viernes, 25 de septiembre de 2009

Día trigésimo tercero. Domingo 20.

En el Hostel van a hacer otra parrillada como la de hace dos semanas.
Por supuesto me la voy a perder. Toca currar.
Desde las doce estoy en danza en la cocina. Pasada la tormenta de ayer hoy parece que todo es más relajado y tranquilo pero aún así, tenemos picos de trabajo.
Lo que sí sucede, y me pilla totalmente de improviso es que las ocho y pico, McEllen me dice que a las nueve y media cierran el restaurante y que lo quiere todo recogido para menos cuarto, esto es las ocho y cuarenta y cinco. Flipo. Me pilla a medio hacer unas tortillas de patata (sí, de esas con guisantes) y queriendo haber dejado hechos unos fondants de chocolate. Pues nada pariente. Si se ha de recoger se recoge. Aquí a mandar.
Que inocente que es McEllen a veces. Bueno, inocente si de verdad creía que nos íbamos a ir a esa hora.
Para esta clase de cosas hay que estar muy bien compenetrado con la sala o el plan se estrella de plano contra la dura realidad (“ningún plan sobrevive a la toma de contacto”). Lo que sucede es que, cuando él tiene su sección ya recogida y yo a mitad, ¡¡Tachán!! Entra un grupo de personas.
Si es que estas cosas no fallan.
No empitonan a medio gas.
A él le toca lo peor, claro. Su sección tiene mucha más tralla que la mía. Yo con una para de pases me salgo airoso de la línea de fuego (hasta que me pidan los postres claro) pero McEllen se tiene que batir el cobre un rato.
Lo cierto es que al final no nos vamos demasiado tarde pero McEllen estaba trasteando con su teléfono móvil y creo que había hecho planes. Mala suerte compañero. Te la han jugado.
Nos vamos a las diez menos cuarto, que no está mal para ser domingo y me va a dar tiempo, además, a terminar los Croque Messieur que dejé reposando el otro día.

Lo dicho, en el Hostel y ante cierta expectación (no tanta como al artista que llevo dentro le gustaría) paso por huevo y pan rayado lo que dejé preparado el otro día y montamos una degustación entre tres o cuatro.
Les encanta, pero como están borrachos uno no se puede fiar de ese criterio.
Que le vamos a hacer. Mañana no curro hasta las dos de la tarde pero aún así, trato de acostarme lo más pronto posible. No me molesto en contaros que fracaso estrepitosamente en mi intento.

1 comentario:

  1. "..pero aún así, trato de acostarme lo más pronto posible."
    David, eso no funciona ni en Leganitos, ni en Edimburgo ni en Laponia.
    Por cierto, que mañana vamos al Vellón, así que trataré de acostarme lo más pronto posible..

    ResponderEliminar

El castillo del centro de Edimburgo

El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo