Otro día para firmar en la cocina.
Todo ha ido como una seda y por si no lo he comentado, el viernes me marqué una supertarta de Santiago, el sábado una masa de Fondants de chocolate y hoy una super carrotcake (pastel de zanahoria). La verdad es que el pastel se me ha pasado un poco y está algo seco, pero tiene buena pinta. La dichosa receta decía que (dejar cocer en el horno hasta que esté bien hecho. Parece que lo de “bien” no se refería a mucho sino a correctamente. Cuantas lagunas me quedan por cubrir…
Pero también he preparado, es decir, horneado la masa de las empanadas. Como las pintamos con yema de huevo, las claras se desperdician y hoy he dicho no. Puede que me acaben tirando las diez claras de ayer pero estas tres las uso aunque sea para experimentar.
Cojo azúcar.
Cojo sal.
Cojo un recipiente para batir.
Cojo unas varillas.
Me pongo a batir…
En quince minutos he montado las claras y saben a gloria, pero como no les he añadido vinagre no me van a aguantar mucho.
Se lo acerco a probar a mis compañeros, los experimentados Chefs y mira por donde que aparece Jofra (¿este no estaba en Londres?)
“¿Qué es eso?” me pregunta.
“Clara de huevo, azúcar, sal, todo batido” le digo.
“Merengue italiano” dice.
“Sí” digo.
“¿En eso pierdes el tiempo?” me dice muy serio.
Vaya. Mira tú que alegría.
“No, Jofra. Me daba rabia tirar las tres claras y me he puesto a experimentar. Quizá podamos decorar algún plato con todas las claras que usamos aquí.”
“¿Lo has usado antes?” Me pregunta.
A veces pienso que me toma por un cretino que se ha hecho pasar por cocinero para colarse en su cocina. Pero creo que nunca ha sido este el caso. Sabe que sé, pero que me falta aprender muchísimo más y ponerlo en práctica. Es que Jofra, a veces, es así. Toca los webs pero debe ser propio del cargo de jefe de cocina.
“Sí. He decorado tartas. He hecho Tiramisú. Merengue…”
“Pero a eso no le has puesto vinagre…”
Ay!!
Me ha pillado.
“No, solo esperaba ver que tal me salía antes de tirar las claras”
“¿Cuanto tiempo has perdido en eso?”
¿No digo que es un encanto?”
“Lo he subido en unos quince minutos…”
:o (cara de asombro de Jofra incluso con la boca abierta… (¡¡toma ya!!))
“Fifteen minutes? Normally it should take at least forty five minutes…” (Traducción: Quince minutos? Eso debería haberte llevado cuarenta y cinco)
“Ya, Jofra. Es que cuando quiero, soy la hostia…”
En realidad eso no lo digo. Me limito a señalar que eran solo tres claras y esa cantidad no cuesta tanto subirla. Además le recuerdo que ya le había comentado que el batir con las varillas se me daba bien en el curso.
El caso es que parece interesarle la posibilidad de utilizar esos “restos” que parecen no tener utilidad para otras cosas. Investigaré sobre los merengues y lo que se puede hacer con ellos.
Me cambian las libranzas de la semana que entra y me dejan libre el lunes y el miércoles.
Otro domingo sin ir a misa.
Que no voy porque no me da la gana. Soy ateo. O por lo menos agnóstico. Pero no empiezo a trabajar hasta las doce. Este debe pensarse que me paso las noches soplando…
En el Hostel vuelvo a echar unos billares, que aquí lo llaman Pool. Pues muy bien.
¿A qué hora me acuesto?
Sin duda es el té lo que me mantiene con vida y en movimiento.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
Día trigésimo noveno. Sábado 26.
Un día de trabajo realmente fabuloso.
Todo podía haber ido mal y ha ido como una seda.
Louis y Murdoc se han encargado de hacer de este día de trabajo una experiencia realmente increíble.
Nos han faltado un montón de cosas pero nos hemos adaptado e improvisado. A veces parece que es cuando tienes todo en contra cuando decide salir bien. Jofra estaba en Londres así que no ha tenido ocasión de sufrir ningún síncope.
Parecía que nos quedaban espárragos para nutrir a un regimiento y de repente, no teníamos ni para un pincho. No pasa nada. Con lo que había alimentamos a las fieras de las fiestas que tenían lugar en el local.
¿No he dicho que teníamos fiestas?
Lo de los espárragos me toca la moral porque ayer le dije a McEllen, que recordemos que era su último día, “pariente. Yo pediría espárragos…”. Me puso cara de “pues me parece muy bien…
En realidad no pasó así.
Yo le dí una lista
Él, se dedicó a tachar la cosas que creía “superfluas” (quién tuviese la suerte de ver a Miguel Ángel Solá en El Diario de Adan y Eva” que ponga la voz con su memoria). Pues toma superfluos espárragos colega. También le escribí lo del “Queso de cabra running low”. Pero claro, Para que querré yo el p…to queso de cabra. También nos quedamos con el culo al aire y el queso en paradero desconocido.
El fulano este va a dirigir ahora dos cocinas. Espero que tenga personal competente y desconfiado a su cargo porque si no su jefe va a perder algo de pasta con el negocio del contrato. O quizá es solo que era su último día y se le fue la mano con el optimismo. Yo no tengo queja del bueno de McEllen. Creo que en general ha sido correctísimo conmigo y nunca ha levantado la voz. No me cae mal en absoluto.
Pero las hemos pasado un poco moradas en algún momento y se podría haber evitado.
En cualquier caso nos ha salido todo bien. Sin estrés. Con risas. Bromas.
Un día memorable. De verdad. Lo firmo.
No he dicho que, además, me he marcado una masa para fondant de chocolate que tira de espaldas. Hemos hecho uno para una comanda y que subidón me ha dado. Lo malo es que se van a desperdiciar diez claras de huevo. A ver si desempolvo la receta del merengue y nos empezamos a montar aquí algunas cosas fuera de programa, aunque sea para nosotros.
En el Hostel me engancho a una partid de billar que se acaba convirtiendo en cuatro… como ya no soy el que fui en este juego (y no es que fuera gran cosa, la verdad) tardamos auténticas eternidades en meter todas las bolas, porque claro, la negra no se cuela por error ni de coña. Dejo que se especula con la hora a la que me acuesto…
(Como no me dejen dormir cuando me muera no se que voy a hacer…)
Todo podía haber ido mal y ha ido como una seda.
Louis y Murdoc se han encargado de hacer de este día de trabajo una experiencia realmente increíble.
Nos han faltado un montón de cosas pero nos hemos adaptado e improvisado. A veces parece que es cuando tienes todo en contra cuando decide salir bien. Jofra estaba en Londres así que no ha tenido ocasión de sufrir ningún síncope.
Parecía que nos quedaban espárragos para nutrir a un regimiento y de repente, no teníamos ni para un pincho. No pasa nada. Con lo que había alimentamos a las fieras de las fiestas que tenían lugar en el local.
¿No he dicho que teníamos fiestas?
Lo de los espárragos me toca la moral porque ayer le dije a McEllen, que recordemos que era su último día, “pariente. Yo pediría espárragos…”. Me puso cara de “pues me parece muy bien…
En realidad no pasó así.
Yo le dí una lista
Él, se dedicó a tachar la cosas que creía “superfluas” (quién tuviese la suerte de ver a Miguel Ángel Solá en El Diario de Adan y Eva” que ponga la voz con su memoria). Pues toma superfluos espárragos colega. También le escribí lo del “Queso de cabra running low”. Pero claro, Para que querré yo el p…to queso de cabra. También nos quedamos con el culo al aire y el queso en paradero desconocido.
El fulano este va a dirigir ahora dos cocinas. Espero que tenga personal competente y desconfiado a su cargo porque si no su jefe va a perder algo de pasta con el negocio del contrato. O quizá es solo que era su último día y se le fue la mano con el optimismo. Yo no tengo queja del bueno de McEllen. Creo que en general ha sido correctísimo conmigo y nunca ha levantado la voz. No me cae mal en absoluto.
Pero las hemos pasado un poco moradas en algún momento y se podría haber evitado.
En cualquier caso nos ha salido todo bien. Sin estrés. Con risas. Bromas.
Un día memorable. De verdad. Lo firmo.
No he dicho que, además, me he marcado una masa para fondant de chocolate que tira de espaldas. Hemos hecho uno para una comanda y que subidón me ha dado. Lo malo es que se van a desperdiciar diez claras de huevo. A ver si desempolvo la receta del merengue y nos empezamos a montar aquí algunas cosas fuera de programa, aunque sea para nosotros.
En el Hostel me engancho a una partid de billar que se acaba convirtiendo en cuatro… como ya no soy el que fui en este juego (y no es que fuera gran cosa, la verdad) tardamos auténticas eternidades en meter todas las bolas, porque claro, la negra no se cuela por error ni de coña. Dejo que se especula con la hora a la que me acuesto…
(Como no me dejen dormir cuando me muera no se que voy a hacer…)
lunes, 28 de septiembre de 2009
Día trigésimo octavo. Viernes 25.
Me quedo dormido.
Lo malo es que he quedado para ir a investigar el tema de los bancos por la ciudad y tengo poco tiempo hasta entrar a trabajar.
La paisana y yo hacemos lo que podemos.
Para cualquier cuenta de “todo a cien” no te piden casi nada, pero yo necesito poder transferir dinero a cuentas en el extranjero y que quede algo para llegar al destino. Eso requiere de mucho más papeleo, que les lleve un resguardo del pago de impuestos y no se que más. Además, en el mejor de los casos, me cobran una bonita suma al mes solo por tener la cuenta. Esto cambia con el paso de los meses hasta duplicar lo que me acaba costando la dichosa cuenta.
El rollo es que me dicen que la cuenta va acompañada de un seguro que me cubre hasta de que me metan un brazo por una manga. Incluso si aparezco con un kilt por la calle el seguro me lo cubre y me paga el internamiento psiquiátrico. Y ya, si nos ponemos, tres noches a la semana en prostíbulo de lujo.
me toca las narices porque lo de los seguros estos que nos son para el coche en caso de accidente son una patraña saca cuartos. Y me quieren vender la moto sobre la que se han subido. No primo. Si no me queda más remedio paso por el aro con un grácil salto de “cojo cayéndose por las escaleras”. Pero voy a explorar otros mercados. Me dicen de ING. Pero no me he fiado hasta ahora y no acabo de estar convencido, ahora que como sea más barato con los servicios que requiero me van a tener como cliente.
Después de la infructuosa incursión bancaria pasamos por el Hostel para que recoja mi ropa de combate y previa para en el Job Center, donde ya no son tan amables como hace un mes, Paisana me acompaña a la puerta del trabajo, quedando en que quizá salgamos luego a tomar algo.
Me apetece desconectar un rato de todo y de todos. La opción de salir con otra gente se me presenta magnífica.
Hoy es el último día de McEllen en la cocina. Nos pilla un poco el toro pero nada que no se solvente con gracia hispano-escocesa con un toque de Chopin.
Me toca las narices que, cuando le digo lo que creo que necesito para el día siguiente me diga que no me va a hacer falta, pero se despide deseándome suerte como el que se despide de un condenado a algo realmente chungo. McEllen, tío, me esperaba algo mejor de ti.
El caso es que cerramos el chiringuito y mi plan de salida no sale bien por al sencilla razón de que no me responden al teléfono. Mala suerte.
Echo unos billares en el Hostel y, como no, me dan las tantas.
Empiezoa tener la sensación de que es mejor el whisky con vodca y ginebra, todo mezclado, que el té…
Me lo paso bien, eso sí :-)
Lo malo es que he quedado para ir a investigar el tema de los bancos por la ciudad y tengo poco tiempo hasta entrar a trabajar.
La paisana y yo hacemos lo que podemos.
