jueves, 24 de septiembre de 2009

Día trigésimo. Jueves 17.

Ayer me pasé por el curro a enterarme de a qué hora tenía que trabajar hoy jueves. Jofra no se había dado cuenta de que no había puesto nada de nada. Cuando le pregunté, al principio, puso cara rara, como si le estuviese tomando el pelo o yo fuese medio imbécil. Siendo honestos tampoco podemos descartar la segunda opción pero, personalmente, he descartado ambas. Si no estás de acuerdo puedes guardarte el comentario porque te aseguro que, en este blog, a nadie le interesa…
El caso es que me encontré a otro fulano vestido de cocinero y que me presentaron como Cameron. Como Jofra me ha comentado varias veces que quiere contratar a más gente he pensado que este sería el personaje.
Ni rastro.
Ahora para quién lo lea no tiene sentido pero yo estoy escribiendo con unos días de retraso, ya me he disculpado por ello así que si no te gusta, ponte tú a trabajar diez u once horas al día y luego lleva un blog. No te quedan fuerzas ni para pajas mentales y eso es tener muy pocas fuerzas. El caso es que no he tenido noticias del fulano desde entonces. Pero uno de los personajes de sala. Un camarero-maitre, que siempre me ha parecido un poco zalamero pero que parece conocer el oficio ha aparecido por la cocina a medio servicio con la equitación de combate para añadirse al grupo los fines de semana. Al principio me ha dado mala espina. Y eso que le he visto ser muy eficaz y eficiente en el servicio y la coordinación entre cocina y sala. Pero no tardo en darme cuenta del hallazgo. Después del servicio me entero de la verdad. Aquí el primo ha sido cocinero veinte años. Incluso antes estaba en esta cocina, ahora estudia para ser profesor de cocina. Como habla un español muy correcto me da algún que otro consejo y comentamos algunos aspectos del servicio como que muchas veces no me entero de lo que me dice Jofra. Mano de santo. Ya leeréis en la crónica de mañana como me empieza a ir todo sensiblemente mejor gracias a que Luis (le voy a llamar así) va a comentarle a Jofra que muchas veces no hago exactamente lo que me dicen, no por vacile, sino por pura incomunicación. La noche y el día. Os lo aseguro.
No es que me luzca mucho el pelo, pero entre que hay menos ajetreo y que parece que nos entendemos cada vez mejor la presión baja considerablemente.
Lo que si que empleo es demasiado tiempo socializando con desconocido en el Hostel antes de acostarme en lugar de actualizar crónicas o descansar.

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