como son las 14:00 la mierda salpica un poco, esto es, que estamos con el sevicio de medio día y la cosa arde un poquito. Trato de montar algunos platos sencillos para ir cogiendo rutina. Esto me gusta. La misse en place es lo que tiene. Es como pintar, te dejas preparados los colorines a un lado y los vas usando según te hagan falta. Después, cuando pasa el mogollón (que no es para tanto pero eso yo aún no lo sé), nos ponemos a preparar más misse en place. Hoy en lugar de Murdoc ha venido el Jefe de Cocina, Jofra voy a llamarle, Aunque no es su verdadero nombre, pero yo me aclaro (o eso espero). Así que estamos Jofra, McEllen y mis dos simpáticas guías de ayer. Ale, más faena. No estoy comentando aquí la presencia de unos personajes que son vitales en una cocina, por el trabajo que te quitan de encima, los freganchines. Para los no iniciados comentaré, que todo lo que se va ensuciando en una cocina e incluso en un restaurante, lo va limpiando el freganchín. Si bienen algunos sitios la vajilla es cosa de la Sala, esto es, lo camareros, en otras, como es el caso, Es el freganchín el que bate el cobre con todo el mogollón. El primer día estaba Miguel Ángel, un chico de Valencia y hoy tocaba Dalma, De Vallecas. Claro, rodeado de españoles imagianaos el “Spanglis que se monta en las conversaciones cuando surge un rato.
El caso es que me siguen ilustrando sobre como va cada plato. Hoy empiezo a profundizar sobre el maravilloso mundo de los postres. Algunos tienen tela. Usamos Sal Maldón para todo pero ahora que la tengo que echar al helado de cierto postre ya no me sorprendo sino cuando me explican que algo no la lleva. La caña.
Chún chún, le vamos dando caña a la misse en place y después al servicio. Por ahora consigo no quemarme demasiado. Por el camino cae un bocata de queso que me da la vida. Me gradúo en “tortilla de patata” (con guisantes ) y trato de seguir poniéndome las pilas. Cuado me dejen solo lo voy a flipar…
Después de la faena trato de conectarme a internet. Soy abordado por gente majísima (no se si he dicho últimamente que por aquí son todos muy majos), pero el echo es que acabo hablando con dos grupos de personas, ambos de Londres y uno de ellos incluso me trae un botellín (aquí llaman botellín a medio litro de algo espumoso) de sidra. No se qué tendrá la bebida esta (sí lo sé. Seis grados y medio de alcohol no te jode) que vuelvo a mi alojamiento borracho. Caigo como una piedra y por suerte soy capaz e resucitar al día siguiente, pero eso será parte de lo que me suceda… al día siguiente.
domingo, 30 de agosto de 2009
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