jueves, 8 de octubre de 2009

Día cuadragésimo tercero. Miércoles 30.

Una fecha especial para mí.
Resucito de una noche cuando menos interesante.
Lo cierto es que con alcohol y todo me lo pasé muy bien. Pero es que estaba muy bien acompañado. Puede que por mi culpa la chica que me acompañaba esta noche piense que los madrileños no valemos para nada, pero como creo que conoce a más madrileños, me consuela pensar que no será por culpa exclusivamente misma. Y sí, ya se que mal de muchos consuelo de tontos, pero es que a algunos nos quedan pocos consuelos de los sinsabores de esta vida. Yo tenía que haber impresionado a esta chica demostrándole su capacidad multiorgásmica y en cambio me dedico a quedarme dormido después de darle conversación durante casi toda la noche. Esta no vuelve a verme si puede evitarlo y mira que lo siento porque parecía que había buenas posibilidades de entablar una bonita relación, aunque solo fuera de amistad.
El caso es que, cuando recupero suficiente sueño me esfuerzo por resucitar y pedir un servicio de colada para la ropa de trabajo. Después me ponga a preparar crepes. Al menos la masa de las crepes, y algo de pasta para que comamos Hispalense y yo.
Hispalense me pregunta que donde he estado casi toda la noche. Mejor no se lo cuento. El caso es que, aquí, mi primo, se marca unos macarrones Carbonara como no he probado en mucho tiempo. Deliciosos.
Yo me termino de centrar en mis crepes y las dejo preparadas para más tarde.
Escribo algo de crónicas. Sí. Esas que leísteis hace ya tanto tiempo y colaboro en la elaboración de unas super tortillas de patata que se está marcando una compañera del Hostel, Celia. Al participar en la elaboración caigo en la cuenta de cómo las estamos haciendo en el restaurante y de cómo pueden mejorar mucho si picamos más las patatas y la cebolla del mix. Me hago la nota mental y ya veremos qué hago con esta información.
Envío algunos mensajes de texto a mis amigos celebrando la suerte de conocerlos y de acordarme de ellos en este día y participo en un torneo de billar del que no paso la primera eliminatoria. Mi compañera no es mala en absoluto, pero yo, pese a la buena suerte que me acompaña, no estoy muy fino. Nunca fui muy bueno pero hubo un tiempo en el que era mejor que mediocre en este juego.
Disfruto de una cena en grupo con españoles y franceses.
Por no variar la rutina me acuesto tarde.
Un tranquilo día. Agradable.
Disfruto de los recuerdos recientes y otros mucho más antiguos. Disfruto de la presencia próxima de muchos amigos que, aunque no estén físicamente a mi lado, sí lo están emocionalmente y se van a encargar de hacérmelo saber en los próximos días por múltiples vías.
Como muchos leeis estas crónicas, aprovecho para agradeceros dichas muestras de cariño a vosotros y a vuestros progenitores vuestra existencia, que hace de este mundo un lugar en el que enfrentarse a los retos de la vida, se obtenga el resultado que se obtenga, sea una aventura fascinante y estimulante en extremo.
Un fuerte abrazo.

1 comentario:

  1. Vaya, pues resultó que la aventura con la chica y la crónica del día anterior tenían grandes similitudes.
    Un abrazo y suerte para la próxima.

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