“Quinto levanta. Tira de la manta…” ¿Conoceis la canción? Es un greatest hit de cuando había mili obligatoria en España… Pues al quinto, o sea yo, le da pereza levantarse esta mañana. Se ha instalado en una habitación en la que no tiene porqué ver a Gollum y la verdad, se está que te cagas. Como tuve mi “venue” particular y personalizada ayer, hoy estoy un poco decaído. Me siento poco motivado para salir a la calle pero tengo que hacerlo, así que me escribo la crónica del sábado, intento colarme sin éxito en internet y por fín, me dirijo a hacer algunos recados para tener algo que comer en “casa”. Trato de no encontrarme con Gollum cosa que consigo en parte. Al menos limito mis encuentros al máximo posible. Pena que este fulano no tenga un trabajo que le ocupe 40 horas al día, pero claro, su ideal de vida es vivir sin trabajar.
Compro algunas cosas como detergente, pasta, sopa de tomate (es que a veces soy un asqueroso nostálgico y cuando estuve en Irlanda me la daban a veces de cena), busco pan y ya no queda, mantequilla (en la crónica de mañana os contaré lo buena que está (la mantequilla)) y me lo llevo para casa.
Por último me decido a ir a una dirección donde me dijeron anteayer que buscaban personal. Doy una vuelta estupenda pues busco un sitio donde me dijeron que se podían imprimir documentos y hacer fotocopias. No lo encuentro, pero mejor, pues como descubriré mañana, al CV le quedan aún un par de pinceladas para pasar el test de calidad.
Llego al lugar. Pregunto por el responsable. Oigo hablar en español a mi alrededor entre el personal pero el tipo que me atiende, no lo es pero se maneja muy bien. Le comento lo que me han dicho y me pregunta muy serio si soy cocinero. Le explico lo que he hecho y que puede que aún no deba llevar yo solo una cocina pero como ayudante no tengo precio. Me estudia unos instantes y me dice ven sobre las 22:30 y hablas con el cocinero. Le doy las gracias y me marcho a hacer tiempo mirando el correo mientras pasan las dos horas que tengo por delante.
Putada. Cuando ya me he sentado y estoy con el ordenador instalado dispuesto a revisar mi correo descubro a Gollum en otra mesa. Edimburgo es muy bonito y lleno de gente maja (por si no lo sabíais) pero a veces resulta demasiado pequeño. Miro la hora y me lamento de que el pobre Gollum no tenga que trabajar (lo digo por él, así le pagan más ¿no?). El caso es que me limito a saludar con un gesto y voy a lo mío. Tengo cosas que hacer pero sobre todo, no tengo tiempo que perder con las bobadas de un neurótico desatado. Me he puesto la alarma así que a las 22:00 “pip pip” me suena avisándome de que es el momento de recoger y ponerme en marcha.
Allá vamos.
Llego unos cinco minutos antes y Marco, el amable señor que antes ha hablado conmigo me lleva hasta la cocina para que me entreviste el cocinero.
Pregunta va respuesta envío… Quedamos en que lo mejor es que me pruebe a ver que tal. Yo me estoy temiendo que buscan a un Chef super experimentado, cosa que yo no soy. Pero quedo con él en estar e miércoles por la mañana ahí a ver lo que soy capaz de hacer. Menuda me espera, pues todo me lo van a decir en inglés y mi inglés, para dar habitaciones charlar un rato, ligar o incluso escalar, está muy bien, pero para recibir las precisas órdenes que se suelen dar en una cocina puede no estar aún a punto. Pero “any way. I make self determination to adapt and to overcome y such a task” ¿Es que el orto día me puse a ver “Heartbreack Ridge” y ahora solo pienso en ser un Marine a las órdenes del Sargento de Artillería Thomas Highway, el tio que “ha bebido más cerveza, ha meado más sangre, ha echado más polvos y ha chafado más huevos que todos nosotros juntos, capullos”. El caso es que tengo una oportunidad para el miércoles por la mañana. Vamos por ella!!!.
Me dicen que he de traerme la ropa. Uuuuuuuups. Aquí son majos pero en España normalmente la empresa te facilita la ropa de trabajo en estos casos. Me dicen también donde puedo adquirir chaquetillas de cocinero y un parroquiano me indica que pruebe a comprarme dos camisas blancas en M&S y me corte el pelo. Lo lleva chungo con el frío que hace por aquí a veces. Bueno, si la peluquera está lo bastante bien no descarto dejarme trastear el pelo después :-P.
Vuelvo al Forest (he supuesto que os habríais imaginado que es ahí donde había ido a conectarme a Internet). Me pido una cappoftí, ese brebaje ruso no lo bastante valorado
:-P y busco mesa donde sentarme. Negativo paisano, el chiringuito está repleto, pero tenemos en oferta una salita con espacioso suelo para que te instales. Escojo un sitio junto a un enchufe y me pongo a escribir y revisar algunas cosas. Descargo fotos, intento cargarlas en el blog, el blog pasa de mí como de la m… de las viejas canciones de eurovisión, por ejemplo (aunque me consta que existe quién no pasa).
El caso es que estoy sumergido en la tarea que no me va a ofrecer resultados aparentes (al menos aún no he conseguido ver as fotos subidas al blog y si alguien las ve que me lo diga para que deje de hacer el imbécil creyendo que aún no lo he conseguido) cuando empieza aquello a llenarse de gente. Unos tipos con ropa de esta que es como así pero con aquello de esta manera, y lo otro igual pero al revés y con flecos… Sí, más o menos como eso. Veo que lo has pillado. Enhorabuena. Si se te ocurre una mejor descripción no te cortes y añádela.
El caso es que estos me vienen en plan étnico. Uno tiene una pinta andina que tira de espaldas. Me ilusiono con la posibilidad de practicar mi Quechua, que para los que no lo sepan, antes de ser la marca genérica de esa macro cadena de artículos deportivos, era una lengua andina. ¿Eh? Como me impresiono a mí mismo. Si la pedantería fuese una habilidad solicitada par trabajar, no conocería las vacaciones ni el desempleo…
Para información de propios y extraños, diré que mi nivel de Quechua es más o menos el equivalente al límite de F(x) cuanto X tiende a 0. Lo que nos lleva a la conclusión de que solo estaba haciendo la gracia. ¿Sorprendidos? ¿Sí? Pues peor para vosotros, que soy muy previsible.
El caso es que lo fulanos traen una especie de bastones o varas con un cuerdecita y unas calabazas vacías. No se si serán arqueros Zehn, en cuyo caso me presentaré como un “cuasi maestro del autocontrol”, guerreros de Kempo, o músicos tribales, pues me fijo que vienen también con bongós y timbales chiquititos.
Se ponen a realizar una especie de baile-pelea y yo, raudo como la lluvia al caer sobre Edimburgo, me dispongo a escribir lo que veo con el propósito de registrarlo antes de que en una de sus acrobacias me estampanen el portátil y me quede sin él.
He aquí lo poco que pude escribir mientras quedaba fascinado por el ritual:
“He venido al Forest y como no había mesas me he acoplado en el suelo de una salita que hay al lado. Me he conectado a buscar cosas por la red cuando ha llegado un grupo de bailarines, músicos y guerreros andinos y se han puesto a montar el Chow a escasos centímetros de mí y mi portátil. Al principio he temido por la integridad de mi tecnología, pero parecen controlar lo que hacen.
Además de una especie de danza-lucha, se han puesto a realizar unos cantos al tiempo que ejecutaban su baile y tocaban sus instrumentos. Flipante. Busco la ocasión para interrogar a alguno de ellos de que va todo esto.”
Una monada se me ha sentado al lado y sin previo aviso se pone a cantar, tarareando al son de la música. Erróneamente me pienso que va con el resto del grupo pero me equivoco. Lo descubro cuando un “bailarín guerrero” se nos acerca y nos propone ponernos a dar saltos y piruetas con él. Este fulano no se da cuenta de que yo me apunto a un bombardeo y que yo, desatado en un habitáculo tan pequeño puedo hacer estragos y acabamos todos en “Emergencies”, a que nos trasplanten los huesos a todos. La chiquita que cantaba entra tímidamente al trapo pero es efectivamente demasiado tímida para echarle el entusiasmo que habría que aportar. Antes, un japonés o coreano se lo ha montado muy bien de forma espontánea. Yo les tomo un vídeo a tres de los que parecen saber mejor lo que están haciendo.
