Parece que va a estar complicado lo de hablar con el jefe.
Siempre lo encuentro ocupado, pese a que hayamos quedado. La verdad es que me preocupa lo justo. Mientras esté a lo mío y me pueda ir haciendo con el trabajo y el servicio, encantado.
Os vuelvo a comentar la rutina de: me he levantado, salido corriendo bla, bla, bla.
El caso es que he ido a ver una habitación. La casa estaba muy bien, no muy grande pero bastante espaciosa. Puntos en contra, hay un monumento al lado donde se guardan las cuatro voces que pegó Cristo cuando apareció por aquí y se dio la vuelta, pues más lejos no le apetecía ir. Vamos, que me pilla mal. Otro hándicap, bastante importante, es que la habitación no tiene ventanas. Mal, muy mal. Por eso, solo, me temo que no me voy a quedar ahí. Me doy otro paseo de vuelta para casa a destender la ropa que tendí anoche a las tantas, cuando llegué a casa. A la media hora caen cuatro gotas. Solo cuatro, pero te pueden chafar el invento de dejar la ropa, ya seca, doblada en tu cuarto.
Toca seguir buscando.
Me meto un plato de pasta y medio para el cuerpo y a currar.
Es el último día de una de mis compañeras. Hay un montón de cosas por hacer y el jefe, que quería hablar conmigo cuando él tuviese un momento libre, aunque lo tenga no va a poder ser (de hecho creo que ni se va a acordar). Os puede pillar el toro y vaya si nos pilla. En mi partida falta de todo, Es en teoría el último día fuerte del Festival (recordadme que escriba algo sobre el Festival para que nos enteremos todos, yo incluido, de qué va la cosa) y la cosa se pone caliente. Podría ser peor como de hecho m entero más tarde, pero a mí me falta de todo. No hay ensaladilla rusa, se me acaba el relleno para las empanadas, me quedo sin manchego, se acaba la ensalada… Vamos, que la mierda salpica pero bien. Como mi compi tiene un cuajo que, espero, sea contagioso, es lo toma todo bastante bien, pese a las dos voces que suelta Jofra. Jofra, con razón, no entiende que nos pueda haber pasado esto, pero nadie le dice que es culpa mía, pues yo tendría que haberme hecho con el servicio pesase a quién pesase, pero con eso del no me meto que incordio nos han empitonado hasta donde pone “Toledo” y mira que estamos bien al Norte. Nada, a mal tiempo buena cara. “The Show must go on”. “From lost to the river” o lo que cada uno prefiera. Que “tiramos palante, primo” que aquí si hay que poner otro relleno se pone. Que hay que cambiar una salsa, pues se cambia. Lo que haga falta compadre. Mañana (esto es, al día siguiente que ha sido hoy pero como vais retrasados no os enterais y os lo tengo que poner con puntitos para que los unais…) el jefe me explicará (Primicia. Mañana hablaré con el jefe) que los platos tienen que salir como está previsto que salgan, ninguna otra cosa es admisible. Lo cierto es que estoy con él. Al menos hasta cierto punto de vista. En todo caso, en lo que respecta a mi partida así debe ser. Otra cosa es lo que decida el jefe de cocina sobre la marcha, pero eso ya son palabras mayores y un terreno en el que yo no me meto (me queda mucha mili para poder meterme). Lo cierto es que el servicio acaba saliendo. En breve me tocará volar yo solo, pero ya me he enterado que el volumen de trabajo cae a la mitad. En todo caso pretendo hacerme con todos los platos de la carta. Moverme con soltura en cualquiera de las partidas. A pesar de que termina el Festival, creo que no me va a faltar ocasión de ver las distintas secciones, como las llaman aquí. Ahora McEllen está de vacaciones. Cuando se marche la compi mejicana, que se va el lunes (hoy estamos a sábado), nos quedamos cuatro en plantilla para la cocina. No, trabajo no me va a faltar.
Poco a poco me voy soltando con los platos de mi partida y con los postres. Usamos Sal Maldón para todo. Para los no iniciados les comento que la Sal Maldón es una variedad de sal bastante cara. Son escamas en lugar de granos y su objeto es el de sera añadidos al plato justo antes de servirlo a la mesa para que se deshagan poco a poco. Incluso si no se han rehecho, el morder o saborear una de estas escamas no es desagradable sino, por lo general, una sorpresa que realza el sabor de la comida.
Bueno, pues cuando digo que a todo, es a todo. Ya he visto echar de la susodicha sal hasta en un helado que hacía de guarnición a un coulis de chocolate. Tiene que estar bueno que te cagas pero parece casi exagerado (digo casi a ver si mi jefe va a leer el blog y me tengo que ir a buscar trabajo a indonesia…).
Lo dicho. Servicio duro pero misión cumplida. Jofra me comenta que es terrible lo que habla la compi que se marcha ahora “she doesn´t keep any thing to her self” lo que en castellano es algo así como “no se guarda nada para ella”. Que no para de hablar vamos. Rápidamente le ponga al corriente en mi mejor inglés que yo soy también así, solo callo cuando como. Su cara resulta un poema. Le caigo bien.
Cuando por fin terminamos de recoger, me despido de la compi por si no la veo más y me piro a intentar encontrar alojamiento y a descansar. Me dan, como no, las tantas…
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El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo

Vamos, que con tanta sal de esa los niveles de sodio en sangre de los clientes deben de estar por las nubes...
ResponderEliminarLa Sal Maldón es una exquisitez que refuerza los sabores. Queda muy bien realmente. Pero yo, cada vez que tengo que echar sal por encima de los platos, es decir siempre, no puedo evitar pensar (no os cachondeeis) que el propósito es el de que los clientes se harten a beber...
ResponderEliminarPor cierto que hay un plato de "Carpacho de Cecina" que lleva Sal Maldón ahumada. Sabor todavía más intenso. Yo no dejo de flipar :-)