Domingo
¿Os habeis enterado?. Hoy es domingo. Luego andais perdidos que si es que me lío con la fechas, es que el día tal no hiciste nada. Que ayer no publicaste. Que lo que publicaste era de otro día y no me entero.
¿A que lo empiezo a escribir en extranjero y no se entera ni cristo aquí?
Pues es domingo. Para muchos el último día de la semana. Para otros, el de ir a misa. Hay a quien le supone es shock de la víspera de ir al currelo. Para los que curramos a turnos corridos es otro día más de ir a dar el callo salvo que lo tuvieses libre, lo que no quita de ir a misa, que sea el último día de la semana y a este paso el de nuestras vidas porque con las explicaciones que tengo que daros me aburro una barbaridad y puedo morir del asco.
Vale.
Me habeis pillado.
Estoy escribiendo en martes. Pero me aburre igual explicar la situación cronológica.
El caso es que salgo de casa con mi platito y medio de pasta entre pecho y espalda con la intención de reservar plaza en uno de los Hostels que hay en Edimburgo. Os pito el cuadro. En Edimburgo (y en más sitios) tienen una especie de albergues o casas comunales en las que te puedes alojar por muy poquito dinero (lo de poquito, claro está, es muy relativo, pero bueno). El caso es que hasta ahora, con el tema del Festival (sobre el que volveremos a su debido tiempo en la sección cultural de este blog, sección que aprovecho a comentar, nadie visita (porque aún no está escrita, pero es un hecho que mientras nadie la visita. Mentir no miento)), el tema alojamiento ha sido un horror. He tenido que quedarme en casa de Pandoro (pagando, pero tenía donde quedarme) hasta que la cosa se ha despejado y parece que hay disponibilidad de alojamiento.
Esto funciona de la siguiente manera. Tú llegas, reservas para el día siguiente, y cuando te parezca bien llegas. Además, puedes en los días sucesivos, trabajar y de esa manera, pagar tu alojamiento, esto es, por queda dos horas de trabajo realizado para el Hostel, te dan para el día siguiente una noche gratis. No está mal si no tienes donde caerte muerto, pero claro, tiene que haber disponibilidad de espacio. Me habían recomendado un Hostel en particular (luego me lo “desrecomendará”. Pandoro es que no se aclara) y de camino, me pierdo.
Me encuentro.
Me encuentro bien y además tengo clara mi posición geográfica. Qué bien.
Mi posición cronológica empieza a ser jodida pues en breve debería estar en el curro, que además he de hablar con mi jefa (aún).
Encuentro el Hostel. Sitio super céntrico. Una chica encantadora me atiende y me comenta todo eso que os he soltado yo antes, además de darme una pequeño paseo quiado por la planta principal. Le pago la primera noche para el día siguiente y me deja la reserva apuntada. Encantadora.
Salgo zumbando para el curro, que, aunque pille cerca, con todo el mogollón de gente que hay por la calle puedo incluso llegar tarde.
Llego bien. Hasta con tiempo de hablar con el jefe.
¡¡Hablamos!! Resulta que Ramón es español. Lleva 25 años en el negocio, aquí, en Edimburgo. Habla por los codos. Y la conversación la tenemos en extranjero, o sea, en británico. Conversación: pues que qué he venido a hacer por aquí, aprender inglés y trabajar. Que si los españoles hablan mucho en el trabajo, que mira los escoceses y los polacos (imagino que se refiere tanto a los de Polonia como a los culés, que es local está lleno) que cuanto quiero cobrar (esta respuesta me la sé), lo máximo posible hombre, Que la Biblia habla de hermanos, no de primos, que si él suele pagar esto o aquello… etc. Al final le corto y le digo que por ahora me pague un salario medio-bajo y que en un mes hablamos de nuevo previa consulta suya a mi jefe, Jofra, que es quién se tene que sentir cómodo y a gusto conmigo en su cocina. Como resulta que Ramón ha sido cocinero antes que fraile, que en este caso es cocinero antes que empresario, pues parece entender perfectamente esa máxima de que no es solo saber hacer el trabajo, si no tener buen feeling con el equipo. Como le he cortado y le indico que debería incorporarme a mi puesto, solo echamos cuarenta y cinco minutos de charla. Yo, por mi parte, he de ir a gestionar un NIN (National insurance number), que es como el número de la seguridad social aquí pero sin el “como”. Ale. Al tajo.
Hoy todavía salto con red. Está la pompi mejicana. Y con algún que otro tropiezo, pues ella tiene que estar en otra partida, el servicio sale adelante.
Por último vuelta al Forest donde me encuentro con Pandoro (es que este sitio es demasiado pequeño). Me corta completamente lo que estoy haciendo pero es que lo que me tiene que preguntar es de vital importancia. Si alguien no es capaz de ver el sarcasmo en lo que digo es su problema. Después de echar un rato con sus cuestiones de trascendencia vital, decido que es muy tarde y estoy muy cansado. Me piro a dormir, por última vez, en la casa de Pandoro. Como he dejado una lavadora puesta con la ropa que me ha pasado la compi que marchó ayer, la tiendo antes de pegarme una buena cena y acostarme. Ya se ocupará el clima de joderme la expectativa de mudarme con la ropa limpia y seca.
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El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo

Estoy intentando ponerme al día. Mucho animo. ¿Para cuando la primera novela?. Me está gustando mucho lo que escribes y sobre todo como lo escribes. Un beso.
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