Para cualquier cuenta de “todo a cien” no te piden casi nada, pero yo necesito poder transferir dinero a cuentas en el extranjero y que quede algo para llegar al destino. Eso requiere de mucho más papeleo, que les lleve un resguardo del pago de impuestos y no se que más. Además, en el mejor de los casos, me cobran una bonita suma al mes solo por tener la cuenta. Esto cambia con el paso de los meses hasta duplicar lo que me acaba costando la dichosa cuenta.
El rollo es que me dicen que la cuenta va acompañada de un seguro que me cubre hasta de que me metan un brazo por una manga. Incluso si aparezco con un kilt por la calle el seguro me lo cubre y me paga el internamiento psiquiátrico. Y ya, si nos ponemos, tres noches a la semana en prostíbulo de lujo.
me toca las narices porque lo de los seguros estos que nos son para el coche en caso de accidente son una patraña saca cuartos. Y me quieren vender la moto sobre la que se han subido. No primo. Si no me queda más remedio paso por el aro con un grácil salto de “cojo cayéndose por las escaleras”. Pero voy a explorar otros mercados. Me dicen de ING. Pero no me he fiado hasta ahora y no acabo de estar convencido, ahora que como sea más barato con los servicios que requiero me van a tener como cliente.
Después de la infructuosa incursión bancaria pasamos por el Hostel para que recoja mi ropa de combate y previa para en el Job Center, donde ya no son tan amables como hace un mes, Paisana me acompaña a la puerta del trabajo, quedando en que quizá salgamos luego a tomar algo.
Me apetece desconectar un rato de todo y de todos. La opción de salir con otra gente se me presenta magnífica.
Hoy es el último día de McEllen en la cocina. Nos pilla un poco el toro pero nada que no se solvente con gracia hispano-escocesa con un toque de Chopin.
Me toca las narices que, cuando le digo lo que creo que necesito para el día siguiente me diga que no me va a hacer falta, pero se despide deseándome suerte como el que se despide de un condenado a algo realmente chungo. McEllen, tío, me esperaba algo mejor de ti.
El caso es que cerramos el chiringuito y mi plan de salida no sale bien por al sencilla razón de que no me responden al teléfono. Mala suerte.
Echo unos billares en el Hostel y, como no, me dan las tantas.
Empiezoa tener la sensación de que es mejor el whisky con vodca y ginebra, todo mezclado, que el té…
Me lo paso bien, eso sí :-)
Día trigesimo séptimo. Jueves 24.
Arrastro el daño colateral de los dos últimos días. O debo decir noches. El caso es que hasta las tantas no soy persona.
Amanezco con el medio día porque sobre esa hora entran al asalto los reclutas de turno para la limpieza de la habitación. Si eres lo bastante ágil, te metes en el baño y la ducha antes de que empiecen con ello. Eso les tiene que putear, claro, pero uno tiene que amortizar el tiempo al máximo y en ocasiones, como es el caso, se tiene que ir a los baños de otra planta para proceder a las rutinas de aseo.
No es tan grave. Arrastrar mi escuchimizada fisonomía, en ropa de dormir, por medio Hostel No es a mí a quién puede afectar la percepción de la realidad.
Después, me junto con el hispalense, que está acatarrado, para planear qué hacer hoy. El va a la facultad, que para eso es estudiante, yo me quedo zanganeando en el Hostel. Cuando el hispalense vuelve, nos vamos a buscar las tiendas de las que me habló el otro día Jofra para comprar ropa de deporte y demás.
Ambos buscamos abrigos pero lo que vemos es un poco caro para nuestras posibilidades. Aunque echo el ojo a un par de cazadoras de cuero con muy buena pinta. De vuelta al Hostel nos encontramos con otra paisana con la que nos vamos a cenar. Bueno, cenar cenamos el hispalense y yo porque nuestra nueva socia acaba de hacerlo en la cocina del Hostel.
Echamos un bien rato en un restaurante junto al Hostel en el que nos deleitamos con unas hamburguesas regadas con algo de cerveza de la tierra.
A las tantas ya, consigo escribir algo y publicarlo pero no llego a ponerme al día, tal y como pretendía hacer (llevo pretendiendo hacerlo ya ni me acuerdo del tiempo). Pero al menos, algo se escribe.
Quedo con la paisana para ir por la mañana a mirar cuentas de banco a ver si consigo que me abran una “buena, bonita y barata”, con la que poder hacer transferencias internacionales sin que me apuñalen la espalda pero que me permita ingresar mi salario y tener una tarjeta de débito disponible.
Lo cierto es que el día fue algo más intenso, pero describir como dos fulanos ibéricos van de compras, sin mujeres, por el reino unido, resulta bastante lamentable. Máxime cuando uno de ellos se pasa el rato moqueando y conseguimos comprar clinex justo a tiempo. Es de estas situaciones en las que la realidad no supera a la ficción. Simplemente la revienta…
Amanezco con el medio día porque sobre esa hora entran al asalto los reclutas de turno para la limpieza de la habitación. Si eres lo bastante ágil, te metes en el baño y la ducha antes de que empiecen con ello. Eso les tiene que putear, claro, pero uno tiene que amortizar el tiempo al máximo y en ocasiones, como es el caso, se tiene que ir a los baños de otra planta para proceder a las rutinas de aseo.
No es tan grave. Arrastrar mi escuchimizada fisonomía, en ropa de dormir, por medio Hostel No es a mí a quién puede afectar la percepción de la realidad.
Después, me junto con el hispalense, que está acatarrado, para planear qué hacer hoy. El va a la facultad, que para eso es estudiante, yo me quedo zanganeando en el Hostel. Cuando el hispalense vuelve, nos vamos a buscar las tiendas de las que me habló el otro día Jofra para comprar ropa de deporte y demás.
Ambos buscamos abrigos pero lo que vemos es un poco caro para nuestras posibilidades. Aunque echo el ojo a un par de cazadoras de cuero con muy buena pinta. De vuelta al Hostel nos encontramos con otra paisana con la que nos vamos a cenar. Bueno, cenar cenamos el hispalense y yo porque nuestra nueva socia acaba de hacerlo en la cocina del Hostel.
Echamos un bien rato en un restaurante junto al Hostel en el que nos deleitamos con unas hamburguesas regadas con algo de cerveza de la tierra.
A las tantas ya, consigo escribir algo y publicarlo pero no llego a ponerme al día, tal y como pretendía hacer (llevo pretendiendo hacerlo ya ni me acuerdo del tiempo). Pero al menos, algo se escribe.
Quedo con la paisana para ir por la mañana a mirar cuentas de banco a ver si consigo que me abran una “buena, bonita y barata”, con la que poder hacer transferencias internacionales sin que me apuñalen la espalda pero que me permita ingresar mi salario y tener una tarjeta de débito disponible.
Lo cierto es que el día fue algo más intenso, pero describir como dos fulanos ibéricos van de compras, sin mujeres, por el reino unido, resulta bastante lamentable. Máxime cuando uno de ellos se pasa el rato moqueando y conseguimos comprar clinex justo a tiempo. Es de estas situaciones en las que la realidad no supera a la ficción. Simplemente la revienta…
Día trigesimosexto. Miércoles 23.
Amanezco como puedo.
Las calaveradas es lo que tienen.
Pero podría ser peor. Me manejo más o menos sin tropiezos en la cocina, pero empezar pronto es lo que tiene. Tienes tiempo de ir preparando la partida.
Para que os voy a contar que me pilla el toro, pero cada vez se nota menos.
En la pausa de las tres, porque cuando empiezo a las diez tengo un descanso entre las tres y las seis de la tarde, para no volverme loco o jilipollas, aprovecho para buscar un locutorio de una vez por todas y llamar a España.
Lo encuentro y aprovecho para dar señales de vida a la familia.
Me dejo unas nueve libras en cuarenta minutos de charla. No está nada mal. Yo iba pensando que me iba a tener que dejar algo empeñado.
Después me hago el super que tengo pendiente desde hace casi una semana, pero me limito a comprar chorradas de chocolate (estoy enfermo, aceptémoslo). Vuelvo al Hostel a dejar la mercancía con el tiempo justo para salir casi pitando para el trabajo otra vez pero me encuentro una reunión de españoles comiendo a las cinco de la tarde (los guiris creerán que cenamos pronto los muy inocentes). El dato es que me encuentro delante e un plato de paella muy rico y una charla divertida a mi alrededor.
Como aprisa y, con dolor del corazón, mientras el resto de la concurrencia se dispone a disfrutar de una sobremesa poderosa, he de salir zumbando para el trabajo.
La tarde no es demasiado movida. Pero tiene su aquel para ser miércoles.
Jofr ame informa que McEllen nos deja el viernes. Algo me había llegado a mí al respecto por otras vías pero no le he dado crédito hasta que no ha sido oficial. Uno menos y dos más que tendrá que buscar el jefe para tener la cocina bien alicatada.
En el Hostel me lían para echar unas partidas a un juego de cartas. Después de perder un par de veces les digo que paso de seguir jugando, que prefiero escribir. De echo no se para qué me he sentado a jugar con ellos si lo que quería desde el principio era escribir pero en fin, sociable que es uno.
Me vuelven a dar las tantas y me retiro a descansar abusando del crédito de energia que me está concediendo el body, pero mañana libro así que no creo que le esté dando tanta caña.
Por cierto, que no he contado que el otro día me dieron plantón en la visito a un piso. Esto es que llegué hasta el lugar y no me abrieron la puerta ni me cogieron el teléfono. Ojala se les meta el de “De repente: Un extraño”. Que se j…n.
Las calaveradas es lo que tienen.
Pero podría ser peor. Me manejo más o menos sin tropiezos en la cocina, pero empezar pronto es lo que tiene. Tienes tiempo de ir preparando la partida.
Para que os voy a contar que me pilla el toro, pero cada vez se nota menos.
En la pausa de las tres, porque cuando empiezo a las diez tengo un descanso entre las tres y las seis de la tarde, para no volverme loco o jilipollas, aprovecho para buscar un locutorio de una vez por todas y llamar a España.
Lo encuentro y aprovecho para dar señales de vida a la familia.
Me dejo unas nueve libras en cuarenta minutos de charla. No está nada mal. Yo iba pensando que me iba a tener que dejar algo empeñado.
Después me hago el super que tengo pendiente desde hace casi una semana, pero me limito a comprar chorradas de chocolate (estoy enfermo, aceptémoslo). Vuelvo al Hostel a dejar la mercancía con el tiempo justo para salir casi pitando para el trabajo otra vez pero me encuentro una reunión de españoles comiendo a las cinco de la tarde (los guiris creerán que cenamos pronto los muy inocentes). El dato es que me encuentro delante e un plato de paella muy rico y una charla divertida a mi alrededor.
Como aprisa y, con dolor del corazón, mientras el resto de la concurrencia se dispone a disfrutar de una sobremesa poderosa, he de salir zumbando para el trabajo.
La tarde no es demasiado movida. Pero tiene su aquel para ser miércoles.
Jofr ame informa que McEllen nos deja el viernes. Algo me había llegado a mí al respecto por otras vías pero no le he dado crédito hasta que no ha sido oficial. Uno menos y dos más que tendrá que buscar el jefe para tener la cocina bien alicatada.
En el Hostel me lían para echar unas partidas a un juego de cartas. Después de perder un par de veces les digo que paso de seguir jugando, que prefiero escribir. De echo no se para qué me he sentado a jugar con ellos si lo que quería desde el principio era escribir pero en fin, sociable que es uno.
Me vuelven a dar las tantas y me retiro a descansar abusando del crédito de energia que me está concediendo el body, pero mañana libro así que no creo que le esté dando tanta caña.
Por cierto, que no he contado que el otro día me dieron plantón en la visito a un piso. Esto es que llegué hasta el lugar y no me abrieron la puerta ni me cogieron el teléfono. Ojala se les meta el de “De repente: Un extraño”. Que se j…n.
Día trigesimo quinto, Martes 22.
Continúa la “azaña” de no dormir en toda la noche.
Básicamente, lo que pasa es que me voy quedando dormido ahí donde me siento hasta que decido que, ya que son las siete y pico, prácticamente las ocho, ha llegado la hora de echarse una siesta.
