Hoy tenía que ser un gran día.
Por fuerza, no había remedio. Se conmemora, como ya ofrecí en primicia ayer, el aniversario de mi venida al mundo.
Aleluya!!!
Amanezco relativamente pronto, pues os recuerdo que me acosté muy, muy tarde. Me doy una buena ducha y me subo a darle a la tecla en el ordenador mientras hago tiempo para que llegue mi acompañante para la comida. Le he dicho a este encantador angelito que es el cumpleaños de mi hermano y no tengo intención de arruinarme el día encontrándome con él. Ni tan siquiera hablar con él. Se le puede ocurrir hablar a él y si apuesto mi vida a que dirá algo desagradable moriré muy viejo.
Aprovecho para actualizar un poco las crónicas, que últimamente, las jornadas en las que trabajo, no me encuentro con energía para ponerlas al día. Con los minutos de retraso preceptivos en una acompañante femenina, aparece mi compañera de mesa. No tiene mal aspecto a pesar de que no le he dejado dormir demasiado, pero que esperabais, uno se rodea de lo mejor y solo de lo mejor. Y lo mejor tiene buen aspecto aunque arrastre una resaca de órdago (que no es el caso). Me informo a través de mi chica del staff del hostel preferida de un buen sitio para ir a comer y le digo que para celebrar que me han dado el National Inssurance Number. Como la moza estaba presente ayer cuando recibí la carta, y hasta me felicitó por ser ya un “trabajador del Reino Unido” pues nos indica un sitio que a ella le gusta mucho e incluso le pido que nos sugiera qué hemos de pedir. Esta es la misma chica que cuando me desaparecieron los chocolates, se dispuso rauda a hacerme entrega de una hermosa colección par ami disfrute personal. Yo, de hecho, le había comprado una caja como la que me desapareció que aún conservo pues no he tenido ocasión de entregársela. Me entero además de que se va a ir a España seis semanas a hacer el Camino de Santiago este lunes (mañana) así que tomo nota mental de entregarle los chocolates cuanto antes.
Por el camino el angelito me pregunta si de verdad no voy a llamar a mi hermano. Le digo que no, que quiero disfrutar del día en paz y sin agresiones ni brusquedades verbales de ningún tipo. De hecho no pienso mandar ni un mensaje por si al otro le da por responderlo con una llamada y se me estropea el día. Aquí viene la parte en la que le explico que también me puede llamar Pandoro a mí.
Se sorprende.
Le explico que también es mi cumpleaños y que quiero disfrutar del día en paz y buena compañía. Como ya está liada para comer conmigo entiendo que se lo toma como un elogio a su compañía, que, de hecho, es lo que es.
El sitio resulta estupendo. Los camareros, encantadores y la comida sabrosa (con un punto de salazón de más para mi gusto y quizá un poco pesada, pero muy sabrosa en general).
Mi padre me llama durante la comida para felicitarme.
Así da gusto.
Charlo con él unos breves minutos, en los que me comenta que no tiene el teléfono de Pandoro para tratar de felicitarle. Se lo intento buscar en mi móvil pero como es raro como un perro a cuadros (mi móvil, no mi padre) no consigo dar con él sin arriesgarme a cortar tan tierna llamada (sin sarcasmo. A Pandoro que le zurzan. Yo no cuelgo a mi padre después de que se está gastando una pasta en llamarme al exilio). Le comento, no obstante, que tengo compañía delante. Compañía femenina y de muy buen ver por supuesto.
Se hace cargo y consigo que deje de arruinarse con esta llamada telefónica (hago nota mental de llamarle a lo largo de la semana.
El angelito y yo no llegamos a los postres. Estamos que reventamos y ella, además, tiene que trabajar a las seis de la tarde con lo que mi rato de intensa satisfacción toca a su fin.
Me voy a la sala Griffindor a escribir crónicas y actualizar el blog. Me acabo entreteniendo con la gente alrededor y peleándome con la conexión a internet que es cada día más infame.
Echo la tarde sin darme cuenta y gran parte de la noche.
Chateo con la gente cuando la conexión lo permite y me abstengo de ir a misa de ocho.
Un día tranquilo para celebrar que llevo aquí, en este mundo, veintitrés años…bueno, quizá han bailado las cifras…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo

Felicidades David. Espero que te salga bien lo de tu nueva casa. Un beso.
ResponderEliminarHola, David, cariño, ponle cariño a lo que haces y a ti. Descansa y come bien (sano verduras, fruta, cereales integrales y pescado, nunca comida rápida). Si no es más difícil superar tu situación. Acuéstate pronto y levántate varias horas antes para estar totalmente despierto a la hora del trabajo. Llega una hora antes o media para que te puedas organizarte. Haz algo de deporte pero sin extenuación algo suave. Y cuando trabajes no pienses en nada negativo (en tales casos ponte a cantar para distraer a la mente) ten siempre pensamientos positivos piensa en que eres un gran cheff, canta si te hace falta . Vive en tiempo real el ahora es lo que importa. Y diles a tus compañeros que cuando te hablen digan tu nombre primero, que sino no sabes si hablan contigo. Concéntrate ya llegará la diversión cuando puedas con todo. Duerma 8 horas y media, tu verás como lo haces.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo y un par de besos.