martes, 13 de octubre de 2009

Resumen de los últimos doce días. Hoy 12 de Octubre.

Pues aquí estoy. Se me han pasado doce días sin actualizar ni escribir una palabra para el Blog. He contestado algunos correos deprisa y corriendo, como bien sabeis algunos pero esa ha sido toda mi actividad literaria estas últimas dos semanas. Lo llamo actividad literaria pues se han escrito libros enteros con las cartas de otros fulanos. EL hecho de que no publique mediante editorial no cambia el hecho de que es literatura. Prosa de la de negro sobre blanco. A no ser que os de por copiar y pegar sobre otro fondo y cambiar los colorines de las letras, que eso ya es cosa vuestra. Y habrña también quién diga que no es blanco blanco el fondo de página. Me da igual. Tú lávalo muchas veces y verás de qué color queda.
Estos doce días me ha podido la inercia.
La vida facilita que se dice y las interrupciones inesperadas e inevitables. Tampoco me he puesto totalmente en serio a darle a la tecla.
El evento del día 30 me dejó varias buenas sensaciones, por no hablar de la cantidad de correos y mensajes que he recibido por parte vuestra dándome ánimos y enviándome energía positiva. En el Hostle la vida sigue y como en la vida, unos van y otros vienen. Hispalense se marchó a un piso la semana pasada así como otros amigos que han encontrado un lugar más íntimo y tranquilo para vivir.
Ahora juego algo más al billar y en ocasiones, surge mi antiguo genio, que si bien nunca fue gran cosa, me proporcionó ciertos momentos de diversión y destreza que puede que algún día vuelvan, aunque para ello haría falta sacrificar más tiempo del que me apetece sobre el tapete.
Me he apuntado a un centro deportivo que ofrece casi todo tipo de instalaciones, incluida una piscina y un rocódromo chiquitito en los que practicar estos deportes por un precio bastante razonable, ciento dos rounds por tres meses. No está nada mal. Lo malo son los horarios de la piscina que son raros y no me coinciden siempre con los ratos libres del trabajo, pero tampoco se trata de convertirse en un pez sino en nadar de vez en cuando. Para el Rocódromo me he enterado que tengo que pagar aún una pequeña cuota, pero es asequible y lo único que aún me retiene es el hecho de que mis pies de gato están en Madrid y los que he visto aquí que merecen la pena cuestan ochenta libras del ala. Aún me lo estoy pensando pero puede que haga la machada económica y me los regale… porque sí.
También está la nueva circunstancia de que he cambiado de cama en el Hostle, con lo que he ganado en comodidad y en intimidad. Ahora estoy en una cama de abajo. No tengo que hacer acrobacias para subir y bajar de ella y puedo, de hecho he puesto, una cortinilla que me permite tener intimidad y cuando no quiero madrugar y me lo puedo permitir, que la luz no me moleste en la cama y alargar el sueño hasta las once. Después ya es imposible pues vienen a limpiar y no hay cortina aun contra el ruido del aspirador en el cuarto. El caso es que no se está mal del todo. Otro aliciente es que tengo la parte de debajo de la cama expedita para poner algunas cosas eso también redunda en comodidad.
Sigo pendiente de tener mi nómina y el puñetero empleador sigue sin dármela. Así se la pille con la cremallera y se la ampute.
La nómina, digo.
El caso es que me está cortando el rollo para hacer mis planes de instalación domiciliaria definitiva. Si no se lo que cobro y lo que puedo esperar cobrar no puedo componerme un presupuesto para mis gastos.
Por otro lado en el trabajo las cosas parecen estables. Una nueva ciñera ha empezado a trabajar en el equipo y es una persona curtida. Mi jefe, Jofra, ya me ha advertido que me aleje de ella como persona de sexo femenino. De hecho está haciendo campaña por que me aproxime a una compañera camarera que dice “te conviene”. Es lo que me falta. El jefe vendiéndome la moto.
También parece que nos empezamos a entender mejor. El otro día, comentando posibilidades para cambiar algunos platos, me dijo “empiezas a hablar como un cocinero”. No tuve más remedio que contestarla la obvia verdad, “no es que empiece a hablara ahora como un cocinero, es que ahora tienes tiempo para escuchar todo lo que digo”. Lo mejor es que pareció darme la razón.
Al final de la semana me han cambiado de sitio en la cocina y estoy más perdido que un pulpo en un garaje. Tenía ya automatizados los movimientos que tenía que hacer para cada plato y ahora tengo que acostumbrarme a otro ballet. A ver si me adapto pronto, que esta ha sido siempre mi asignatura pendiente. Al menos me han sacado la responsabilidad de los postres. Algo es algo. Supongo que ahora solo tendré que ocuparme de que tengamos suficiente stock de todo para cada servicio. Aunque la tortilla de patata va a seguir siendo nuestra estrella principal.

En resumen. En el Hostel va cambiado sutilmente el paisaje humano. Tengo algo más de confort pero sigo sin casa ni donde instalarme como es debido. En el trabajo parece que la cosa está más estable y me voy organizando mejor. El otro día, incluso, como había poco trabajo, hice las lentejas de la receta de mi amigo Tony y Jofra dijo que estaban mucho mejor de lo que se esperaba. Le tuve que contestar que posiblemente se esperaba que estuviesen quemadas pero aún así creo que realmente le gustaron. Entre el merengue, las lentejas, las torrijas y alguna cosa más puede que aporte yo algo a la cocina de este sitio y todo.

4 comentarios:

  1. Troncus, Edimburgo bien vale una tortilla. Conviértanse los huevos en merengue y las lentejas en un plato comestible, y me sé de alguno al que harás callar su gruñona (y Geriátrica furgolera) boca, llena de cachondeo culinario. Eso sí, cuando eras un principiante, y ni siquiera estabas yendo al mega-master ese de cocina (que no del Universo).

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  2. Para cuando nuevas noticias? Ya tienes algo a que llames casa versión Edimburgo?

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  3. ¿Estas publicando en otro blog y no nos informas?. Estamos esperando una publicación como agua de mayo. Un beso.

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  4. Yo también estoy esperando noticias... ejem.

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El castillo del centro de Edimburgo

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Un soleado día en Edimburgo