Duermo unas tres horas.
Intento ser la mejor persona que puedo con el descanso que he acumulado. Además, esta noche tengo una cena con unas chicas preciosas y me gustaría, si no ser la mejor persona, ser, al menos, persona como para aunque sea mala, que no se diga que los spanish no están a las duras y las maduras.
Me levanto e intento hacer algo con mi vida y como se me hace tarde, me doy una vuelta a la búsqueda de un banco que me quiera como cliente. Después tomo la decisión de ir a un dentro comercial que me ha recomendado Jofra para encontrar material deportivo.
Me encuentro con otro compañero del restaurante, uno que juega al rugby y me recomienda unas zapatillas que, además de estar muy bien y ser relativamente discretas, están muy baratas. Si alguien quiere le cuento la historia para aclararnos con las tallas británicas. Dejo como primicia que me compro unas zapatillas que, en principio están muy bien, pero que ahora he descubierto que me aprietan. Y eso que se supone que son para gente que lo tenga grande.
Grande el pié.
Vuelvo al Hostel muy contento con mis zapatillas nuevas y dispuesto a probármelas y empezara darles caña. Bajo a mi habitación (mía y de otros once). Digo bajo porque está en las mazmorras del Castel. Que se le va a hacer, siempre hubo clases. Y me siento en la cama. Es lo último que recuerdo en tres horas.
Esa es la sienta que el cuerpo me estaba pidiendo.
Cuando resucito tengo el tiempo un poco justo. Subo para la sala Griffindor a echar un vistazo a algunos anuncios de habitación o piso y me encuentro con mi compañero Hispalense. Le propongo venirse a la cena pero que tiene que apresurarse.
Se apunta. No sabe el volumen de chicas por metro cuadrado pero se viene a dar la cara como bravo ibérico.
De camino me hago con unas pizzas congeladas y algo de postre. Estas estratégicas medidas nos hacen quedar como encantadores huéspedes a los ojos de nuestras anfitrionas y sus amigas. Esto es el paraíso. Todo mujeres. Menos mal que no me he venido yo solo.
La velada es deliciosa. En inglés sin salsa verde, pero deliciosa.
A eso de las doce y mucho yo digo que me marcho y como si hubiese tocado retreta, todos (es decir, todas e Hispalense) se ponen de pié y nos vamos.
No sabía que pudiese tener esa capacidad de movilizar a gente. Tendré que pensar en mi futuro en política.
Acostarme me acuesto tarde y he de levantarme con las gallinas para estar en el tajo a las diez, pero ha valido la pena.
Básicamente, lo que pasa es que me voy quedando dormido ahí donde me siento hasta que decido que, ya que son las siete y pico, prácticamente las ocho, ha llegado la hora de echarse una siesta.
Duermo unas tres horas.
Intento ser la mejor persona que puedo con el descanso que he acumulado. Además, esta noche tengo una cena con unas chicas preciosas y me gustaría, si no ser la mejor persona, ser, al menos, persona como para aunque sea mala, que no se diga que los spanish no están a las duras y las maduras.
Me levanto e intento hacer algo con mi vida y como se me hace tarde, me doy una vuelta a la búsqueda de un banco que me quiera como cliente. Después tomo la decisión de ir a un dentro comercial que me ha recomendado Jofra para encontrar material deportivo.
Me encuentro con otro compañero del restaurante, uno que juega al rugby y me recomienda unas zapatillas que, además de estar muy bien y ser relativamente discretas, están muy baratas. Si alguien quiere le cuento la historia para aclararnos con las tallas británicas. Dejo como primicia que me compro unas zapatillas que, en principio están muy bien, pero que ahora he descubierto que me aprietan. Y eso que se supone que son para gente que lo tenga grande.
Grande el pié.
Vuelvo al Hostel muy contento con mis zapatillas nuevas y dispuesto a probármelas y empezara darles caña. Bajo a mi habitación (mía y de otros once). Digo bajo porque está en las mazmorras del Castel. Que se le va a hacer, siempre hubo clases. Y me siento en la cama. Es lo último que recuerdo en tres horas.
Esa es la sienta que el cuerpo me estaba pidiendo.
Cuando resucito tengo el tiempo un poco justo. Subo para la sala Griffindor a echar un vistazo a algunos anuncios de habitación o piso y me encuentro con mi compañero Hispalense. Le propongo venirse a la cena pero que tiene que apresurarse.
Se apunta. No sabe el volumen de chicas por metro cuadrado pero se viene a dar la cara como bravo ibérico.
De camino me hago con unas pizzas congeladas y algo de postre. Estas estratégicas medidas nos hacen quedar como encantadores huéspedes a los ojos de nuestras anfitrionas y sus amigas. Esto es el paraíso. Todo mujeres. Menos mal que no me he venido yo solo.
La velada es deliciosa. En inglés sin salsa verde, pero deliciosa.
A eso de las doce y mucho yo digo que me marcho y como si hubiese tocado retreta, todos (es decir, todas e Hispalense) se ponen de pié y nos vamos.
No sabía que pudiese tener esa capacidad de movilizar a gente. Tendré que pensar en mi futuro en política.
Acostarme me acuesto tarde y he de levantarme con las gallinas para estar en el tajo a las diez, pero ha valido la pena.
Día trigésimo cuarto. Lunes 21.
Empiezo a trabajar a las dos de la tarde, así que tengo la mañana despejada.
No es que haga nada de especial. Debería arreglar definitivamente lo de la cuenta bancaria, pues esto de no tener donde ingresar el dinero, que espero que me paguen en breve, o no tener una tarjeta con la que pagar en los comercios es una lata. Hasta ahora he estado usando la tarjeta de mi cuanta española, pero como no me toque la lotería y me llene la susodicha cuenta de pasta, no veo como voy a poderla seguir usando.
Ayer se suponía que tenía una cena con unas chicas lituanas, que al final, se ha pospuesto para el martes (creo). Lo bueno es que libro este martes, lo malo que el miércoles he de estar aguantando candela desde las 10:00 hora zulú. Cuerpo jota voy a llevar al curro. Al menos estaré a juego con el equipo que, ya sea por resaca de una cosa o de otra o sea por pura y simple escasez de sueño, tienen un aspecto francamente.
El caso es que, otra vez, toca recoger deprisa y corriendo, cuando yo me creía que aún me quedaba una hora o más por delante y estaba tratando de adelantarme trabajo para el día siguiente (en el que no vengo a trabajar, pero empiezo a conocer el paño y se que lo que no deje preparado yo, salvo que se trate de tarta de Santiago, de Zanahoria o salsa Romescu, aquí nadie se hace cargo). Me voy haciendo con las rutinas de la cocina y de mi sección y más vale dejar el máximo número de cosas atadas para un par de días.
Pero toca irse para casa y para casa nos vamos.
En el Hostel os dejo que adivineis que es lo que pasa...
Pues sí.
Como de costumbre, entre unas cosas y otras, no me acuesto precisamente pronto. De hecho, paso la noche en vela hasta el amanecer pues un colega del Hostel está un poco tristón y entre un grupo de incondicionales, nos dedicamos a escucharle y hacerle compañía. Pero como parte de la noche pertenece a otra fecha, la tendreis que leer en otra crónica (pero no os hagais ilusiones, el amiguete tiene asunto privados que no van a ser comentados en este blog, al menos no por mí.
No es que haga nada de especial. Debería arreglar definitivamente lo de la cuenta bancaria, pues esto de no tener donde ingresar el dinero, que espero que me paguen en breve, o no tener una tarjeta con la que pagar en los comercios es una lata. Hasta ahora he estado usando la tarjeta de mi cuanta española, pero como no me toque la lotería y me llene la susodicha cuenta de pasta, no veo como voy a poderla seguir usando.
Ayer se suponía que tenía una cena con unas chicas lituanas, que al final, se ha pospuesto para el martes (creo). Lo bueno es que libro este martes, lo malo que el miércoles he de estar aguantando candela desde las 10:00 hora zulú. Cuerpo jota voy a llevar al curro. Al menos estaré a juego con el equipo que, ya sea por resaca de una cosa o de otra o sea por pura y simple escasez de sueño, tienen un aspecto francamente.
El caso es que, otra vez, toca recoger deprisa y corriendo, cuando yo me creía que aún me quedaba una hora o más por delante y estaba tratando de adelantarme trabajo para el día siguiente (en el que no vengo a trabajar, pero empiezo a conocer el paño y se que lo que no deje preparado yo, salvo que se trate de tarta de Santiago, de Zanahoria o salsa Romescu, aquí nadie se hace cargo). Me voy haciendo con las rutinas de la cocina y de mi sección y más vale dejar el máximo número de cosas atadas para un par de días.
Pero toca irse para casa y para casa nos vamos.
En el Hostel os dejo que adivineis que es lo que pasa...
Pues sí.
Como de costumbre, entre unas cosas y otras, no me acuesto precisamente pronto. De hecho, paso la noche en vela hasta el amanecer pues un colega del Hostel está un poco tristón y entre un grupo de incondicionales, nos dedicamos a escucharle y hacerle compañía. Pero como parte de la noche pertenece a otra fecha, la tendreis que leer en otra crónica (pero no os hagais ilusiones, el amiguete tiene asunto privados que no van a ser comentados en este blog, al menos no por mí.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Día trigésimo tercero. Domingo 20.
En el Hostel van a hacer otra parrillada como la de hace dos semanas.
Por supuesto me la voy a perder. Toca currar.
Desde las doce estoy en danza en la cocina. Pasada la tormenta de ayer hoy parece que todo es más relajado y tranquilo pero aún así, tenemos picos de trabajo.
Lo que sí sucede, y me pilla totalmente de improviso es que las ocho y pico, McEllen me dice que a las nueve y media cierran el restaurante y que lo quiere todo recogido para menos cuarto, esto es las ocho y cuarenta y cinco. Flipo. Me pilla a medio hacer unas tortillas de patata (sí, de esas con guisantes) y queriendo haber dejado hechos unos fondants de chocolate. Pues nada pariente. Si se ha de recoger se recoge. Aquí a mandar.
Que inocente que es McEllen a veces. Bueno, inocente si de verdad creía que nos íbamos a ir a esa hora.
Para esta clase de cosas hay que estar muy bien compenetrado con la sala o el plan se estrella de plano contra la dura realidad (“ningún plan sobrevive a la toma de contacto”). Lo que sucede es que, cuando él tiene su sección ya recogida y yo a mitad, ¡¡Tachán!! Entra un grupo de personas.
Si es que estas cosas no fallan.
No empitonan a medio gas.
A él le toca lo peor, claro. Su sección tiene mucha más tralla que la mía. Yo con una para de pases me salgo airoso de la línea de fuego (hasta que me pidan los postres claro) pero McEllen se tiene que batir el cobre un rato.
Lo cierto es que al final no nos vamos demasiado tarde pero McEllen estaba trasteando con su teléfono móvil y creo que había hecho planes. Mala suerte compañero. Te la han jugado.
Nos vamos a las diez menos cuarto, que no está mal para ser domingo y me va a dar tiempo, además, a terminar los Croque Messieur que dejé reposando el otro día.
Lo dicho, en el Hostel y ante cierta expectación (no tanta como al artista que llevo dentro le gustaría) paso por huevo y pan rayado lo que dejé preparado el otro día y montamos una degustación entre tres o cuatro.
Les encanta, pero como están borrachos uno no se puede fiar de ese criterio.
Que le vamos a hacer. Mañana no curro hasta las dos de la tarde pero aún así, trato de acostarme lo más pronto posible. No me molesto en contaros que fracaso estrepitosamente en mi intento.
Por supuesto me la voy a perder. Toca currar.
Desde las doce estoy en danza en la cocina. Pasada la tormenta de ayer hoy parece que todo es más relajado y tranquilo pero aún así, tenemos picos de trabajo.
