Durante el día de hoy (hoy es otro día y no el que voy a narrar aquí así que no os liéis que nos conocemos. Primero que si son o no majos los de por aquí (que sí que lo son óóóño) y luego que si mañana es ayer que si pasado mañana y luego Navidad).
Que lo que ha pasado el día que me dispongo escribir esta crónica es que me he acordado de una suceso encantador del sábado, día undécimo para los que no saben contar más allá del diez (diez= a palito circulito. Más o menos 10. Pa que lo entendais).
El caso es que Pandoro todavía no había aparecido o había tenido el detalle de esfumarse, cuando una preciosidad de chica con la que había hecho ojitos (lo llamo hacer ojitos por ponerle algún nombre a andarse con jilipolleces de te miro me miras ya te dejo de mirar te vuelvo a mirar ya así de vez cuan cuando, cada rato, un poco, en lugar de entrarnos al toro y follar, que es lo que todo ser sano de mente y espíritu (el cuerpo lo damos por sentado que aún no tenemos cuarenta años (jode ¿eh?)) debería hacer), el caso es que hacía un rato que se cruzaban nuestra miradas y yo, que no siempre soy una seta, cuando el contacto visual se prolongaba más del segudo preceptivo, sonreía y saludaba con un gesto de cabeza. Algunos pensarán, sin faltarles razón, “qué coño hace este fulano mirando a todos (todas, si no os importa) sin entrar a matar en ningún momento”. Pues el caso es que este fulano, o sea, mi menda, Suele encontrarse escribiendo las putas crónicas que luego vosotros no os leéis (cabrones) y no tiene tiempo de ponerse a perseguir mozuelas en modo “acoso y derribo. Esta plaza está tomada y la bandera (el mástil de la bandera, se entiende) plantada hasta en lo más hondo del territorio extranjero (extranjera, si no teneis inconveniente). A lo que voy. A veces tengo la inmensa suerte de que preciosas (siempre lo son, no me pregunteis porqué, tengo un imán (y un cura también, hasta un Rabino)), preciosas y encantadoras beldades se me acercan y entablan conversación conmigo, jodiéndome literalmente la concentración. No me importa. También hay que descansar. Lo dicho, que nunca me dejais acabar. Una preciosidad se me acerca y me dice con una sonrisa que me deja encandilado –Do you want a cup of tea? (Quieres una taza de té)
Como tengo dicho que he de responder siempre sí, respondo sí. Bueno, lo que respondo es – Yes I´ll share a cup of tea with you. Aunque no me queda muy claro dónde se van a quedar los dos fulanos que la esperan en la mesa de un poco más allá. Claro, le he dicho que “sí, que compartiría una taza de té con ella.
Y me dice – that´s for that beautiful smile you have.
Que por mi cara bonita vamos. Así da gusto tomarse un té.
Me sirve de su tetera (tetera es donde se pone el agua caliente con las bolsitas de té dentro para que se haga la infusión, contrariamente a la creencia de algunos cenutrios que creen que es esa prenda femenina que nunca consigue (para su vergüenza eterna) desabrochar ni a la primera ni a la décima oportunidad y que ha de ser retirada por la propia chica cuando ellos se pelean con las perneras de sus propios pantalones. No digais que no os pasa. Conozco a los de mi clase)). Pues me pone una tacita de té que, para que nos vamos a engañar, me supo a gloria bendita.
El lunes, el día que pretendo narrar en la presente crónica, era el último de mi compañera mejicana. Pedazo de jabata. Es su último día. Seguramente no vuelva más. No se juega absolutamente nada pero se mete una jornada de 13 horas y no deja nada pendiente por hacer. Además que el sueldo se lo han pagado a primera hora de la mañana. La criatura solo tiene 20 años, pero yo le confiaría una operación a corazón abierto de impropia persona. Encomiable sentido de la responsabilidad y el compañerismo. Si por mí fuera, a esta chica nunca le faltaría trabajo. Si algún día he de recomendarla a alguien le voy a hacer a ese alguien un favor increíble y para colmo me dejará en buen lugar (a mí y a quién se le ocurra avalar a esta criatura. Apuesta segura).
