Pues aquí estoy. Se me han pasado doce días sin actualizar ni escribir una palabra para el Blog. He contestado algunos correos deprisa y corriendo, como bien sabeis algunos pero esa ha sido toda mi actividad literaria estas últimas dos semanas. Lo llamo actividad literaria pues se han escrito libros enteros con las cartas de otros fulanos. EL hecho de que no publique mediante editorial no cambia el hecho de que es literatura. Prosa de la de negro sobre blanco. A no ser que os de por copiar y pegar sobre otro fondo y cambiar los colorines de las letras, que eso ya es cosa vuestra. Y habrña también quién diga que no es blanco blanco el fondo de página. Me da igual. Tú lávalo muchas veces y verás de qué color queda.
Estos doce días me ha podido la inercia.
La vida facilita que se dice y las interrupciones inesperadas e inevitables. Tampoco me he puesto totalmente en serio a darle a la tecla.
El evento del día 30 me dejó varias buenas sensaciones, por no hablar de la cantidad de correos y mensajes que he recibido por parte vuestra dándome ánimos y enviándome energía positiva. En el Hostle la vida sigue y como en la vida, unos van y otros vienen. Hispalense se marchó a un piso la semana pasada así como otros amigos que han encontrado un lugar más íntimo y tranquilo para vivir.
Ahora juego algo más al billar y en ocasiones, surge mi antiguo genio, que si bien nunca fue gran cosa, me proporcionó ciertos momentos de diversión y destreza que puede que algún día vuelvan, aunque para ello haría falta sacrificar más tiempo del que me apetece sobre el tapete.
Me he apuntado a un centro deportivo que ofrece casi todo tipo de instalaciones, incluida una piscina y un rocódromo chiquitito en los que practicar estos deportes por un precio bastante razonable, ciento dos rounds por tres meses. No está nada mal. Lo malo son los horarios de la piscina que son raros y no me coinciden siempre con los ratos libres del trabajo, pero tampoco se trata de convertirse en un pez sino en nadar de vez en cuando. Para el Rocódromo me he enterado que tengo que pagar aún una pequeña cuota, pero es asequible y lo único que aún me retiene es el hecho de que mis pies de gato están en Madrid y los que he visto aquí que merecen la pena cuestan ochenta libras del ala. Aún me lo estoy pensando pero puede que haga la machada económica y me los regale… porque sí.
También está la nueva circunstancia de que he cambiado de cama en el Hostle, con lo que he ganado en comodidad y en intimidad. Ahora estoy en una cama de abajo. No tengo que hacer acrobacias para subir y bajar de ella y puedo, de hecho he puesto, una cortinilla que me permite tener intimidad y cuando no quiero madrugar y me lo puedo permitir, que la luz no me moleste en la cama y alargar el sueño hasta las once. Después ya es imposible pues vienen a limpiar y no hay cortina aun contra el ruido del aspirador en el cuarto. El caso es que no se está mal del todo. Otro aliciente es que tengo la parte de debajo de la cama expedita para poner algunas cosas eso también redunda en comodidad.
Sigo pendiente de tener mi nómina y el puñetero empleador sigue sin dármela. Así se la pille con la cremallera y se la ampute.
La nómina, digo.
El caso es que me está cortando el rollo para hacer mis planes de instalación domiciliaria definitiva. Si no se lo que cobro y lo que puedo esperar cobrar no puedo componerme un presupuesto para mis gastos.
Por otro lado en el trabajo las cosas parecen estables. Una nueva ciñera ha empezado a trabajar en el equipo y es una persona curtida. Mi jefe, Jofra, ya me ha advertido que me aleje de ella como persona de sexo femenino. De hecho está haciendo campaña por que me aproxime a una compañera camarera que dice “te conviene”. Es lo que me falta. El jefe vendiéndome la moto.
También parece que nos empezamos a entender mejor. El otro día, comentando posibilidades para cambiar algunos platos, me dijo “empiezas a hablar como un cocinero”. No tuve más remedio que contestarla la obvia verdad, “no es que empiece a hablara ahora como un cocinero, es que ahora tienes tiempo para escuchar todo lo que digo”. Lo mejor es que pareció darme la razón.