Lo que sí sucede, y me pilla totalmente de improviso es que las ocho y pico, McEllen me dice que a las nueve y media cierran el restaurante y que lo quiere todo recogido para menos cuarto, esto es las ocho y cuarenta y cinco. Flipo. Me pilla a medio hacer unas tortillas de patata (sí, de esas con guisantes) y queriendo haber dejado hechos unos fondants de chocolate. Pues nada pariente. Si se ha de recoger se recoge. Aquí a mandar.
Que inocente que es McEllen a veces. Bueno, inocente si de verdad creía que nos íbamos a ir a esa hora.
Para esta clase de cosas hay que estar muy bien compenetrado con la sala o el plan se estrella de plano contra la dura realidad (“ningún plan sobrevive a la toma de contacto”). Lo que sucede es que, cuando él tiene su sección ya recogida y yo a mitad, ¡¡Tachán!! Entra un grupo de personas.
Si es que estas cosas no fallan.
No empitonan a medio gas.
A él le toca lo peor, claro. Su sección tiene mucha más tralla que la mía. Yo con una para de pases me salgo airoso de la línea de fuego (hasta que me pidan los postres claro) pero McEllen se tiene que batir el cobre un rato.
Lo cierto es que al final no nos vamos demasiado tarde pero McEllen estaba trasteando con su teléfono móvil y creo que había hecho planes. Mala suerte compañero. Te la han jugado.
Nos vamos a las diez menos cuarto, que no está mal para ser domingo y me va a dar tiempo, además, a terminar los Croque Messieur que dejé reposando el otro día.
Lo dicho, en el Hostel y ante cierta expectación (no tanta como al artista que llevo dentro le gustaría) paso por huevo y pan rayado lo que dejé preparado el otro día y montamos una degustación entre tres o cuatro.
Les encanta, pero como están borrachos uno no se puede fiar de ese criterio.
Que le vamos a hacer. Mañana no curro hasta las dos de la tarde pero aún así, trato de acostarme lo más pronto posible. No me molesto en contaros que fracaso estrepitosamente en mi intento.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Día trigésimo segundo. Sábado 19.
Menudo cabreo que se ha cogido hoy Jofra.
Hasta ha pateado algún mueble.
El caso es que le están tocando la moral con un par de cosas.
En la cocina, el Chef es el Rey, Dios o lo que haga falta. Su palabra va a misa y para bien o para mal, se hace lo que él dice (en lo que a cuestiones culinarias se refiere por supuesto). Right or wrong what e says comes first. Pues se da la circunstancia de que ya hubo un pequeño incidente ayer pero que traía cola desde hacía unos días.
El martes trabajé solo con McEllen y los camareros me dijeron “no eches sal en el jamón ni en el queso”. Ya me gustaría a mí no poner más puñetera sal en los dichosos platos de queso, jamón, helado, fondant… y todo lo que pasa por mi mesa de trabajo. Pero aquí hay una jerarquía y un modo de hacer las cosas y ese modo lo marca el responsable de la cocina. El Cheff. Lo que diga él va a misa. A él le van a pedir cuentas luego.
El caso es que me sueltan eso con McEllen delante, el segundo de cocina. Yo explico en buen extranjero y mejor castellano, que el plato, tal y como me lo ha enseñado Jofra, es así, que solo me limito a hacer lo que se me ha instruido. Como no considero que pueda matar a nadie de forma fulminante (es sal Maldón no sal Nitro), sigo el patrón que me ha sido indicado.
Pues erre que erre, que no le ponga sal.
El caso es que hoy Jofra ha terminado uno de mis platos. Queso Manchego. Y al final le ha puesto sal Maldón. Yo le he preguntado “Oye chato ¿Los paltos de jamón, queso, embutidos… o sea todos, siguen llendo con sal Maldón al final?”.
Me mira como si le hubiese preguntado si el fuego te quema. “Pues claro”, dice. “Ok, Monada de cara, pues el otro día me llamaron la atención sobre este particular y me dijeron que no echase más sal Maldón en estos platos”. “¿Quién te dijo eso?” me pregunta en un rugido contenido a un volumen muy bajo…. Canguelo. “Pues estaba McEllen delante y me lo dijeron este, este y aquel” (¿acusica? Y una mierda. Ellos vienen a incordiar y quejarse a mí porque no tiene cojones a meterse con mi primo, el de Zumohighland, que a fin de cuentas es el que corta el Bacalao, que se jodan). “¿Quién manda en esta cocina?””Vale Jofra. Yo estoy aquí defendiendo la posición y aguantando majaderías pero haciendo lo que tú me has dicho que haga. Si no me das la orden expresamente sobre algo fuera de lo habitual, no lo hago sin antes consultarte. Por eso, chato, te lo pregunto aquí y ahora”. “Todos los platos han de llevar una decoración de sal Maldón al final” me dice. Pues vale.
Pero se desata la tormenta. Vienen los del “Service staff” los camareros. Que quién le ha echado sal al queso que se acaban de llevar. Y me miran a mí con gesto de reproche…
Mala idea pardillos. Aquí está mi primo Jofra, al que os acabo de vender por la grata satisfacción de ver como os aprieta las tuercas a todos, cagones de mierda, que os atreveis conmigo porque sabeis que soy un tipo tranquilo, pero como un día se me Crucen los cables os meto un brazo por una manga a todos!!!.
El caso es que Jofra se interpone “pues resulta que el plato lo he hecho yo ¿Tienes algún problema”…
Acojone general
“Es que verás, jofra” todo esto como mejores modales que conmigo (miserables :-P) “los clientes se quejan de que está muy salado”
“El plato va como yo digo que va” les responde mi primo “El embutido, cuando está corta y pasa algún tiempo pierde sabor y el aceite junto con la sal lo realzan”. El cabrón tiene razón. Pero me sigue pareciendo una barbaridad añadir más sal al embutido, el jamón o el queso.
Se monta el pollo.
Son el primero y sexto de caballería acorazada junto con el vigésimo octavo de húsares cargando con los sables y lanzas en ristre. Lo tienen todo, superioridad numérica, mala leche y juego sucio, pero Aquí se encuentra la fiel infantería. Como los viejos tercios que describe Pérez-Reverte. Lo que sucede es que mucho molinete y mucho argumento enfatizado pero el tío Jofra es el Chef y esta es su cocina. “NO PUEDES PASAR!!!” como le gritaba Gandalf al Balrog… Y no pasó.
Pero los esbirros de Sauron son taimados y poderosos. Más tarde, por la tarde Jofra viene y me dice que, a partir de ahora, no echaremos más sal Maldón en los platos de queso, embutido o jamón. Sauron, el dueño (Ramón) ha dicho que no se le ponga más sal a estos platos. La decisión me parece acertada pues creo que Jofra, aunque puede tener razón en lo de que estos alimentos pierden sabor al quedar cortados durante horas, en este caso exagera. En todo caso creo que esta decisión y sus conclusiones las deberías haber sacado él y no el dueño, que acaba de inmiscuirse en el trabajo de quién debería ser su persona de más confianza en el establecimiento. Peor para Sauron.
Pero aquí no termina la movida. Por la noche uno de los maitres pretende sacar un plato de cualquier manera. Esto es, que ha vendido dos porciones de una tarte de la que solo nos queda una porción. Un restaurante tiene que defender su reputación y no puede sacar los platos cada día de una manera distinta. Si vas a un sitio llevando a un amigo diciéndole “vas a probar una plato de nosequé que se te va a hacer el culo agua”, porque lo probaste anteayer y te ponen un nosequé adulterado o que ni siquiera se parece a lo que te dieron a ti, te sientes estúpido y estafado. Eso no puede pasarle a un resturante que se precie. Y la marca de un restaurante, como ya he comentado, la pone el Chef.
El caso es que esto, sumado a lo que ya le habían hecho con la jugadas del queso, los embutidos y el jamón ha terminado de cabrear a Jofra. Lo único que ha salvado al camarero de que no le dieran galletas de postre ha sido, creo yo, que a Jofra no le merece el suficiente respeto como para estamparlo, pero como una misca cojonera, ha conseguido irritarlo hasta el extremo de las voces y las patadas contra la pared. Y no hablo de levantar la voz, sino de esos gruñidos que se van formando poco a poco en el fondo de la garganta hasta convertirse en un estentoreo rugido. Lo llama de todo menos bonito, imagino, pues a este nivel, el idioma me viene muy pero que muy grande. El otro no os creais que se achanta (a eso lo llamo yo inconsciencia), pero goza de la suerte de tener que seguir trabajando en la sala y mientras sale de la cocina, el resto de cocineros, McEllen y Luis tranquilizan a Jofra. Lo tranquilizan lo que pueden. Del resto se ocupa el propio Jofra.
Espero que no se ponga así conmigo. No se como se puede tomar que le pregunte “¿Can you repeat it please? I Think i didn´t got it”. A Jofra le puede dar una embolia del cabreo…
Luego, después del servicio y ya cambiados comento con él que Hoy le he entendido mucho mejor que otras veces (salvando el incidente, claro). Parece que él, pese a todo, está más contento.
Veremos.
Hasta ha pateado algún mueble.
El caso es que le están tocando la moral con un par de cosas.
En la cocina, el Chef es el Rey, Dios o lo que haga falta. Su palabra va a misa y para bien o para mal, se hace lo que él dice (en lo que a cuestiones culinarias se refiere por supuesto). Right or wrong what e says comes first. Pues se da la circunstancia de que ya hubo un pequeño incidente ayer pero que traía cola desde hacía unos días.
El martes trabajé solo con McEllen y los camareros me dijeron “no eches sal en el jamón ni en el queso”. Ya me gustaría a mí no poner más puñetera sal en los dichosos platos de queso, jamón, helado, fondant… y todo lo que pasa por mi mesa de trabajo. Pero aquí hay una jerarquía y un modo de hacer las cosas y ese modo lo marca el responsable de la cocina. El Cheff. Lo que diga él va a misa. A él le van a pedir cuentas luego.
El caso es que me sueltan eso con McEllen delante, el segundo de cocina. Yo explico en buen extranjero y mejor castellano, que el plato, tal y como me lo ha enseñado Jofra, es así, que solo me limito a hacer lo que se me ha instruido. Como no considero que pueda matar a nadie de forma fulminante (es sal Maldón no sal Nitro), sigo el patrón que me ha sido indicado.
Pues erre que erre, que no le ponga sal.
El caso es que hoy Jofra ha terminado uno de mis platos. Queso Manchego. Y al final le ha puesto sal Maldón. Yo le he preguntado “Oye chato ¿Los paltos de jamón, queso, embutidos… o sea todos, siguen llendo con sal Maldón al final?”.
Me mira como si le hubiese preguntado si el fuego te quema. “Pues claro”, dice. “Ok, Monada de cara, pues el otro día me llamaron la atención sobre este particular y me dijeron que no echase más sal Maldón en estos platos”. “¿Quién te dijo eso?” me pregunta en un rugido contenido a un volumen muy bajo…. Canguelo. “Pues estaba McEllen delante y me lo dijeron este, este y aquel” (¿acusica? Y una mierda. Ellos vienen a incordiar y quejarse a mí porque no tiene cojones a meterse con mi primo, el de Zumohighland, que a fin de cuentas es el que corta el Bacalao, que se jodan). “¿Quién manda en esta cocina?””Vale Jofra. Yo estoy aquí defendiendo la posición y aguantando majaderías pero haciendo lo que tú me has dicho que haga. Si no me das la orden expresamente sobre algo fuera de lo habitual, no lo hago sin antes consultarte. Por eso, chato, te lo pregunto aquí y ahora”. “Todos los platos han de llevar una decoración de sal Maldón al final” me dice. Pues vale.
Pero se desata la tormenta. Vienen los del “Service staff” los camareros. Que quién le ha echado sal al queso que se acaban de llevar. Y me miran a mí con gesto de reproche…
Mala idea pardillos. Aquí está mi primo Jofra, al que os acabo de vender por la grata satisfacción de ver como os aprieta las tuercas a todos, cagones de mierda, que os atreveis conmigo porque sabeis que soy un tipo tranquilo, pero como un día se me Crucen los cables os meto un brazo por una manga a todos!!!.