El caso es que resulta ser un servicio no demasiado duro, con algún pico de trabajo pero en general muy calmado. Mejor, porque en la cocina estamos solo Jofra, la compi y yo. Pero todo va rodado. Comentar que Jofra tiene unas palabras conmigo sobre como quiere organizar la gestión de la cocina (a ver si Ramón no toca las bowlins y le deja hacer) parece saber muy bien lo que quiere y como llegar a ello. Le aviso que yo no tengo experiencia de toda esa nueva cocina experimental que quiere desarrollar pero me dice que lo prefiere así, sin vicios de antes. Claro que yo siempre, para todos los trabajos, trato de adaptarme al gusto del receptor de mi labor. Me da igual poner el margen a la izquierda o a la derecha y si tiene costumbre de que todo le venga en carpetitas o entre empanadas, a mí plím. A mandar mi comandante, que aquí estamos pa servirle a Dios y a Usted (taconazo).
A última hora tenemos un pico de trabajo y me siento desfallecer de hambre (y me he zampado una de las tortillas que preparamos para las tapas porque se me había roto al trasladarla de la sartén a la bandeja de la mise en place. Me preparo sobre la marcha un pan con aceite de oliva que meto a tostar con un poco de Sal Maldón (si a alquien se le ocurre preguntar qué es la Sal Maldón le envío cada día diez correos con la parrafada que escribí ayer). Mientras estoy sacando el servicio, Jofra, mi jefe, me pilla con el pan y me dice (os lo pongo traducido porque él habla en extranjero. -¿Qué es esto?¿Estás comiendo esto? No comas así, hazte un bocadillo o sírvete un plato de algo pero no comas cualquier cosa. Este servicio requiere energía y quiero que la gente esté bien cargada cuando toque trabajar.
-Sí Jofra, pero es que me ha entrado la pájara (en extranjero de digo que me note que moría de hambre) justo cuando ha empezado el Rock & Roll y claro no tengo tiempo de ponerme a comer mientras estoy con el servicio.
-Pero si no un plato hazte un bocadillo (y me señala los embutidos que tanto nos cuesta cortar al tamaño reglamentario, que no es ni mucho ni poco, sino el exacto) con lo que quieras
-Si mi problema, Jofra, es poder comérmelo sin que se me desmorone mientras trabajo. El pan con aceite y sal, a parte de ser uno de mis desayunos favoritos, es complicado (aunque en mi caso no imposible) que se me despanzurre contra el suelo (esto, claro lo dije de otro modo pues si yo supiera decir “despanzurre” en extranjero, daría clases en el British Institute).
Jofra se ríe pero me dice que coma bien (así da gusto trabajar).
Termina el servicio. Limpiamos la cocina (la compi se queda hasta salir la última pasando el mocho por última vez) y en ya en la puerta me despido de todos. De hecho Jofra me ofrece una cerveza de la barra pero, con disgusto, tengo que rechazarla. Le explico que me estoy mudando de casa y que me queda la segunda parte de la mudanza. Porque no os he contado que esta mañana he trasladado de camino al curro, el grueso de mi equipaje. Ahora me toca llevar el resto.
Paso primero por el Hostle a dejar lo del curro y voy a la casa de Pandoro a coger el resto de cosas. Hablo un rato con su compi de piso y me llevo mi ropa, que n ose ha secado gracias a la lluvia que no ha dejado de caer intermitentemente todo el día.
Con todo, para el Hostle.
Tengo una cama en el fondo de una sala, en el fondo de unos de los sótanos. Me siento como un Harry Potter de todo a cien entrando en la habitación del castillo Howarts. De hecho, el Hostle es un castillo acondicionado.
Cojo de la consigna lo imprescindible, trato de consultar un par de cosas por Internet y por fin, caigo rendido en la cama.
Pretendo levantarme para trabajar como voluntario en el Hostle y así pagar alguna de la noches, pero, como leereis en la crónica de mañana, mi cuerpo dirá “No”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo

Yo creo que vives en la Isla de Perdidos porque no e snormal esa desubicación temporal que me tienes.
ResponderEliminarSecundo a Jofra, ¡cómeme bien! ¿eh? Que estabas en los huesecitos y eso que yo soy de la misma tribu, pero...¿Te he dicho ya que escribes realmente bien? Y eso que lo harás a todo trapo sobre la marcha. Abrazote.
ResponderEliminarIrene
ResponderEliminarNo me digas "cómeme bien" porque El Maestro me parte la cara.
Mi otro maestro, este de cocina, me decía que "de la mujer, lo que no se come, se chupa", pero hablaba de la propia. Tengamos la fiesta en paz ¿Eh? :-P
Muchas gracias por vuestros comentarios. Me alegran el día (la noche) un montón. Procuraré comer bien. Prometido. Comida no me falta por donde ando. Y no os corteis en escribirme tanto aquí como al correo.
Os echo de menos.
Un fuerte abrazo Veteranos de la UAM.