Al final de la semana me han cambiado de sitio en la cocina y estoy más perdido que un pulpo en un garaje. Tenía ya automatizados los movimientos que tenía que hacer para cada plato y ahora tengo que acostumbrarme a otro ballet. A ver si me adapto pronto, que esta ha sido siempre mi asignatura pendiente. Al menos me han sacado la responsabilidad de los postres. Algo es algo. Supongo que ahora solo tendré que ocuparme de que tengamos suficiente stock de todo para cada servicio. Aunque la tortilla de patata va a seguir siendo nuestra estrella principal.
En resumen. En el Hostel va cambiado sutilmente el paisaje humano. Tengo algo más de confort pero sigo sin casa ni donde instalarme como es debido. En el trabajo parece que la cosa está más estable y me voy organizando mejor. El otro día, incluso, como había poco trabajo, hice las lentejas de la receta de mi amigo Tony y Jofra dijo que estaban mucho mejor de lo que se esperaba. Le tuve que contestar que posiblemente se esperaba que estuviesen quemadas pero aún así creo que realmente le gustaron. Entre el merengue, las lentejas, las torrijas y alguna cosa más puede que aporte yo algo a la cocina de este sitio y todo.
martes, 13 de octubre de 2009
jueves, 8 de octubre de 2009
Día cuadragésimo tercero. Miércoles 30.
Una fecha especial para mí.
Resucito de una noche cuando menos interesante.
Lo cierto es que con alcohol y todo me lo pasé muy bien. Pero es que estaba muy bien acompañado. Puede que por mi culpa la chica que me acompañaba esta noche piense que los madrileños no valemos para nada, pero como creo que conoce a más madrileños, me consuela pensar que no será por culpa exclusivamente misma. Y sí, ya se que mal de muchos consuelo de tontos, pero es que a algunos nos quedan pocos consuelos de los sinsabores de esta vida. Yo tenía que haber impresionado a esta chica demostrándole su capacidad multiorgásmica y en cambio me dedico a quedarme dormido después de darle conversación durante casi toda la noche. Esta no vuelve a verme si puede evitarlo y mira que lo siento porque parecía que había buenas posibilidades de entablar una bonita relación, aunque solo fuera de amistad.
El caso es que, cuando recupero suficiente sueño me esfuerzo por resucitar y pedir un servicio de colada para la ropa de trabajo. Después me ponga a preparar crepes. Al menos la masa de las crepes, y algo de pasta para que comamos Hispalense y yo.
Hispalense me pregunta que donde he estado casi toda la noche. Mejor no se lo cuento. El caso es que, aquí, mi primo, se marca unos macarrones Carbonara como no he probado en mucho tiempo. Deliciosos.
Yo me termino de centrar en mis crepes y las dejo preparadas para más tarde.
Escribo algo de crónicas. Sí. Esas que leísteis hace ya tanto tiempo y colaboro en la elaboración de unas super tortillas de patata que se está marcando una compañera del Hostel, Celia. Al participar en la elaboración caigo en la cuenta de cómo las estamos haciendo en el restaurante y de cómo pueden mejorar mucho si picamos más las patatas y la cebolla del mix. Me hago la nota mental y ya veremos qué hago con esta información.
Envío algunos mensajes de texto a mis amigos celebrando la suerte de conocerlos y de acordarme de ellos en este día y participo en un torneo de billar del que no paso la primera eliminatoria. Mi compañera no es mala en absoluto, pero yo, pese a la buena suerte que me acompaña, no estoy muy fino. Nunca fui muy bueno pero hubo un tiempo en el que era mejor que mediocre en este juego.
Disfruto de una cena en grupo con españoles y franceses.
Por no variar la rutina me acuesto tarde.
Un tranquilo día. Agradable.
Disfruto de los recuerdos recientes y otros mucho más antiguos. Disfruto de la presencia próxima de muchos amigos que, aunque no estén físicamente a mi lado, sí lo están emocionalmente y se van a encargar de hacérmelo saber en los próximos días por múltiples vías.
Como muchos leeis estas crónicas, aprovecho para agradeceros dichas muestras de cariño a vosotros y a vuestros progenitores vuestra existencia, que hace de este mundo un lugar en el que enfrentarse a los retos de la vida, se obtenga el resultado que se obtenga, sea una aventura fascinante y estimulante en extremo.
Un fuerte abrazo.
Resucito de una noche cuando menos interesante.
Lo cierto es que con alcohol y todo me lo pasé muy bien. Pero es que estaba muy bien acompañado. Puede que por mi culpa la chica que me acompañaba esta noche piense que los madrileños no valemos para nada, pero como creo que conoce a más madrileños, me consuela pensar que no será por culpa exclusivamente misma. Y sí, ya se que mal de muchos consuelo de tontos, pero es que a algunos nos quedan pocos consuelos de los sinsabores de esta vida. Yo tenía que haber impresionado a esta chica demostrándole su capacidad multiorgásmica y en cambio me dedico a quedarme dormido después de darle conversación durante casi toda la noche. Esta no vuelve a verme si puede evitarlo y mira que lo siento porque parecía que había buenas posibilidades de entablar una bonita relación, aunque solo fuera de amistad.
El caso es que, cuando recupero suficiente sueño me esfuerzo por resucitar y pedir un servicio de colada para la ropa de trabajo. Después me ponga a preparar crepes. Al menos la masa de las crepes, y algo de pasta para que comamos Hispalense y yo.
Hispalense me pregunta que donde he estado casi toda la noche. Mejor no se lo cuento. El caso es que, aquí, mi primo, se marca unos macarrones Carbonara como no he probado en mucho tiempo. Deliciosos.
Yo me termino de centrar en mis crepes y las dejo preparadas para más tarde.
Escribo algo de crónicas. Sí. Esas que leísteis hace ya tanto tiempo y colaboro en la elaboración de unas super tortillas de patata que se está marcando una compañera del Hostel, Celia. Al participar en la elaboración caigo en la cuenta de cómo las estamos haciendo en el restaurante y de cómo pueden mejorar mucho si picamos más las patatas y la cebolla del mix. Me hago la nota mental y ya veremos qué hago con esta información.
Envío algunos mensajes de texto a mis amigos celebrando la suerte de conocerlos y de acordarme de ellos en este día y participo en un torneo de billar del que no paso la primera eliminatoria. Mi compañera no es mala en absoluto, pero yo, pese a la buena suerte que me acompaña, no estoy muy fino. Nunca fui muy bueno pero hubo un tiempo en el que era mejor que mediocre en este juego.
Disfruto de una cena en grupo con españoles y franceses.
Por no variar la rutina me acuesto tarde.
Un tranquilo día. Agradable.
Disfruto de los recuerdos recientes y otros mucho más antiguos. Disfruto de la presencia próxima de muchos amigos que, aunque no estén físicamente a mi lado, sí lo están emocionalmente y se van a encargar de hacérmelo saber en los próximos días por múltiples vías.
Como muchos leeis estas crónicas, aprovecho para agradeceros dichas muestras de cariño a vosotros y a vuestros progenitores vuestra existencia, que hace de este mundo un lugar en el que enfrentarse a los retos de la vida, se obtenga el resultado que se obtenga, sea una aventura fascinante y estimulante en extremo.
Un fuerte abrazo.
Día cuadragésimo segundo. Martes 29.
A estas alturas casi ni me acuerdo de lo que pasó este día.
Currar, eso sí. Por lo que recuerdo no fue un día de stress, Siendo martes eñ jaleo no es la tónica habitual.
Lo que sí que recuerdo es el fiestón que había en el Hostel cuando volví. Hispalense se nos fue a la cama temprano pues no se encontraba bien. Yo me dejé llevar por el jolgorio y aunque no probé cierto ponche, al que alguien, dicen las habladurías había echado algo, sí me dejé llevar a tomar un par de copas de vodka, bebida que por otro lado no me entusiasma.
Al menos me cogió el amanecer repantingado junto a una encantadora chica. Cuando desperté y me encontré en semejante estado traté de no despertar a mi compañera de siesta y me retiré a tratar de recuperar algo del sueño que debía haber acumulado durante la noche.
Currar, eso sí. Por lo que recuerdo no fue un día de stress, Siendo martes eñ jaleo no es la tónica habitual.
Lo que sí que recuerdo es el fiestón que había en el Hostel cuando volví. Hispalense se nos fue a la cama temprano pues no se encontraba bien. Yo me dejé llevar por el jolgorio y aunque no probé cierto ponche, al que alguien, dicen las habladurías había echado algo, sí me dejé llevar a tomar un par de copas de vodka, bebida que por otro lado no me entusiasma.
Al menos me cogió el amanecer repantingado junto a una encantadora chica. Cuando desperté y me encontré en semejante estado traté de no despertar a mi compañera de siesta y me retiré a tratar de recuperar algo del sueño que debía haber acumulado durante la noche.
jueves, 1 de octubre de 2009
Día cuadragésimo primero. Lunes 28.
Libre.
¿Qué voy a hacer con todo este tiempo?
Me decido por visitar el centro comercial del que me habló Jofra el otro día.
Está al lado del monumento al “Cristo que perdió el mechero” pero salgo tarde con buen ánimo, dispuesto a recorrer lo que haga falta. Quizá voy un poco justo de tiempo pues he quedado en visitar un piso mucho más al Norte sobre las cuatro de la tarde. Primero voy al Este-Sur-Este.
El sitio se encuentra con relativa facilidad. Es una de estas áreas en las que abren tiendas en grandes espacios. Las tiendas no son gran cosa pero me doy un simpático paseo por ellas.
Miro lo de los patines. Mejor me traigo los míos de España porque lo que me ofrecen aquí no llega ni a la altura de lo que se encuentra en Madrid en el Decathlon, que ya es decir. Patineitor abre una filial aquí…!!!
El problema es que aquí no patinan sobre ruedas.
Miro lo de las bicis y me convenzo de que si pillo una lo hago de segunda mano.
Acabo comprando calcetines y dos juegos de ordenador muy baratos y que parecen accesibles a mi intelecto (bastante limitado para estos temas). Compro algo de comer después de ver las magníficas ofertas que no puedo pagar de M&S y voy a coger un bus que me acerque a la civilización.
El paisaje que he visto hasta ahora es realmente bonito. Gracias a la intercesión de civilizados ciudadanos escoceses que se percatan de que estoy esperando el autobús en el sentido contrario al que me dirijo. No se como se han llegado a dar cuenta pero el hecho es que me salvan de un bien aprieto, a parte de privarme de hacer un turismo salvaje totalmente inesperado.
Cojo el autobús que me corresponde y ya puestos me saco un billete para todo el día. Si lo llego hacer en el viaje de ida me ahorro un pound y veinte penis. Una libra y pico, vamos.
Lo cierto es que el vehículo de uso público me hace un apaño excepcional. M elleva hasta North Bridge, que es un poco el ecuador de la ciudad. Ahí cojo, con el tiempo ya muy justo, otro bus hacia el Norte. A pesar de ir con el tiempo justo para llegar tarde y de hecho, llegar tarde, apenas lo hago cinco minutos. Este transporte parece funcionar a las mil maravillas. Me va a gustar lo de subirme a los autobuses.
Veo un piso que, aunque está manga por hombro, pues sus actuales ocupantes se marchan, está muy bien. Dos dormitorios, una cocina, un cuarto de ducha, un retrete con lavabo y un saloncito, a parte de un pasillo en el que hay montado un sistema para colgar la ropa del techo y se seque.
La pareja que me enseña el piso resulta ser encantadora. Tanto que, haciendo gala de una hospitalidad deliciosa me sientan en el salón, me sirven un té y pasamos una hora hablando de historia, política y comportamientos sociales como si nada.
Qué pena que no pueda compartir con ellos el piso.
Tenemos, en todo caso los teléfonos de cada uno y acordamos que nos llamaremos y volveremos a vernos. Ojalá. Y si por fin descubro cuanto voy a cobrar y me puedo quedar con el piso, los puedo invitar a comer en mi casa. Ya había descubierto que los polacos pueden ser gente encantadora pero lo de hoy me ha dejado anonadado. Como me da problemas una clavija del ordenador. La del adaptador de corriente para ser exactos me dirijo a probar suerte a un centro comercial algo retirado donde me han dicho que puede que me puedan ayudar.
El asunto tiene solución pagando cuarenta libras. El de la tienda me sugiere que, mientras me aguante el aparato, lo use tal cual, y solo compre el nuevo cacharro si este deja de funcionar. Buen consejo.
