Continúa la “azaña” de no dormir en toda la noche.
Básicamente, lo que pasa es que me voy quedando dormido ahí donde me siento hasta que decido que, ya que son las siete y pico, prácticamente las ocho, ha llegado la hora de echarse una siesta.
Duermo unas tres horas.
Intento ser la mejor persona que puedo con el descanso que he acumulado. Además, esta noche tengo una cena con unas chicas preciosas y me gustaría, si no ser la mejor persona, ser, al menos, persona como para aunque sea mala, que no se diga que los spanish no están a las duras y las maduras.
Me levanto e intento hacer algo con mi vida y como se me hace tarde, me doy una vuelta a la búsqueda de un banco que me quiera como cliente. Después tomo la decisión de ir a un dentro comercial que me ha recomendado Jofra para encontrar material deportivo.
Me encuentro con otro compañero del restaurante, uno que juega al rugby y me recomienda unas zapatillas que, además de estar muy bien y ser relativamente discretas, están muy baratas. Si alguien quiere le cuento la historia para aclararnos con las tallas británicas. Dejo como primicia que me compro unas zapatillas que, en principio están muy bien, pero que ahora he descubierto que me aprietan. Y eso que se supone que son para gente que lo tenga grande.
Grande el pié.
Vuelvo al Hostel muy contento con mis zapatillas nuevas y dispuesto a probármelas y empezara darles caña. Bajo a mi habitación (mía y de otros once). Digo bajo porque está en las mazmorras del Castel. Que se le va a hacer, siempre hubo clases. Y me siento en la cama. Es lo último que recuerdo en tres horas.
Esa es la sienta que el cuerpo me estaba pidiendo.
Cuando resucito tengo el tiempo un poco justo. Subo para la sala Griffindor a echar un vistazo a algunos anuncios de habitación o piso y me encuentro con mi compañero Hispalense. Le propongo venirse a la cena pero que tiene que apresurarse.
Se apunta. No sabe el volumen de chicas por metro cuadrado pero se viene a dar la cara como bravo ibérico.
De camino me hago con unas pizzas congeladas y algo de postre. Estas estratégicas medidas nos hacen quedar como encantadores huéspedes a los ojos de nuestras anfitrionas y sus amigas. Esto es el paraíso. Todo mujeres. Menos mal que no me he venido yo solo.
La velada es deliciosa. En inglés sin salsa verde, pero deliciosa.
A eso de las doce y mucho yo digo que me marcho y como si hubiese tocado retreta, todos (es decir, todas e Hispalense) se ponen de pié y nos vamos.
No sabía que pudiese tener esa capacidad de movilizar a gente. Tendré que pensar en mi futuro en política.
Acostarme me acuesto tarde y he de levantarme con las gallinas para estar en el tajo a las diez, pero ha valido la pena.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada