jueves, 10 de septiembre de 2009

Día Vigésimoprimero. Martes 8.

Qué poco duermo.
Cuanto ruido hay alrededor.
Salta la alarma de incendios (podría haber saltado cualquier otro día esta semana pero salta hoy ¿casualidad? No lo creo)
Salto de la cama.
Como la cama a la que me han trasladado tiene otra encima añado a mi mareo y desorientación el dolor de cabeza producido por el impacto de la suso dicha contra la cama de arriba.
Ay
Ay
Ay
Viene un majadero a decirnos que tenemos que dejar la habitación, llevarnos todas nuestras cosas para, en algún momento, cambiarnos otra vez a la otra habtación.
Éste si que ha bebido o se ha metido algo pero chungo, chungo.
Decido no discutir. Perdería el tiempo y la batalla.
Es el momento para la sutileza y la astucia.
Tranquilamente reempaqueto lo poco que pueda estar descolocado. Cojo los bártulos de aseo y me voy para la ducha.
Me ducho y me subo a buscar piso por Internet dejando las cosas en la habitación. Cuando la nueva esté lista llevaré todo directamente de un sitio a otro sin hacer el cretino más de lo absolutamente necesario.
Efectivamente, cuando por fin me acerco a preguntar si ya puedo instalarme en la habitación esa de la que no me tenían que haber movido Mi amiga del primer día lo arregla todo para que el trámite sea lo más rápido posible. Qué diferencia entre ella y el resto de parásitos (excepto Tyler). En dos minutos tengo las dos llaves y en otros diez estoy otra vez instalado en la habitación 10 en la cama Riddle.
Le sigo dando a la tecla hasta que se acerca la hora de ir a visitar un piso.
Allá que voy. El piso no está mal, mal pero no me convence. Secar la ropa promete ser una aventura y no estoy pare esa clase de experimentos. E decidido que la casa tiene que tener las condiciones necesarias para que mi ropa se seque en, como mucho 20 horas. Así que, o tiene secadora, o es muy amplia y se puede tender sin problemas de espacio, o muy barata y con una lavandería en la puerta. Habrá a quién le parezca una pijada, pero ese fulan@ no trabaja de cocinero y tiene que lavar y secar su ropa a toda pastilla.
Como el sitio me ha desencantado intento localizar otro para aprovechar la tarde al máximo. Después de comerme una especie de bocadillo prensado. Sí, sí. Habeis leído bien. Prensado. Te ponen lo que pidas en un pan abierto (echan substancia en cantidad, esos sí) y luego lo ponen en una especie de ”tostadora-prensadora” lo que sale como resultado es lo que, como ya has pagado por ello, te comes y hasta te gusta. Si no, ajo y agua. El caso es que luego acabo en el Forest que me pilla muy a mano en esa zona. Me tiro un “pot” de té entero (y más) intentando que me funcione internet pero ha decidido que no me ajunta. Así que me dan mucho por ahí y me vuelvo al Hostle. Por lo menos podré buscar algo allí.
En plena búsqueda decido hacerme algo de cena y me encuentro con El angelito español del otro día. Muy guapa con su pelo suelto de forma casual sobre la cara. Un encanto. “Hola” “hola”
Blablablablablablablablablabla.
Mientras le digo que me voy a hacer algo de cena.
Me dan las tantas entre tanta charla. Pero el Angelito es una chica realmente encantadora, así que el tiempo se me pasa volando, sin buscar piso ni escribir crónicas.
A las tantas (sorpresa) me acabo retirando a descansar algo que, aunque no muy pronto, mañana trabajo.
Cuando paso por el lavabo antes de acostarme, me aborda un compañero de Hostle Francés comentándome, primero que está borracho. Eso se ve pero conserva unos modales impecables. Luego, que han comentado él y sus amigos lo buen tipo que soy (está borracho+no me conoce) y que les gustaría seguir mi ejemplo. La verdad es que me conmueve el comentario. Quedamos para desayunar por la mañana todos juntos pero yo sospecho que, aquí mi primo, va a necesitar de todo el sueño que le dejen acumular.
En todo caso, en cuanto coincida con él en la sala Griffindor pienso intercambiar correos y número de teléfono. Alguien que borracho es así de educado merce que se le conozca mucho mejor. Además mi ego está tan subido que tardo una hora en poder acostarme pues no hay manera de recordarle lo hijo de puta que puede ser cuando me da la gana.

2 comentarios:

  1. Y no invitaste a cenar al angelito? Maaaaaaal!

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  2. Angelitoo, angelitooo, angelito de mi corazóoooon. Veo que es incómodo lo del Hostel para algunas cosas, pero para hacer amigos (borrachos o no) está bien.
    Ya nos contarás como acaba esa historia de amor con el francés.
    Besos.

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