lunes, 7 de septiembre de 2009

Día decimooctavo. Sábado

Amanezco un poco mejor que los días anteriores pero aún así, me demoro en la cama recuperando todas las fuerzas que soy capaz de reunir.
Hoy toca empezara a las 10:00 con pausita en medio que pienso aprovechar para hacer la colada. Con el rollo de la infección me he vuelto paranoico y no me fío de la lavandería del Hostle. Aunque también ha influido el encontrarme una de las chaquetillas, casualmente la que yo no había lavado y que quería solo secar, casi tan sucia como cuando la entregué. Como tampoco me cobraron, no he querido ponerme pesado. Por una vez que llego a las 10:00 (aún no las han dado en el reloj) no soy el primero. Me preguntan si me he venido a mudar a la cocina (yo también pienso que trabajo demasiado pero es mi jefe el que tendría que tener un acama aquí, aunque solo fuera para, en los ratos muertos, descabezar algún sueño. De hecho ayer, me quedé un par de horas solo en la cocina y el freganchín me comentó que había visto a Jofra arriba, en la barra, amodorrado. Si es que no me extraña. El caso es que me entró una comanda y me salió todo a pedir de boca. Sobre todo porque era un plato de mi partida, que si llega a ser algo de otra tengo que tirar de móvil y llamar a mi jefe para que me mande los planos. Esto como Clinton. Está chupao.
El caso es que me pongo a pico y pala con toda la mise en place que hay pendiente porque me empieza a faltar de todo. Echo la mañana tratando de preparar los tapones para los agujeros que me puedan surgir. Es sábado. Se supone un día movido. Me lo monto muy mal. De entrada, no preparo mi sección ( en castellano, partida) para el zafarrancho de combate. Esto es, que no tengo todo lo necesario pero puramente indispensable sobre mi área de trabajo. Mal. Muy mal. Me deshago de una vieja ensaladilla Rusa, la que visteis nacer el otro día. Bueno, esa pereció casi enseguida pero yo sobre la marcha me prepare cantidad doble para poder tener de don ir tirando. A una mitad le puse mahonesa y la otra la guardé tal cual para que aguantase más tiempo. Pues me deshago de la que estaba con el aliño y saco y aderezo el resto. Dejo preparados los cacharritos con el relleno para las empanadas, preparo los espárragos que ayer nos costaron unos momentos francamente… dejo en azúcar unas frutas rojas para decorar ciertos postres, corto queso de Mahón, con ayuda de Murdoc y Jofra hago una salsa Romescu. Parece que lo tengo todo bajo control, pero las p…tas apariencias engañan. Se me pasan desapercibidas cosas fundamentales. Luego Jofra me preguntará que porqué no he cortado jamón si él me dijo que era lo primero que yo tenía que hacer al llegar el día anterior. Con mi cara de imbécil se da cuenta que no miento al decirle que no le entendí. Es el mismo y desesperante error de siempre. Voy de puntillas. A partir de ahora voy a asumir que mi sección la llevo yo y solo yo. Tomo posesión del puesto y me hago absoluto responsable de lo que por aquí se haga o deje de hacerse. Si alguien piensa que me tomo muchas atribuciones que se lo diga a mi jefe que ya hablaré yo con él.
Pero a este pelotón no nos vuelven a pillar con el pantalón por los tobillos y agachados. No señor.
Después del servicio de mediodía, sobre las 15:30 consigo dejar las tareas principales dispuestas y mi sección recogida. Me voy a la lavandería que me señaló mi jefe hace un par de días pero que con el dolor del abdomen no he podido reunir fuerzas para acercarme.
Llegar hasta la lavandería es un paseo con no poca carga acuestas. Hoy el portátil no viene conmigo y lo voy a echar de menos el rato en que la secadora se va a tomar su tiempo y podría haber ido escribiendo algunas cosas. El caso es que la zona a la que llego no está mal. Me gusta. Encuentro la lavandería y antes de entrar paso por un cajero a sacar algo de pasta, pues seguro que aquí no me sirve la tarjeta.