El caso es que Jofra se interpone “pues resulta que el plato lo he hecho yo ¿Tienes algún problema”…
Acojone general
“Es que verás, jofra” todo esto como mejores modales que conmigo (miserables :-P) “los clientes se quejan de que está muy salado”
“El plato va como yo digo que va” les responde mi primo “El embutido, cuando está corta y pasa algún tiempo pierde sabor y el aceite junto con la sal lo realzan”. El cabrón tiene razón. Pero me sigue pareciendo una barbaridad añadir más sal al embutido, el jamón o el queso.
Se monta el pollo.
Son el primero y sexto de caballería acorazada junto con el vigésimo octavo de húsares cargando con los sables y lanzas en ristre. Lo tienen todo, superioridad numérica, mala leche y juego sucio, pero Aquí se encuentra la fiel infantería. Como los viejos tercios que describe Pérez-Reverte. Lo que sucede es que mucho molinete y mucho argumento enfatizado pero el tío Jofra es el Chef y esta es su cocina. “NO PUEDES PASAR!!!” como le gritaba Gandalf al Balrog… Y no pasó.
Pero los esbirros de Sauron son taimados y poderosos. Más tarde, por la tarde Jofra viene y me dice que, a partir de ahora, no echaremos más sal Maldón en los platos de queso, embutido o jamón. Sauron, el dueño (Ramón) ha dicho que no se le ponga más sal a estos platos. La decisión me parece acertada pues creo que Jofra, aunque puede tener razón en lo de que estos alimentos pierden sabor al quedar cortados durante horas, en este caso exagera. En todo caso creo que esta decisión y sus conclusiones las deberías haber sacado él y no el dueño, que acaba de inmiscuirse en el trabajo de quién debería ser su persona de más confianza en el establecimiento. Peor para Sauron.
Pero aquí no termina la movida. Por la noche uno de los maitres pretende sacar un plato de cualquier manera. Esto es, que ha vendido dos porciones de una tarte de la que solo nos queda una porción. Un restaurante tiene que defender su reputación y no puede sacar los platos cada día de una manera distinta. Si vas a un sitio llevando a un amigo diciéndole “vas a probar una plato de nosequé que se te va a hacer el culo agua”, porque lo probaste anteayer y te ponen un nosequé adulterado o que ni siquiera se parece a lo que te dieron a ti, te sientes estúpido y estafado. Eso no puede pasarle a un resturante que se precie. Y la marca de un restaurante, como ya he comentado, la pone el Chef.
El caso es que esto, sumado a lo que ya le habían hecho con la jugadas del queso, los embutidos y el jamón ha terminado de cabrear a Jofra. Lo único que ha salvado al camarero de que no le dieran galletas de postre ha sido, creo yo, que a Jofra no le merece el suficiente respeto como para estamparlo, pero como una misca cojonera, ha conseguido irritarlo hasta el extremo de las voces y las patadas contra la pared. Y no hablo de levantar la voz, sino de esos gruñidos que se van formando poco a poco en el fondo de la garganta hasta convertirse en un estentoreo rugido. Lo llama de todo menos bonito, imagino, pues a este nivel, el idioma me viene muy pero que muy grande. El otro no os creais que se achanta (a eso lo llamo yo inconsciencia), pero goza de la suerte de tener que seguir trabajando en la sala y mientras sale de la cocina, el resto de cocineros, McEllen y Luis tranquilizan a Jofra. Lo tranquilizan lo que pueden. Del resto se ocupa el propio Jofra.
Espero que no se ponga así conmigo. No se como se puede tomar que le pregunte “¿Can you repeat it please? I Think i didn´t got it”. A Jofra le puede dar una embolia del cabreo…
Luego, después del servicio y ya cambiados comento con él que Hoy le he entendido mucho mejor que otras veces (salvando el incidente, claro). Parece que él, pese a todo, está más contento.
Veremos.
Día trigésimo primero. Viernes 18.
El típico grito es “¡¡Por fin es viernes!!”.
Claro. Esto lo gritan los fulanos que no tienen que currar ni viernes por la tarde-noche, ni sábado ni domingo. Eso o que le pagan el viernes y tiene al matón del corredor de apuestas echándole el aliento en el cogote (no veas como molesta eso, da un mal rollo...)
Yo trabajo.
Los viernes u sábados suelen ser días más o menos movidos. A la gente, esa que le da por gritar cosas, también le da por salir y cenar fuera. Gracias a esos fulan@s, tengo trabajo.
Como estoy escribiendo la crónica el jueves de la semana siguiente, tengo que hacer un esfuerzo para recordar que nos pudo pasar de interesante en la cocina el viernes. Lo que tengo claro es que, como Luís habló con Jofra, primicia de ayer, pues hoy parece que todo va mucho más rodado. Se nota.
Jofra me dice que organice bien mi partida (your section) y McEllen le dice que él se ocupa de enseñarme.
Me pillan un par de trampas que tenía para salir airoso de los marrones en que a veces te meten los compañeros. Por ejemplo, el queso manchego es mi responsabilidad. Yo lo corto con la máquina, actividad que os aseguro es un verdadero martirio y un coñazo, para qué nos vamos a engañar. El caso es que mi partida o section, como lo llaman aquí, es responsable de proveerse a sí misma y al resto de partidas. Ellos llegan y se sirven lo que les haga falta ya sea queso, espárragos, jamón… Ya digo, Self service y búscate la vida primo. Y me ha asado varias veces el encontrarme sin algo de lo que yo creía, estaba sobradamente surtido. El caso es que me pillan con un Tupper de queso manchego y de mahón debajo del otro, que tengo abierto para “nutrir a las fieras”. Hay que joderse. Además tenía la ventaja de que, al estar a temperatura ambiente, no hevía que partirse la cara con él intentando separar las lonchas, heladas, unas de otras, que es un trabajo horroroso y sin satisfacción ninguna y que además, el jefe, no valora (porque hace mucho que a él o le pasa claro).
Me quedo con siente tuppers abiertos más lo que tengo en el cajón frigorífico de delante. Lo justo para salir del paso. Bueno, al menos gano espacio. Y el argumento principal ha sido que, de esta manera, si alguien tiene que venir a ayudarme, podrá encontrar las cosas fácilmente (porque yo sí que se donde escondo el material que no quiero que me quiten :-P)
El caso es que hoy se nota que todo me va mejor. Luego comentaré con Luis y confirmaré que, efectivamente, ha hablado con Jofra y le ha comentado que “el chaval ese, el del gorrito (sí, llevo un gorrito ¿Qué pasa?), a veces no te comprende. Como además está de espaldas y tiene un extractor rugiendo justo encima de su cabeza imagínate, primo como lo lleva el chiquillo. No se vuelve jilipollas porque tampoco tiene espacio para dar la vuelta”.
Esto acabará siendo una “Cocina feliz”.
Claro. Esto lo gritan los fulanos que no tienen que currar ni viernes por la tarde-noche, ni sábado ni domingo. Eso o que le pagan el viernes y tiene al matón del corredor de apuestas echándole el aliento en el cogote (no veas como molesta eso, da un mal rollo...)
Yo trabajo.
Los viernes u sábados suelen ser días más o menos movidos. A la gente, esa que le da por gritar cosas, también le da por salir y cenar fuera. Gracias a esos fulan@s, tengo trabajo.
Como estoy escribiendo la crónica el jueves de la semana siguiente, tengo que hacer un esfuerzo para recordar que nos pudo pasar de interesante en la cocina el viernes. Lo que tengo claro es que, como Luís habló con Jofra, primicia de ayer, pues hoy parece que todo va mucho más rodado. Se nota.
Jofra me dice que organice bien mi partida (your section) y McEllen le dice que él se ocupa de enseñarme.
Me pillan un par de trampas que tenía para salir airoso de los marrones en que a veces te meten los compañeros. Por ejemplo, el queso manchego es mi responsabilidad. Yo lo corto con la máquina, actividad que os aseguro es un verdadero martirio y un coñazo, para qué nos vamos a engañar. El caso es que mi partida o section, como lo llaman aquí, es responsable de proveerse a sí misma y al resto de partidas. Ellos llegan y se sirven lo que les haga falta ya sea queso, espárragos, jamón… Ya digo, Self service y búscate la vida primo. Y me ha asado varias veces el encontrarme sin algo de lo que yo creía, estaba sobradamente surtido. El caso es que me pillan con un Tupper de queso manchego y de mahón debajo del otro, que tengo abierto para “nutrir a las fieras”. Hay que joderse. Además tenía la ventaja de que, al estar a temperatura ambiente, no hevía que partirse la cara con él intentando separar las lonchas, heladas, unas de otras, que es un trabajo horroroso y sin satisfacción ninguna y que además, el jefe, no valora (porque hace mucho que a él o le pasa claro).
Me quedo con siente tuppers abiertos más lo que tengo en el cajón frigorífico de delante. Lo justo para salir del paso. Bueno, al menos gano espacio. Y el argumento principal ha sido que, de esta manera, si alguien tiene que venir a ayudarme, podrá encontrar las cosas fácilmente (porque yo sí que se donde escondo el material que no quiero que me quiten :-P)
El caso es que hoy se nota que todo me va mejor. Luego comentaré con Luis y confirmaré que, efectivamente, ha hablado con Jofra y le ha comentado que “el chaval ese, el del gorrito (sí, llevo un gorrito ¿Qué pasa?), a veces no te comprende. Como además está de espaldas y tiene un extractor rugiendo justo encima de su cabeza imagínate, primo como lo lleva el chiquillo. No se vuelve jilipollas porque tampoco tiene espacio para dar la vuelta”.
Esto acabará siendo una “Cocina feliz”.
Día trigésimo. Jueves 17.
Ayer me pasé por el curro a enterarme de a qué hora tenía que trabajar hoy jueves. Jofra no se había dado cuenta de que no había puesto nada de nada. Cuando le pregunté, al principio, puso cara rara, como si le estuviese tomando el pelo o yo fuese medio imbécil. Siendo honestos tampoco podemos descartar la segunda opción pero, personalmente, he descartado ambas. Si no estás de acuerdo puedes guardarte el comentario porque te aseguro que, en este blog, a nadie le interesa…
El caso es que me encontré a otro fulano vestido de cocinero y que me presentaron como Cameron. Como Jofra me ha comentado varias veces que quiere contratar a más gente he pensado que este sería el personaje.
Ni rastro.
Ahora para quién lo lea no tiene sentido pero yo estoy escribiendo con unos días de retraso, ya me he disculpado por ello así que si no te gusta, ponte tú a trabajar diez u once horas al día y luego lleva un blog. No te quedan fuerzas ni para pajas mentales y eso es tener muy pocas fuerzas. El caso es que no he tenido noticias del fulano desde entonces. Pero uno de los personajes de sala. Un camarero-maitre, que siempre me ha parecido un poco zalamero pero que parece conocer el oficio ha aparecido por la cocina a medio servicio con la equitación de combate para añadirse al grupo los fines de semana. Al principio me ha dado mala espina. Y eso que le he visto ser muy eficaz y eficiente en el servicio y la coordinación entre cocina y sala. Pero no tardo en darme cuenta del hallazgo. Después del servicio me entero de la verdad. Aquí el primo ha sido cocinero veinte años. Incluso antes estaba en esta cocina, ahora estudia para ser profesor de cocina. Como habla un español muy correcto me da algún que otro consejo y comentamos algunos aspectos del servicio como que muchas veces no me entero de lo que me dice Jofra. Mano de santo. Ya leeréis en la crónica de mañana como me empieza a ir todo sensiblemente mejor gracias a que Luis (le voy a llamar así) va a comentarle a Jofra que muchas veces no hago exactamente lo que me dicen, no por vacile, sino por pura incomunicación. La noche y el día. Os lo aseguro.
No es que me luzca mucho el pelo, pero entre que hay menos ajetreo y que parece que nos entendemos cada vez mejor la presión baja considerablemente.
Lo que si que empleo es demasiado tiempo socializando con desconocido en el Hostel antes de acostarme en lugar de actualizar crónicas o descansar.
El caso es que me encontré a otro fulano vestido de cocinero y que me presentaron como Cameron. Como Jofra me ha comentado varias veces que quiere contratar a más gente he pensado que este sería el personaje.
Ni rastro.
Ahora para quién lo lea no tiene sentido pero yo estoy escribiendo con unos días de retraso, ya me he disculpado por ello así que si no te gusta, ponte tú a trabajar diez u once horas al día y luego lleva un blog. No te quedan fuerzas ni para pajas mentales y eso es tener muy pocas fuerzas. El caso es que no he tenido noticias del fulano desde entonces. Pero uno de los personajes de sala. Un camarero-maitre, que siempre me ha parecido un poco zalamero pero que parece conocer el oficio ha aparecido por la cocina a medio servicio con la equitación de combate para añadirse al grupo los fines de semana. Al principio me ha dado mala espina. Y eso que le he visto ser muy eficaz y eficiente en el servicio y la coordinación entre cocina y sala. Pero no tardo en darme cuenta del hallazgo. Después del servicio me entero de la verdad. Aquí el primo ha sido cocinero veinte años. Incluso antes estaba en esta cocina, ahora estudia para ser profesor de cocina. Como habla un español muy correcto me da algún que otro consejo y comentamos algunos aspectos del servicio como que muchas veces no me entero de lo que me dice Jofra. Mano de santo. Ya leeréis en la crónica de mañana como me empieza a ir todo sensiblemente mejor gracias a que Luis (le voy a llamar así) va a comentarle a Jofra que muchas veces no hago exactamente lo que me dicen, no por vacile, sino por pura incomunicación. La noche y el día. Os lo aseguro.
No es que me luzca mucho el pelo, pero entre que hay menos ajetreo y que parece que nos entendemos cada vez mejor la presión baja considerablemente.
Lo que si que empleo es demasiado tiempo socializando con desconocido en el Hostel antes de acostarme en lugar de actualizar crónicas o descansar.
martes, 22 de septiembre de 2009
Día vigésimo noveno. Miércoles 16
Libro.
Además no sé si trabajo o libro mañana (el jueves). Tengo que pasarme por el restaurante para averiguarlo. Como ayer Jofra libraba no se lo pude comentar y no tengo ganas de llamarle por teléfono y pillarle en mal momento.
Por otro lado, por fin está aquí el dinero para el super piso que he encontrado. Tengo que arreglármelas para poder ir a que de den el justificante. Hablaré con el fulano a ver como quiere que le demuestre que tengo el dinero.
Me he pasado una semana pendiente de cómo arreglar las cosas para poder tener el suso dicho resguardo.
Hablo con el tipo de la oficina de Money Gram y me dice que existen criminales (dice criminales, yo los llamaría hijos de puta sin orejas como les pille), que estafan a al gente haciéndoles creer que no pueden perder su dinero.
Esto empieza a tener más sentido cada vez.
Me dice que bajo ningún concepto le diga a nadie el número de referencia o me pueden robar el dinero.
Le pregunto por unas oficinas bancarias y me da un par de reseñas. El plan sigue siendo el mismo solo que ahora noto la urgencia. Necesito una cuenta de banco donde meter el dinero que me ha llegado y que aún no he retirado.
Echo un rato en la oficina del Royal Bank of Scotland y me dicen lo que me hace falta para abrir una cuenta. Además quiero que esa cuenta me permita acceso desde Internet, tarjeta de pago en tiendas y cajeros y domiciliación de recibos.
Que tengo que presentar una certificación de mi domicilio aquí en Edimburgo.
Pues muy bien. Ahora pido una en el Hostel. La amable burocracia es la herramienta perfecta para hacerle a uno perder el tiempo inútilmente pues la semana pr´xima descubriré que la puñetera carta era una estúpida formalidad para que la niña que me atiende, que será muy guapa y educada pero no me es útil en absoluto y francamente, para eso prefiero que se ponga de camarera y con su bonita cara y sus amables modales, me ponga una cerveza o un té.
Pero estoy en fase de “me lo creo todo” así que sin conseguir algo tan elemental como que ventajas y diferencias tiene abrir una cuenta en este banco me voy a hacer perder el tiempo a la gente del Hostel con una carta que después no servirá para nada.
Bravo Vicky (así se llama la lumbrera que me ha atendido). Vas a llegar lejos, para desgracia de la mayoría.
A este punto, ya en el Hostel, me meto al correo y le cuento al fulano que he hacho todo lo que me ha dicho y que tengo el resguardo de la transferencia de pasta desde España. Que ya he metido mi dinero en un banco y que me diga como le enseño el resguardo (todo esto como os dareis cuenta me lo estaba inventando sobre la marcha) si dice que se encuentra en Italia.
El chiste continúa.
Me responde con maneras poco gentiles diciéndome que no era eso lo que me había dicho que tenía que hacer (mentira cochina, le ofrecí una transferencia pero le hubiese pillado la pasma). Que yo no tenía que retirar el dinero.
Le contesto que no me creo nada de lo que me cuenta, que he hecho exactamente lo que él me dijo (es cierto, si él es tan imbécil para no saber ni estafar a un cretino como yo es que es más cretino aún. Que se muera de hambre) y que no pienso dar nun paso más dados sus aparentes modales reales, que dejan mucho que desear en contra de lo que parecía en un principio.
Todavía tiene el aplomo (que no el cerebro) de responderme que quizá el piso no me interese y que me den.
Os aseguro que si me lo encuentro por la calle y tengo ocasión… le piso un cayo!!!.
Además no sé si trabajo o libro mañana (el jueves). Tengo que pasarme por el restaurante para averiguarlo. Como ayer Jofra libraba no se lo pude comentar y no tengo ganas de llamarle por teléfono y pillarle en mal momento.
Por otro lado, por fin está aquí el dinero para el super piso que he encontrado. Tengo que arreglármelas para poder ir a que de den el justificante. Hablaré con el fulano a ver como quiere que le demuestre que tengo el dinero.
Me he pasado una semana pendiente de cómo arreglar las cosas para poder tener el suso dicho resguardo.
Hablo con el tipo de la oficina de Money Gram y me dice que existen criminales (dice criminales, yo los llamaría hijos de puta sin orejas como les pille), que estafan a al gente haciéndoles creer que no pueden perder su dinero.
Esto empieza a tener más sentido cada vez.
Me dice que bajo ningún concepto le diga a nadie el número de referencia o me pueden robar el dinero.
Le pregunto por unas oficinas bancarias y me da un par de reseñas. El plan sigue siendo el mismo solo que ahora noto la urgencia. Necesito una cuenta de banco donde meter el dinero que me ha llegado y que aún no he retirado.
Echo un rato en la oficina del Royal Bank of Scotland y me dicen lo que me hace falta para abrir una cuenta. Además quiero que esa cuenta me permita acceso desde Internet, tarjeta de pago en tiendas y cajeros y domiciliación de recibos.
Que tengo que presentar una certificación de mi domicilio aquí en Edimburgo.
Pues muy bien. Ahora pido una en el Hostel. La amable burocracia es la herramienta perfecta para hacerle a uno perder el tiempo inútilmente pues la semana pr´xima descubriré que la puñetera carta era una estúpida formalidad para que la niña que me atiende, que será muy guapa y educada pero no me es útil en absoluto y francamente, para eso prefiero que se ponga de camarera y con su bonita cara y sus amables modales, me ponga una cerveza o un té.
Pero estoy en fase de “me lo creo todo” así que sin conseguir algo tan elemental como que ventajas y diferencias tiene abrir una cuenta en este banco me voy a hacer perder el tiempo a la gente del Hostel con una carta que después no servirá para nada.
Bravo Vicky (así se llama la lumbrera que me ha atendido). Vas a llegar lejos, para desgracia de la mayoría.
A este punto, ya en el Hostel, me meto al correo y le cuento al fulano que he hacho todo lo que me ha dicho y que tengo el resguardo de la transferencia de pasta desde España. Que ya he metido mi dinero en un banco y que me diga como le enseño el resguardo (todo esto como os dareis cuenta me lo estaba inventando sobre la marcha) si dice que se encuentra en Italia.
El chiste continúa.
Me responde con maneras poco gentiles diciéndome que no era eso lo que me había dicho que tenía que hacer (mentira cochina, le ofrecí una transferencia pero le hubiese pillado la pasma). Que yo no tenía que retirar el dinero.
Le contesto que no me creo nada de lo que me cuenta, que he hecho exactamente lo que él me dijo (es cierto, si él es tan imbécil para no saber ni estafar a un cretino como yo es que es más cretino aún. Que se muera de hambre) y que no pienso dar nun paso más dados sus aparentes modales reales, que dejan mucho que desear en contra de lo que parecía en un principio.
Todavía tiene el aplomo (que no el cerebro) de responderme que quizá el piso no me interese y que me den.
Os aseguro que si me lo encuentro por la calle y tengo ocasión… le piso un cayo!!!.
Día vigesimo octavo. Martes 15.
Trabajo desde las 12:00,
Me curro un Carrot Cake con la receta que me dan aquí.
Hoy Jofra libra por fin. A ver si vuelve más contento. McEllen ha vuelto de vacaciones. No le observo cambios pero es que solo pude trabajar con él dos o tres días antes de que se marchase.
En todo caso, la mayor parte del tiempo lo paso con Murdoc y la chica friegaplatos. Un sitio con tanta pretensión y descubro que no tienen cinamon (canela) en polvo. La que he tenido que montar para, literalmente, pulverizar una rama de canela. Ni siquiera hay un molinillo para molerla y claro, usar la trituradora o la batidora es como tratar de matar moscas a cañonazos y luego, en cima, tener un trofeo que llevarte a casa.
Pero el pastel sale. No está mal para ser mi primer carrot cake. Si sois buenos os hago uno.
Como es un día de más o menos poco trabajo, la mierda no me acaba llegando al cuello, pero ya me llegará. Tiempo al tiempo.
Sigo pendiente del dichoso piso y de unos ingresos que me tienen que llegar desde España. Además, quiero arreglar lo de tener una cuenta bancaria aquí que me permita desde tener tarjetas de crédito hasta hacer transferencias internacionales.
Lo bueno que tiene trabajar con McEllen es que no está dispuesto a echar más tiempo del absolutamente necesario. A media tarde se me ha acercado muy serio y me ha preguntado “David, do you smoke?” y yo le he contestado “No”, pero cayendo en el detalle le he especificado “But if you need a lighter…” y ha negado con la cabeza para después decirme “Have a break”. Traducido, “Oye primo, que si fumas” “no colega que me sienta mal a las almorranas y el colesterol” ” pero que si quieres fuego tengo para encender los fogones, chato. Que si se te ha apagado uno le damos vivilla en un momento”. “No. Tómate un descanso”.
Estaba apunto de tomarme un descanso cuando nos ha llegado un “Cheek on”. Currito, vamos. Así que mi descanso ha sido pospuesto indefinidamente…
Mientras, durante la tarde, he quedado con las chicas estas centroeuropeas y al salir del tajo nos vamos a timar un vino a un local de Jazz.
De hecho, no se donde está el garito y ya me estoy marchando para el Hostel cuando se me hace la luz y encuentro el camino.
Lo pasamos bien.
Me ha salido una posibilidad de alojamiento durante unos diez días, pero eso no me soluciona nada. Puede que la aproveche aunque solo sea para dormir un par de noches bien.
Como os podeis imaginar llego al Hostel para pocas crónicas…
Me curro un Carrot Cake con la receta que me dan aquí.
Hoy Jofra libra por fin. A ver si vuelve más contento. McEllen ha vuelto de vacaciones. No le observo cambios pero es que solo pude trabajar con él dos o tres días antes de que se marchase.
