viernes, 21 de agosto de 2009

Día segundo

Día segundo.

Aunque algunos no lo sepan o no se lo crean, el plato típico de Edimburgo (si sois muy puristas Edinburgh (pedantes…)) no es la “edimburguesa”. Mucha gente cree erróneamente que es así pero se equivoca. Lo cierto es que aquí lo que más parece llevarse es el “tropezón de la sopa”. De hecho, todos somos “Pu.. ñeteros Tropezones” porque en cuanto te descuidas, aquí empieza a caer agua del cielo a jarros y quedas hecho una sopa. Por pura lógica, la parte sólida de una sopa es el tropezón (podría ser la pasta pero hay poco chino o italiano por la zona). El caso es que por puro instinto, Ahí es donde me lava la infalible intuición de un Jedi, decidí llevarme el ordenador metido, además de en la mochila habitual, dentro de una bolsa de plástico. Solo por si acaso. Bueno, se me olvidó el flotador paro como tengo las piernas largas solo eché de menos el bañador, las chanclas, la crema protectora (por joder nada más, aquí el Sol es ese mito del que algunos dicen haber tenido experiencia real (Jo, como me paso)). Y por fortuna, o porque los caminos de la fuerza son muy misteriosos me llevé también mi super chaquetilla de esquí que es: impermeable y con capucha; corta vientos y equipada con material extra no previsto en otras de su mismo género… la ultra chapela de Bilbao. Para los no iniciados les diré que las ventajas del uso de una chapela son considerables. La gente, ya de entrada te respeta o te muestra más respeto porque no sabe muy bien que es eso que llevas en la cabeza y si está o no adiestrado para atacar o qué. Como es ancha tapa hasta lo hombros y por pura reputación, la lluvia solo te moja previa petición vía instancia por triplicado. Dentro de las ventajas de la anchura no hay que olvidar que la gente se aparta de tu camino, si no con respeto, con la máxima agilidad para evitar el contacto de semejante caperuzo de seta, pues dudan de su consistencia y podría provocar lesiones permanentes. Hay que tener cuidado, eso sí, con el paso de vehículos que, concentrados en esquivar a los turistas y palurdos recién llegados a esta húmeda tierra, se obstinan en acabar con sus propias vidas cruzando cuando no deben y mirando en el sentido contrario al óptimo para conservarse íntegros (al menos físicamente. La virtud ya no se lleva)). Pero no nos dispersemos. Mi aventura comienza al salir en busca de lo imprescindible para la vida en este lugar de ensueño. Hablo, por supuesto, de un adaptador para el enchufe. Me son mostrados los establecimientos en los que es mejor adquirir ciertos productos, información que olvido con la rapidez y elegancia con la que una piedra se encamina al fondo de un abismo. Pero obtengo mi adaptador. Ya soy persona. Hola resto del mundo. Auque estés seco te quiero igual.
Tras la vuelta a mi refugio provisional y degustar unas deliciosas alubias blancas cocidas con receta vegetariana, me encamino, equipado contra el agua a la oficina en la que me va a asesorar para la preparación de un currículum y la búsqueda de un empleo al estilo de UK.
Como le dije ayer a alguien, esto parece la capital del buen rollo. Me atiende Clif, un funcionario encantador que con exquisitos modales y cortesía me da una pautas a seguir y me facilita información y documentación como ejemplo. Aquí hay que plantear las cosas distinto a como yo lo tenía en el CV en español y además añades el morbazo de escribirlo en inglés. Verás.
Salgo de la oficina de, llamémoslo orientación, y me dirijo a la oficina de información turística. Aunque Cicerón me ha facilitado un mapa, yo aspiro a uno más completo (ingenuo de mí) o al menos, que no esté a punto de desintegrarse… Me meto en un hotel y cojo un plano de los que hay en una mesa. Es más grande que el que me ha dado Cicerón, solo el trozo de papel, pero las explicaciones son peores. Pido no obstante indicaciones a un recepcionista que, muy amablemente me indica donde estoy y como llegar a la oficina de turismo (aquí todos son majos). De camino, atravesando unos jardines (ahora se que son los West Princess Street Gardens y los East Princess Street Gardens (mira que son originales los nombres)) en los que me he metido porque parece que el alcalde de Madrid tiene por aquí un admirador de su gestión de obras públicas, un simpático muchacho (¿he dicho lo majos que son por aquí?) me ofrece un “Festival Pocket Map.
Caramba!!!
Pero si es como el de mi Cicerón. Pero éste aún no esta en “masa crítica”.
Pues muy bien. Para el saco. Ya le pasaré la anotaciones a prueba de torpes que me han puesto en él. Con planos y todo persisto en mi ruta hacia la oficina de turismo. Que bien cojo otro plano (psé, donde estén los mapamundis de Bilbao…) y me propongo seguir las indicaciones del cohabitante de la casa de Cicerón y comprarme una tarjeta telefónica de a cinco euros, con cinco euros de saldo y dos más de regalo si me registro on-line. Tras un par de intentos lo consigo. Qué ilusión, como no tenía ya tres teléfonos, ahora añado uno británico. Si alguien le interesa saberlo, que me mande un correo… porque no podrá llamarme :-p.
Ahora sí que toca ir a mi, por el momento, centro de culto, el Forest Café. Que sitio tan estupendo… y la gente no fuma dentro y siguen siendo igual de majos (¿he dicho que son muy majos por aquí?). Me recuerda al paraíso.