La mujer de la lavandería, muy amable (qué novedad) me dice que vaya metiendo la ropa en una de las máquinas que me indica y que ahora me explica como va la cosa. Dicho y hecho. Decido en el último momento poner a lavar también la ropa que estoy usando hoy pues ya me han aclarado que el proceso de lavado y secado completos no durará más de hora y media. De paso lavo el saco de dormirque ya me encontré sucio al llegar a estas tierras.
“A ver, majete. La máquina funciona echando aquí el jabón y metiendo tres rounds en monedas por esta ranurita. ¿Magia ¡Eh!?” divino “Ahora tienes veinticinco minutos para irte a tomar algo si quieres”. Sí, quiero.
Me voy a buscar un sitio que me han hincado a ver si me ponen un helado, que el café que me han mandado antes a la cocina (sin yo pedirlo, pero es que en el restaurante a veces también somos todos muy majos) me ha dejado con la espinita de tomarme esa mezcla en la que me inició Tony hace tantos años, el ice-coffe. Un café con una deliciosa bola de helado de vainilla dentro. Pues está cerrado.
Veo al fondo un KFC. Me acerco porque el sitio tiene pinta de centro comercial.
Lo es. Busco un super para hacerme con provisiones y acabo con dos bolsas a rebosar.
¿Qué pasa en los sitios estos que entras por un paquete de mantequilla y acabas cargando con los suministros de la invasión de la Unión Soviética?
Alucinando yo solo vuelvo a la lavandería justo para ver como se apaga el piloto de la lavadora. Toca meter la ropa en la secadora. La buena mujer (la señora de la lavandería no el estilo de cocinado) me aconseja que, si quiero la ropa totalmente seca, ponga la secadora durante cuarenta minutos. Le hago caso y efectivamente, echo de menos el portátil.
La ropa queda estupenda y constato con alegría que dentro estaban también las otras chaquetillas de cocina. Doblo todo bien y algo jodido aún por el tema abdominal (casi ni se nota si no hago movimientos bruscos) vuelvo al restaurante. Parte del jamón ha volado y algunas cosillas están aún pendientes. Trato de hacerme una agenda de trabajo para la tarde pero el tiempo lo planifico mal.
Tengo el añadido de que Jofra a cambiado la presentación de algún plato y me lío bastante a ala hora de marcharlo. Podría ser mucho peor pero saldríamos en lo periódicos. El caso es que me siento torpe. Jofra solo se limita a concentrarse en el trabajo y no perder tiempo con mis tonterías. Menos mal que mañana me toca descanso. Ya no siento las molestias de ayer o lo que siento realmente no tiene punto de comparación, así que la causa de mis descoordinación hay que buscarla en la empanada que tengo en la cabeza. Mal que bien sale el servicio y me voy a casa tras recibir las gracias de Jofra por los días de duro trabajo y su bendición para dos días, repito, dos días seguidos de descanso. El placer ha sido mío y no lo digo por cumplir. Me las he visto y me las he deseado, pero tengo la impresión de haber sido muy afortunado al encontrar este sitio. Jofra me ha comentado también que necesitamos aún a una persona más en la cocina. Tiene sentido. De ese modo no hace falta dejarse “la piel en el pellejo” como diría Cándida Villar, y todos pueden librar y no volvernos locos de cansancio.
Recojo mi compra y vuelo al Hostle, que la cocina me la cierran a las 00:00 y tengo cosas que meter en la nevera.
Trato de ver alguna peli antes de meterme en la cama y acabo cabeceando en la “Sala Griffindor” a las tantas.
Me arrastro a la piltra con la intención de no levantarme muy tarde.
Os adelanto en primicia que conseguiré no levantarme pronto pero que me despertarán, entre unas cosas u otras, sobre las 07:00 (hay que joderse).

1 comentarios:

  1. Lástima lo de lso movimientos abdominales porque son de lso mejores movimientos q se pueden hacer. Y eso, mola casi tanto como la ropa seca (porque mojada es muy incómoda).

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