En un momento dado, a uno se le va la mano, o mejor dicho el pié, cayendo sobre una chica que está sentada y con la que él mismo había estado antes charlando. La deja francamente impresionada. Quiero decir que a parte de la sorpresa, la suela del zapato impresiona su cara “dejando huella” vamos.
Diálogo:
-Uh, I´m sorry
Respuesta:
-It´s ok, it´s ok (pero aún lo está flipcando de la galleta que le ha dado. Biscuit, lo llaman aquí
Mucho “ok, ok” pero mi prima se pira. A ver si luego el otro se va a poner pesado y le va a calzar una colección completa de galletas, pastitas, tostadas, tortas y puede que hasta se le rompa el condón y le salga una criatura a patadas del vientre al más puero estilo Ridley Scott.
Lamentablemente, tan fabuloso suceso no ha sido grabado. Yo estaba muy ocupado cerrando la boca, después de la impresión. Si le ponemos “tipos” en las suelas, este chico no tendrá precio como impresor.
Entre tanto consigo enterarme un poco de que va todo el rollo. Resulta que es una clase de Capoirea. Otro de los chicos, oriundo de Edimburgo pero que ha vivido unos cuantos años por Sudamérica, me cuenta un poco de qué va la vaina y yo, en cuanto tengo ocasión, transcribo la impresión que me queda:
“Gracias al Sol, gracias a la vida, gracias al maestro.
El ritual parece basarse en unos gráciles movimientos acompañados de un obstinato rítmico que persiste durante toda la actividad. Se compone de un par de notas percutidas de forma casi sistemática y con ligeras variaciones sobre una estructura principal siempre acompañadas por el constante y rítmico retumbar de los tambores. De vez en cuando una o varias voces se añaden a la melodía enriqueciendo aún más su efecto.”
Claro que cuando escribí todo esto traté de no dar importancia a que yo procuraba proteger mi portátil con la vida después de haber visto el reparto de “galletas para el títaim” que he presenciado hace un rato.
Como son las tantas, después de haber interrogado un poco al chico que me ha contado de que iba la cosa recojo y me vuelvo a mi alojamiento.
Me encuentro otra vez con Gollum en el salón. Tengo que encontrar piso como sea y cuanto antes.
Me “enpiltro” y hasta mañana campeón, con la esperanza, infundada, de levantarme lo bastante pronto como para no tropearme más con Gollum (Ay!!) :-p
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo

Puf, me cuesta seguirte, de tanto que escribes, pero me encanta. Voy a tener que reservar un momento del día a leer tus memorias, porque vaya parrafadas.
ResponderEliminarBueno, acabo de leer que tienes dificultad para poner tus fotos en el bloj. Imagino que se debe a que estás intentando cargarlas con la herramienta propia del editor del bloj. Yo la detesto especialmente, por eso uso Picasa:
picasaweb.google.com
Puedes entrar con la misma cuenta que con el bloj (o sea, la del google). Te creas una carpeta sólo para el bloj, y ahí mismo vas subiendo las fotos que quieres publicar (recomiendo reducirlas si tienen más de un mega).
Ya está casi: cuando miras las fotos en el Picasa, en la barra derecha te aparece un enlace que pone "link to this photo". Te aparecerán unas cositas, como un "select size" (yo suelo decirle que me ponga las fotos a 400 píxeles de tamaño). Si a continuación le pinchas en el texto que hay debajo de "embed image" verás que se selecciona solo y lo puedes copiar y pegar en el bloj.
Así, por arte de birlibirloque te aparecerá la foto en el bloj, así tan chula.
Si quieres que esté centrada (la foto) sólo tienes que poner <center> antes de la parrafada y </center> justo después.