En el Hostel, fiesta. Están despidiendo a no se quién y la tienen bien montada (la fiesta. no a la nosequién). Me las arreglo para acostarme solo a las dos de la mañana, que teniendo que trabajar al día siguiente, ya es decir.
¿Qué voy a hacer con todo este tiempo?
Me decido por visitar el centro comercial del que me habló Jofra el otro día.
Está al lado del monumento al “Cristo que perdió el mechero” pero salgo tarde con buen ánimo, dispuesto a recorrer lo que haga falta. Quizá voy un poco justo de tiempo pues he quedado en visitar un piso mucho más al Norte sobre las cuatro de la tarde. Primero voy al Este-Sur-Este.
El sitio se encuentra con relativa facilidad. Es una de estas áreas en las que abren tiendas en grandes espacios. Las tiendas no son gran cosa pero me doy un simpático paseo por ellas.
Miro lo de los patines. Mejor me traigo los míos de España porque lo que me ofrecen aquí no llega ni a la altura de lo que se encuentra en Madrid en el Decathlon, que ya es decir. Patineitor abre una filial aquí…!!!
El problema es que aquí no patinan sobre ruedas.
Miro lo de las bicis y me convenzo de que si pillo una lo hago de segunda mano.
Acabo comprando calcetines y dos juegos de ordenador muy baratos y que parecen accesibles a mi intelecto (bastante limitado para estos temas). Compro algo de comer después de ver las magníficas ofertas que no puedo pagar de M&S y voy a coger un bus que me acerque a la civilización.
El paisaje que he visto hasta ahora es realmente bonito. Gracias a la intercesión de civilizados ciudadanos escoceses que se percatan de que estoy esperando el autobús en el sentido contrario al que me dirijo. No se como se han llegado a dar cuenta pero el hecho es que me salvan de un bien aprieto, a parte de privarme de hacer un turismo salvaje totalmente inesperado.
Cojo el autobús que me corresponde y ya puestos me saco un billete para todo el día. Si lo llego hacer en el viaje de ida me ahorro un pound y veinte penis. Una libra y pico, vamos.
Lo cierto es que el vehículo de uso público me hace un apaño excepcional. M elleva hasta North Bridge, que es un poco el ecuador de la ciudad. Ahí cojo, con el tiempo ya muy justo, otro bus hacia el Norte. A pesar de ir con el tiempo justo para llegar tarde y de hecho, llegar tarde, apenas lo hago cinco minutos. Este transporte parece funcionar a las mil maravillas. Me va a gustar lo de subirme a los autobuses.
Veo un piso que, aunque está manga por hombro, pues sus actuales ocupantes se marchan, está muy bien. Dos dormitorios, una cocina, un cuarto de ducha, un retrete con lavabo y un saloncito, a parte de un pasillo en el que hay montado un sistema para colgar la ropa del techo y se seque.
La pareja que me enseña el piso resulta ser encantadora. Tanto que, haciendo gala de una hospitalidad deliciosa me sientan en el salón, me sirven un té y pasamos una hora hablando de historia, política y comportamientos sociales como si nada.
Qué pena que no pueda compartir con ellos el piso.
Tenemos, en todo caso los teléfonos de cada uno y acordamos que nos llamaremos y volveremos a vernos. Ojalá. Y si por fin descubro cuanto voy a cobrar y me puedo quedar con el piso, los puedo invitar a comer en mi casa. Ya había descubierto que los polacos pueden ser gente encantadora pero lo de hoy me ha dejado anonadado. Como me da problemas una clavija del ordenador. La del adaptador de corriente para ser exactos me dirijo a probar suerte a un centro comercial algo retirado donde me han dicho que puede que me puedan ayudar.
El asunto tiene solución pagando cuarenta libras. El de la tienda me sugiere que, mientras me aguante el aparato, lo use tal cual, y solo compre el nuevo cacharro si este deja de funcionar. Buen consejo.
En el Hostel, fiesta. Están despidiendo a no se quién y la tienen bien montada (la fiesta. no a la nosequién). Me las arreglo para acostarme solo a las dos de la mañana, que teniendo que trabajar al día siguiente, ya es decir.
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