lunes 28 de septiembre de 2009

Día trigesimosexto. Miércoles 23.

Amanezco como puedo.
Las calaveradas es lo que tienen.
Pero podría ser peor. Me manejo más o menos sin tropiezos en la cocina, pero empezar pronto es lo que tiene. Tienes tiempo de ir preparando la partida.
Para que os voy a contar que me pilla el toro, pero cada vez se nota menos.
En la pausa de las tres, porque cuando empiezo a las diez tengo un descanso entre las tres y las seis de la tarde, para no volverme loco o jilipollas, aprovecho para buscar un locutorio de una vez por todas y llamar a España.
Lo encuentro y aprovecho para dar señales de vida a la familia.
Me dejo unas nueve libras en cuarenta minutos de charla. No está nada mal. Yo iba pensando que me iba a tener que dejar algo empeñado.
Después me hago el super que tengo pendiente desde hace casi una semana, pero me limito a comprar chorradas de chocolate (estoy enfermo, aceptémoslo). Vuelvo al Hostel a dejar la mercancía con el tiempo justo para salir casi pitando para el trabajo otra vez pero me encuentro una reunión de españoles comiendo a las cinco de la tarde (los guiris creerán que cenamos pronto los muy inocentes). El dato es que me encuentro delante e un plato de paella muy rico y una charla divertida a mi alrededor.
Como aprisa y, con dolor del corazón, mientras el resto de la concurrencia se dispone a disfrutar de una sobremesa poderosa, he de salir zumbando para el trabajo.
La tarde no es demasiado movida. Pero tiene su aquel para ser miércoles.
Jofr ame informa que McEllen nos deja el viernes. Algo me había llegado a mí al respecto por otras vías pero no le he dado crédito hasta que no ha sido oficial. Uno menos y dos más que tendrá que buscar el jefe para tener la cocina bien alicatada.
En el Hostel me lían para echar unas partidas a un juego de cartas. Después de perder un par de veces les digo que paso de seguir jugando, que prefiero escribir. De echo no se para qué me he sentado a jugar con ellos si lo que quería desde el principio era escribir pero en fin, sociable que es uno.
Me vuelven a dar las tantas y me retiro a descansar abusando del crédito de energia que me está concediendo el body, pero mañana libro así que no creo que le esté dando tanta caña.
Por cierto, que no he contado que el otro día me dieron plantón en la visito a un piso. Esto es que llegué hasta el lugar y no me abrieron la puerta ni me cogieron el teléfono. Ojala se les meta el de “De repente: Un extraño”. Que se j…n.

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