En todo caso, la mayor parte del tiempo lo paso con Murdoc y la chica friegaplatos. Un sitio con tanta pretensión y descubro que no tienen cinamon (canela) en polvo. La que he tenido que montar para, literalmente, pulverizar una rama de canela. Ni siquiera hay un molinillo para molerla y claro, usar la trituradora o la batidora es como tratar de matar moscas a cañonazos y luego, en cima, tener un trofeo que llevarte a casa.
Pero el pastel sale. No está mal para ser mi primer carrot cake. Si sois buenos os hago uno.
Como es un día de más o menos poco trabajo, la mierda no me acaba llegando al cuello, pero ya me llegará. Tiempo al tiempo.
Sigo pendiente del dichoso piso y de unos ingresos que me tienen que llegar desde España. Además, quiero arreglar lo de tener una cuenta bancaria aquí que me permita desde tener tarjetas de crédito hasta hacer transferencias internacionales.
Lo bueno que tiene trabajar con McEllen es que no está dispuesto a echar más tiempo del absolutamente necesario. A media tarde se me ha acercado muy serio y me ha preguntado “David, do you smoke?” y yo le he contestado “No”, pero cayendo en el detalle le he especificado “But if you need a lighter…” y ha negado con la cabeza para después decirme “Have a break”. Traducido, “Oye primo, que si fumas” “no colega que me sienta mal a las almorranas y el colesterol” ” pero que si quieres fuego tengo para encender los fogones, chato. Que si se te ha apagado uno le damos vivilla en un momento”. “No. Tómate un descanso”.
Estaba apunto de tomarme un descanso cuando nos ha llegado un “Cheek on”. Currito, vamos. Así que mi descanso ha sido pospuesto indefinidamente…
Mientras, durante la tarde, he quedado con las chicas estas centroeuropeas y al salir del tajo nos vamos a timar un vino a un local de Jazz.
De hecho, no se donde está el garito y ya me estoy marchando para el Hostel cuando se me hace la luz y encuentro el camino.
Lo pasamos bien.
Me ha salido una posibilidad de alojamiento durante unos diez días, pero eso no me soluciona nada. Puede que la aproveche aunque solo sea para dormir un par de noches bien.
Como os podeis imaginar llego al Hostel para pocas crónicas…
Día vigesimo séptimo. Lunes 14.
Sin resaca de cumpleaños ni movidas por el estilo.
He dormido poco pues me he quedado con el Internet y las movidas varias hasta tarde.
Tengo ganas de resolver el asunto del apartamento superchollo que parece que he encontrado. Por menos de trescientas libras, un apartamento con cocina completa (incluyendo secadora), baño, dormitorio y salón. Tiene toda la infraestructura que se pueda necesitar y más. Aunque las facturas y el puñetero council tax me suban a cuatrocientas libras los gastos, sigue siendo una ganga.
(…)
Ha habido una interrupción de cinco días en este artículo pues Me quedaba dormido con el primer párrafo de puro agotamiento.
El lunes lo he tenido libre y como he conocido a un tipo de Híspalis que parece muy tranquilo y majete, le he hecho un poco de guía. Además, está terminando filología inglesa y ha venido a estudiar un año aquí.
El caso es que me he ido a pasar por la oficina de asesoramiento laboral es, las de Carrers Scotland a la que iba los primeros días. Me ha venido que ni pintada su compañía. Resulta que en este país no se lleva lo de los convenios. Aquí negocias con tu patrón y después puedes, o tomar la puerta o tragas con lo que te echen. La verdad es que no es muy diferente de España, pero yo tenía la absurda idea de que este era un lugar más civilizado. Ahora me acuerdo de las tribus pictas y todo eso. El caso es que Ramón me dijo que todo según lo que decía el gobierno. Y ahora me pregunto a qué se refería. Si el gobierno no dice ni marca ninguna pauta será que todo según le de a él por hacerlo. Mi nuevo colega queda impresionado de la situación.
Echamos un buen rato, hora y pico o así, y nos vamos de compras. Le cuento un poco como va la cosa y volvemos al Hostel yo insito en comer algo.
Esto empieza a ser como una gran familia. Vamos saludando a la gente. Qué bonito.
Me meto en internet a tratar de arreglar el tema de el traspaso de fondos para alquilar el apartamento. Echo el resto de la tarde.
Acabamos el día tomando una cerveza y yo perdiendo el tiempo peleándome con internet. Estoy pendiente de la Ultramaravillosa transferencia de dinero desde España para hacer la operación del super piso. Tampoco tengo noticias del fulano que lo alquila así que me acabo acostando con la cabeza chirriando.
He dormido poco pues me he quedado con el Internet y las movidas varias hasta tarde.
Tengo ganas de resolver el asunto del apartamento superchollo que parece que he encontrado. Por menos de trescientas libras, un apartamento con cocina completa (incluyendo secadora), baño, dormitorio y salón. Tiene toda la infraestructura que se pueda necesitar y más. Aunque las facturas y el puñetero council tax me suban a cuatrocientas libras los gastos, sigue siendo una ganga.
(…)
Ha habido una interrupción de cinco días en este artículo pues Me quedaba dormido con el primer párrafo de puro agotamiento.
El lunes lo he tenido libre y como he conocido a un tipo de Híspalis que parece muy tranquilo y majete, le he hecho un poco de guía. Además, está terminando filología inglesa y ha venido a estudiar un año aquí.
El caso es que me he ido a pasar por la oficina de asesoramiento laboral es, las de Carrers Scotland a la que iba los primeros días. Me ha venido que ni pintada su compañía. Resulta que en este país no se lleva lo de los convenios. Aquí negocias con tu patrón y después puedes, o tomar la puerta o tragas con lo que te echen. La verdad es que no es muy diferente de España, pero yo tenía la absurda idea de que este era un lugar más civilizado. Ahora me acuerdo de las tribus pictas y todo eso. El caso es que Ramón me dijo que todo según lo que decía el gobierno. Y ahora me pregunto a qué se refería. Si el gobierno no dice ni marca ninguna pauta será que todo según le de a él por hacerlo. Mi nuevo colega queda impresionado de la situación.
Echamos un buen rato, hora y pico o así, y nos vamos de compras. Le cuento un poco como va la cosa y volvemos al Hostel yo insito en comer algo.
Esto empieza a ser como una gran familia. Vamos saludando a la gente. Qué bonito.
Me meto en internet a tratar de arreglar el tema de el traspaso de fondos para alquilar el apartamento. Echo el resto de la tarde.
Acabamos el día tomando una cerveza y yo perdiendo el tiempo peleándome con internet. Estoy pendiente de la Ultramaravillosa transferencia de dinero desde España para hacer la operación del super piso. Tampoco tengo noticias del fulano que lo alquila así que me acabo acostando con la cabeza chirriando.
Reproches del respetable.
Pues que estoy recibiendo algún reproche, cosa que está muy bien, porque no he publicado nada esta última semana. Tampoco es que tenga el correo a reventar de inquietos lectores pidiendome más y más líneas. Se han quejado tres y creo que solo uno está suscrito al blog.
Vamos. Que mi respetable "lectorado" duerme bien publique o no mi menda sus andanzas por estos mundos.
No si, ya veo que se me echa. De menos y de más.
Gracias por vuestra inquietud que os impide escribir por miedo a que no tengais respuesta sino de la policía diciendo "no hemos encontrado ni rastro"...
Ahora más en serio.
Para aquellos que se han inquietado, mis disculpas por no haber dado señales de ningún tipo. Para todos los demás. Gracias por estar ahí. Se que muchos, sin estar suscritos, echais un ojo de vez en cuando, a ver que ha puesto el fulano este que se nos ha ido al extrarradio y por experiencia también se lo frustarante que resulta no encontrar ninguna noticia.
Que sepais todos que vuestros correos son bienvenidos.
Esta semana ha sido de lo poco que he mirado (Sí, el caralibro lo he mirado pero abriendo los correos que me llegaban y nunca extendiéndome más de lo justo para contestar a algún comentario caústico). H escrit oalgunas líneas pero muy poco.
Toso esto se ha debido en parte a la búsqueda de piso, que continúa sin demasiados resultados, así como al trbajo, que me ocupa como ya sabeis un buen montón de horas y no siempre estoy en condiciones, al volver o al levantarme, de escribir nada.
En todo caso, trataré de iros poniendo al día poco a poco de lo que me va pasando. Comentarios siempre bienvenidos.
Correos incluso deseados.
Voy a ver si consigo mantenerme despierto para escribir y publicar andanzas de la semana pasada.
recuerdos y un fuerte abrazo,
Vamos. Que mi respetable "lectorado" duerme bien publique o no mi menda sus andanzas por estos mundos.
No si, ya veo que se me echa. De menos y de más.
Gracias por vuestra inquietud que os impide escribir por miedo a que no tengais respuesta sino de la policía diciendo "no hemos encontrado ni rastro"...
Ahora más en serio.
Para aquellos que se han inquietado, mis disculpas por no haber dado señales de ningún tipo. Para todos los demás. Gracias por estar ahí. Se que muchos, sin estar suscritos, echais un ojo de vez en cuando, a ver que ha puesto el fulano este que se nos ha ido al extrarradio y por experiencia también se lo frustarante que resulta no encontrar ninguna noticia.
Que sepais todos que vuestros correos son bienvenidos.
Esta semana ha sido de lo poco que he mirado (Sí, el caralibro lo he mirado pero abriendo los correos que me llegaban y nunca extendiéndome más de lo justo para contestar a algún comentario caústico). H escrit oalgunas líneas pero muy poco.
Toso esto se ha debido en parte a la búsqueda de piso, que continúa sin demasiados resultados, así como al trbajo, que me ocupa como ya sabeis un buen montón de horas y no siempre estoy en condiciones, al volver o al levantarme, de escribir nada.
En todo caso, trataré de iros poniendo al día poco a poco de lo que me va pasando. Comentarios siempre bienvenidos.
Correos incluso deseados.
Voy a ver si consigo mantenerme despierto para escribir y publicar andanzas de la semana pasada.
recuerdos y un fuerte abrazo,
martes, 15 de septiembre de 2009
Día vigesimosexto. Domingo 13
Hoy tenía que ser un gran día.
Por fuerza, no había remedio. Se conmemora, como ya ofrecí en primicia ayer, el aniversario de mi venida al mundo.
Aleluya!!!
Amanezco relativamente pronto, pues os recuerdo que me acosté muy, muy tarde. Me doy una buena ducha y me subo a darle a la tecla en el ordenador mientras hago tiempo para que llegue mi acompañante para la comida. Le he dicho a este encantador angelito que es el cumpleaños de mi hermano y no tengo intención de arruinarme el día encontrándome con él. Ni tan siquiera hablar con él. Se le puede ocurrir hablar a él y si apuesto mi vida a que dirá algo desagradable moriré muy viejo.
Aprovecho para actualizar un poco las crónicas, que últimamente, las jornadas en las que trabajo, no me encuentro con energía para ponerlas al día. Con los minutos de retraso preceptivos en una acompañante femenina, aparece mi compañera de mesa. No tiene mal aspecto a pesar de que no le he dejado dormir demasiado, pero que esperabais, uno se rodea de lo mejor y solo de lo mejor. Y lo mejor tiene buen aspecto aunque arrastre una resaca de órdago (que no es el caso). Me informo a través de mi chica del staff del hostel preferida de un buen sitio para ir a comer y le digo que para celebrar que me han dado el National Inssurance Number. Como la moza estaba presente ayer cuando recibí la carta, y hasta me felicitó por ser ya un “trabajador del Reino Unido” pues nos indica un sitio que a ella le gusta mucho e incluso le pido que nos sugiera qué hemos de pedir. Esta es la misma chica que cuando me desaparecieron los chocolates, se dispuso rauda a hacerme entrega de una hermosa colección par ami disfrute personal. Yo, de hecho, le había comprado una caja como la que me desapareció que aún conservo pues no he tenido ocasión de entregársela. Me entero además de que se va a ir a España seis semanas a hacer el Camino de Santiago este lunes (mañana) así que tomo nota mental de entregarle los chocolates cuanto antes.