Por el camino me cae un “chupita de agua”, lo que para ellos es cuatro gotas a mí me deja echando de menos una canoa, o mejor un submarino. ¿Exagero? Pues sí. Pero es mi blog y escribo lo que me da la gana. En todo caso menos mal que el portátil estaba protegido. Como el “paraíso en la tierra” (aunque sea tierra húmeda por el riego constante) está un poco lleno, sobre todo en la parte donde pretendía instalarme a consultar el correo y escribir la crónica que tuvisteis el gusto de leer ayer… ¿Qué no has leído lo de ayer? Pues ya te los estás leyendo y me lo copias diez veces de atrás adelante… A lo que íbamos. Estando la cosa así decido que me voy, primero al wc que ya llevo un rato sin fichar y a continuación a buscar un supermercado donde reponer líquidos de toda índole (solo agua, listos) con algo para picar. El paseo me supone una hora y media con algo más de remojo. Como voy equipado con la chapela, de la que no he dicho que para los iniciados en el tema tiene un factor de protección de +100 contra los elementos y “mal rollito” (espero os haya gustado el detalle a los frikis) nome supone mayor trastorno aunque alguno me dice algo en francés (son majos pero raros (¿he dicho ya que son majos?). Por fin encuentro un super que responde a mis necesidades y me hago con agua un refresco de “no se qué rojo” y un paquete de galletas.
Ale, para el Forest (a partir de ahora lo voy a llamar solamente el Forest porque si a vosotros os cansa leerlo imaginaos a mí escribirlo). Consigo con pericia instalarme más o menos cómodamente bajo el método de –Este sitio es un asco subido a un escalón y me voy a dar un batacazo de espanto así que en cuanto ese se descuide y se levante me siento ahí volando- y descubro que no me funciona Internet. Disgusto pasajero, Me encuentro con “mi fabulosa compañía” del día anterior, llamémosla Fabulosa para abreviar. Encantadora persona que, aparte de hablar siete idiomas (he olvidado cuales porque no podría pronunciarlos) debe ser experta en libros, pues tiene unos volúmenes ciertamente interesantes. El caso es que también surge por ahí Cicerón. Que bien. Aprovecho para informarles de mi nueva teleconexión y les doy el número del nuevo móvil. Como Fabulosa se ha traído una fluta dulce y me ofrece probar a tocarla (la flauta, si hubiese sido Fabulosa el blog lo va escribir su p…madre) me pico a sacar notas y tratar de hacer sonar una melodía conocida (¿Porqué trato siempre de tocar el cumpleaños feliz? Algún trauma de la infancia, sin duda). Pues os diré que es chungo que te cagas. Primero la posición para coger la flauta es rarísima. Segundo, No solo hay que soplar en el orificio (de la flauta cochinos!!!), sino que hay que hacerlo de una manera determinada. De otro modo no suena nada. Además, cuando crees que lo tienes y te mueves a penas un poco te encuentras que aquello ha dejado de sonar. Con todo lo que soplas como buen pardillo novato que eres, te entran unos mareos de espanto. A punto estoy de desmayarme, pero como dice Marelen Dietrich “nunca me desmayo porque no se si voy a caer con elegancia”, así que yo y mi elegancia boqueamos como peces fuera del agua y le decimos a Fabulosa que muchas gracias Pero que aplazamos el palmarla para otra ocasión, es que hoy hemos quedado, para cenar, primita, que ya hay hambre.
Como os podeis imaginar, la mayor parte de rato se me pasa escribiendo la maravillosa crónica con la que os deleité ayer, revisando correo y poniéndoos al corriente del enlace que tenias que pinchar para hacer vuestras vidas más interesantes y, digámoslo claramente, perder vuestro tiempo de mala manera (jo, como me estoy pasando hoy, pero claro, el segundo día era todo “buen rollo” pero yo lo estoy escribiendo todo el tercero). El caso es que cuando por fin Cicerón admite tener algo de hambre (está disgustado porque no ha habido trabajo) me aferro al plan como un poseso. Si antes la chapela imponía un respeto reverencial, ahora, mi cara de lobo hambriento me abre paso por la calle como se abrió el Mar Rojo ante Moisés. Si es que la peor dieta es el hambre y yo llevo escrito en la cara “i´m a vasc beret carrier who´s hungry” con un cartel de “do not feed the spanish guy… with your own flesh”.
De cena una pizza marinera y vuelta al garito. Os podeis imaginar con el ritmo que llevo estaba más que cansado así que tras ultimar un par de detalles informáticos enfilamos para casa y me dejo caer muerto en mi rincón para resucitar esta mañana, demasiado pronto sin duda.

2 comentarios:

  1. Jajajaja, buena crónica. Sigue así...

    ResponderEliminar
  2. Jajaja, lo que me he podido reír...

    Cuidado con el hambre. Alguna vez nos ha hecho perder la dignidad de mala manera zampando arroz como burdos animales, allá donde cierto cantor de nombre bíblico se retiró a tiempo dejando que las hienas hicieran su trabajo ante la cara de estupor de los convidados. Ya sabes de qué hablo, jeje.

    Propongo una solución para no perder la dignidad ante la comida: llenar antes el estómago de cerveza. Así perderás la dignidad por otras razones e incluso antes de comer... si es que mis ideas no tienen precio, eh.

    ResponderEliminar

El castillo del centro de Edimburgo

El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo