martes, 8 de septiembre de 2009

Día decimo noveno. Domingo

Otro día libre. Como sigo jodido, remoloneo en la cama pues a misa como que paso de ir. De todos modos, en el Hostle hay un momento en el que entran a limiar las habitaciones y te acabas levantando, sí o sí. Es lo que tiene un aspirador zumbándote en los oídos.
Tengo algunos planes no muy definidos. Creo que voy a ir a ver unos fuegos artificiales por la noche. Durante el día, en el Hostle hay anunciada un ababacoa y puede ser una idea interesante el dejarse caer por el patio trasero donde va a hacerla. Con respecto a esto me comentan que las hamburguesas van a costar dos rounds y cada cerveza uno. Vale. Me apunto a la hamburguesa. Me pongo a bucar piso por Internet hasta ya pasada la hora del comienzo oficial de la barbacoa y bajo a investigar. Hace un relente bien majo pero aquí muchos están en chanclas (Freedom). Gente chunga los primos de Wallace. El caso es que pido una hamburguesa, que es lo único que hay aparte de la cerveza. Me toca esperar un rato mientras la carne se hace en un parrilla y surge la conversación con los que están alrededor. Pues resulta que somos cuatro españoles de un grupo de quince personas. Calcula, primo. La densidad de “fulanito de España por metro cuadrado. También son majos, o debo decir majas, una en especial. Entablo una simpática conversación en varios idiomas hasta que por fin llega a mis manos la hamburguesa. Que poco me dura. Pero reconozco que está buena (la hamburguesa, la chica es guapa ¿eh?). Como no pinto mucho más por esos andurriales hago mutis y subo a seguir con mi búsqueda de piso y escribir mis crónicas.
La tarde pasa con relativa placidez y carente de toda productividad, pues parece que por ser domingo, la gente no anuncia habitaciones.
Sobre las 21:00 están programados los fuego de artificio de los que me han hablado así que, sobre las 20:30 me pongo en marcha y busco un lugar desde el que contemplarlos. _he pensado en uno de los puentes, el de la calle Northbridge, desde donde creo que habrá una buena perspectiva. Las “fuerzas del orden” (los picoletos, vamos) han puesto una valla de tres metros de distancia entre el pasamanos del puente y la zona en la que se autoriza al público en general (ese soy yo) a irse situando para ver el “pestáculo”. Media calle está también cortada al tráfico. Y somos un buen montón ya los que hemos tomado posiciones. La verdad es que tengo una posición muy buena. Como no soy bajo las cabezas no me molestan (habrá que preguntar a los de atrás qué opinan de mi “melón” hispánico cubierto de los pelos ondeando al viento). El Show dura algo así como una hora. No está nada mal. Me hace recordar los fuegos de artificio que ví con Ricky desde el Templo de Debod durante las fiestas de la Paloma en Madrid hace a penas un mes. De vuelta para el Hostle. Mientras ceno algo, me encuentro charlando con un chico italiano encantador. Nos comentamos las respectivas circunstancias vitales... En italiano. Es masajista pero no habla apenas inglés. Quiere trabajar de lo que sea para aprender la lengua y luego poder seguir con su especialidad. A ver si tiene suerte. Resulta ser un tipo realmente agradable. Mientras estamos de charla aparece la chica española de por la tarde y se nos añade a la conversación en español diciéndome “no sabía que hablases italiano”. “Yo tampoco” le respondo. El muchacho ha estado sufriendo i falta de conjugación verbal y mis “palabros” en español para sustituir todas las palabras que me faltaban, mientras intentaba comunicarme.
El muchacho se retira a descansar, que mañana tiene un apretado programa de búsqueda de empleo. Nosotros, tras tomarnos un té (los que me conozcais no os cachondeeis), salimos a que fume un cigarro y me pongo un poco al día de cómo funcionan algunas cosas y sobre todo, de no dejarme tomar el pelo con el salario cuando me toque discutir los términos. Se hará lo que se pueda. Palabra.
En la recepción del Hostle, por fin alguien arroja luz sobre el tema del cambio de habitación que tengo que hacer para que puedan proceder a una limpieza a fondo de la misma. Me han tenido tres días pendiente. Que si “no lo sé”, que si “ven en cualquier otro momento pero no ahora, que qunque no tenga nada que hacer soy un parásito que no se entera ni del NODO ni tengo intención de enterarme, pero que no esté yo, a ver si me va a dar una embolia”… El caso es que la eficiencia es algo que ocurre en otros lugares y a otras personas. Ya no hay simpatía en las caras, solo ese gesto de becario de “¿No ves que estás interrumpiendo mis horas de no hacer nada?”. Pues por fin alguien me dice “Pásate mañana sobre las diez que ya me ocupo yo de que te estén esperando”. Más vale que lo tengan previsto, porque yo no he pedido el cambio, son ellos los que han dejado la nota de aviso. Si alguno quiere herniarse levantando mi maleta a mí plim.
Me despido de la nueva amiga española y me voy al ordenador.
Trato de escribir algo más y me demoro viendo cosas en el ordenador hasta tarde.

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