Por el camino el angelito me pregunta si de verdad no voy a llamar a mi hermano. Le digo que no, que quiero disfrutar del día en paz y sin agresiones ni brusquedades verbales de ningún tipo. De hecho no pienso mandar ni un mensaje por si al otro le da por responderlo con una llamada y se me estropea el día. Aquí viene la parte en la que le explico que también me puede llamar Pandoro a mí.
Se sorprende.
Le explico que también es mi cumpleaños y que quiero disfrutar del día en paz y buena compañía. Como ya está liada para comer conmigo entiendo que se lo toma como un elogio a su compañía, que, de hecho, es lo que es.
El sitio resulta estupendo. Los camareros, encantadores y la comida sabrosa (con un punto de salazón de más para mi gusto y quizá un poco pesada, pero muy sabrosa en general).
Mi padre me llama durante la comida para felicitarme.
Así da gusto.
Charlo con él unos breves minutos, en los que me comenta que no tiene el teléfono de Pandoro para tratar de felicitarle. Se lo intento buscar en mi móvil pero como es raro como un perro a cuadros (mi móvil, no mi padre) no consigo dar con él sin arriesgarme a cortar tan tierna llamada (sin sarcasmo. A Pandoro que le zurzan. Yo no cuelgo a mi padre después de que se está gastando una pasta en llamarme al exilio). Le comento, no obstante, que tengo compañía delante. Compañía femenina y de muy buen ver por supuesto.
Se hace cargo y consigo que deje de arruinarse con esta llamada telefónica (hago nota mental de llamarle a lo largo de la semana.
El angelito y yo no llegamos a los postres. Estamos que reventamos y ella, además, tiene que trabajar a las seis de la tarde con lo que mi rato de intensa satisfacción toca a su fin.
Me voy a la sala Griffindor a escribir crónicas y actualizar el blog. Me acabo entreteniendo con la gente alrededor y peleándome con la conexión a internet que es cada día más infame.
Echo la tarde sin darme cuenta y gran parte de la noche.
Chateo con la gente cuando la conexión lo permite y me abstengo de ir a misa de ocho.
Un día tranquilo para celebrar que llevo aquí, en este mundo, veintitrés años…bueno, quizá han bailado las cifras…
Por fuerza, no había remedio. Se conmemora, como ya ofrecí en primicia ayer, el aniversario de mi venida al mundo.
Aleluya!!!
Amanezco relativamente pronto, pues os recuerdo que me acosté muy, muy tarde. Me doy una buena ducha y me subo a darle a la tecla en el ordenador mientras hago tiempo para que llegue mi acompañante para la comida. Le he dicho a este encantador angelito que es el cumpleaños de mi hermano y no tengo intención de arruinarme el día encontrándome con él. Ni tan siquiera hablar con él. Se le puede ocurrir hablar a él y si apuesto mi vida a que dirá algo desagradable moriré muy viejo.
Aprovecho para actualizar un poco las crónicas, que últimamente, las jornadas en las que trabajo, no me encuentro con energía para ponerlas al día. Con los minutos de retraso preceptivos en una acompañante femenina, aparece mi compañera de mesa. No tiene mal aspecto a pesar de que no le he dejado dormir demasiado, pero que esperabais, uno se rodea de lo mejor y solo de lo mejor. Y lo mejor tiene buen aspecto aunque arrastre una resaca de órdago (que no es el caso). Me informo a través de mi chica del staff del hostel preferida de un buen sitio para ir a comer y le digo que para celebrar que me han dado el National Inssurance Number. Como la moza estaba presente ayer cuando recibí la carta, y hasta me felicitó por ser ya un “trabajador del Reino Unido” pues nos indica un sitio que a ella le gusta mucho e incluso le pido que nos sugiera qué hemos de pedir. Esta es la misma chica que cuando me desaparecieron los chocolates, se dispuso rauda a hacerme entrega de una hermosa colección par ami disfrute personal. Yo, de hecho, le había comprado una caja como la que me desapareció que aún conservo pues no he tenido ocasión de entregársela. Me entero además de que se va a ir a España seis semanas a hacer el Camino de Santiago este lunes (mañana) así que tomo nota mental de entregarle los chocolates cuanto antes.
Por el camino el angelito me pregunta si de verdad no voy a llamar a mi hermano. Le digo que no, que quiero disfrutar del día en paz y sin agresiones ni brusquedades verbales de ningún tipo. De hecho no pienso mandar ni un mensaje por si al otro le da por responderlo con una llamada y se me estropea el día. Aquí viene la parte en la que le explico que también me puede llamar Pandoro a mí.
Se sorprende.
Le explico que también es mi cumpleaños y que quiero disfrutar del día en paz y buena compañía. Como ya está liada para comer conmigo entiendo que se lo toma como un elogio a su compañía, que, de hecho, es lo que es.
El sitio resulta estupendo. Los camareros, encantadores y la comida sabrosa (con un punto de salazón de más para mi gusto y quizá un poco pesada, pero muy sabrosa en general).
Mi padre me llama durante la comida para felicitarme.
Así da gusto.
Charlo con él unos breves minutos, en los que me comenta que no tiene el teléfono de Pandoro para tratar de felicitarle. Se lo intento buscar en mi móvil pero como es raro como un perro a cuadros (mi móvil, no mi padre) no consigo dar con él sin arriesgarme a cortar tan tierna llamada (sin sarcasmo. A Pandoro que le zurzan. Yo no cuelgo a mi padre después de que se está gastando una pasta en llamarme al exilio). Le comento, no obstante, que tengo compañía delante. Compañía femenina y de muy buen ver por supuesto.
Se hace cargo y consigo que deje de arruinarse con esta llamada telefónica (hago nota mental de llamarle a lo largo de la semana.
El angelito y yo no llegamos a los postres. Estamos que reventamos y ella, además, tiene que trabajar a las seis de la tarde con lo que mi rato de intensa satisfacción toca a su fin.
Me voy a la sala Griffindor a escribir crónicas y actualizar el blog. Me acabo entreteniendo con la gente alrededor y peleándome con la conexión a internet que es cada día más infame.
Echo la tarde sin darme cuenta y gran parte de la noche.
Chateo con la gente cuando la conexión lo permite y me abstengo de ir a misa de ocho.
Un día tranquilo para celebrar que llevo aquí, en este mundo, veintitrés años…bueno, quizá han bailado las cifras…
lunes, 14 de septiembre de 2009
Día vigésimo quinto. Sábado 12.
¡¡¡Despierta!!!
Eso es lo que me dice Jofra.
Lo que yo te diga, primo. Como no me espabile voy a lamentar haber encontrado trabajo y todo, pero cometo una serie de errores que me dan ganas de darme de puñetazos. Pero entonces puede que, en lugar de pensar que soy jilipollas se den cuenta de que de verdad lo soy y por ahí no paso, que uno tiene su reputación. Que no puedan decir sin lugar a dudas nada de esto, solo que lo opinen.
No tengo demasiados marrones de servicio pero otras cosas me pillan con la guardia baja, por ejemplo, no importa que calcule con un montón de tiempo extra lo que tengo que hacer y tener preparado. Siempre me toma más tiempo. Por el camino, Murdoc me hace algunas indicaciones horriblemente acertadas sobre “te vas a quedar sin esto”, “ te puede pasar aquello” y yo con la faena a medias. Pero claro, la experiencia es un grado y mis primos se conocen el paño de este sitio hasta tal punto que se las huelen (algunas les pillan pero bien, pero otras las clavan los cabrones). Trato no de correr sino de volar. Lo hago con la misma gracia que un perro que se despeña.
Me curro una supersalsa de Romescu que te cagas, pero me lleva media mañana (me lleva toda la puta mañana) pero soy una herramienta multitarea, he montado unas tortillas de patata que te cagas (el mix lo preparé ayer), he cortado embutido en cantidad para la superfiesta de hoy. Monto una macedonia de frutas del bosque, Procuro reponer mis stocks… pretendía dejar listos los mix para ensaladas pero me vuelve a pillar el crono fuera de juego. Jofra nos llama a Murdoc y a mí a capítulo. Nos explica los pormenores de la fiesta y tal y me dice exactamente lo que espera de mí. Yo, creo que entero, le digo que sí.
Como hoy trabajo hasta las 15:00 y luego he de volver a las 18:00 pues trato de dejar el máximo de cosas listas antes del descanso pero el servicio es el servicio y la gente, para regocijo de la caja del jefe, no para de pedir cosas. He perdido un tiempo precioso con unos puñeteros ajos para descubrir después que Murdoc había puesto a Gani a pelar dientes de ajo.
Por fin, a las 15:40 estoy casi saliendo cuando comento con Jofra, ya en el “vestuario” lo que dejo pendiente. Me hace un par de preguntas estratégicas y me pilla en una pifia. “¿Hay o no hay de esto cortado?” “Pues tengo que bajar a verlo” “Si no lo hay dímelo ahora para que lo hagamos mientras no estás (mentira no les va a dar tiempo), pero si te veo sacar durante el servicio la cortadora (una mierda de cacharro que intenta rebanarnos lo que pilla por medio), os saco a los dos al jardin trasero, te hago lonchas y te pego fuego”. La verdad es que lo doce muy serio pero me hace gracia la forma de expresarlo. Además tiene razón el muy cabrón. Si estoy empanado, muy bien pero que el trabajo no se resienta por ello.
Me voy a descansar y me encuentro en el correo con la respuesta al anuncio de piso ese que parecía muy bueno. Me manda unas fotos y el sitio no tiene mala pinta en absoluto. Si puedo lo pillo. Respondo volando y recibo a mi vez otra respuesta. El tipo está fuera del reino unido pero si le demuestro solvencia está dispuesto a cogerse un avión para acá, sin compromiso por mi parte y si me sigue gustando y a él le parece bien, me quedo con el sitio. A ver si me lo monto bien.
Vuelvo al curro un poco justo de tiempo pero lo del piso me ha desconcertado positivamente.
Compruebo que efectivamente nadie ha podido cortar queso.
Hago un rápido balance de lo que tengo por delante y no doy ni una (bueno, alguna si acierto, de hecho acierto un huevo, pero como son muchas más las faenas pendientes, por superioridad de fuerza ganan las cagadas).
Al rato, cuando he montado las ristras de espárragos como me indicó el otro día que las montamos para los grandes eventos, me pregunta que donde está la otra ristra para la otra fiesta. Vuelta al tiempo de “mi cara es un poema” “¿Otra fiesta?¿A parte de la que comentábamos antes?””No. La otra fiesta que os estaba comentando antes” (Ay)
(Ay)
(Ay, Ay)
(Ay, Ay, Ay)
Vale
Seamos constructivos. Si hay que montar otras ristras de espárragos para veinticuatro a parte de las que ya he montado para treinta y cinco, se montan y en paz. Pero ¿Qué hay de los embutidos? Me lo cuenta en extranjero, que es lo que mejor habla y chimpún.
Todo queda organizado y lo monto como me ha contado. Luego descubriremos con fascinación que no había queso previsto en el menú de una de las fiestas. Mejor. Como casi no me quedaba del de Mahón un parche menos que hay que poner.
La fiesta tiene el Menchú previsto y con la experiencia de Jofra y Murdoc la cosa va más o menos rodada, pero la parte de arriba del bar de tapas, donde no hay fiesta, sigue abierta y creo que una parte del otro restaurante (sí amiguitos, damos servicio a dos locales a la vez. Somos la caña) también tiene público externo a la fiesta.
El caso es que en algún momento se me queda un rato muerto en el que no tengo mejor cosa que hacer que despejar mi cubierta para el siguiente zafarrancho de combate. En una de estas me pongo a redactar lo que va a ser necesario preparar al día siguiente y a Jofra casi le da algo. Está muy atareado y me pone a servir unos platos de mejillones. Vale. Empezamos a entendernos ¿qué más jefe? “Hazme tres nueces de puré de patata puestas en diagonal sobre este plato” “Aye, aye” “ahora pon encima de cada una uno de estos medios riñones” “¿Echo la salsa sobrante por encima?” “Sí”.
Si es que cuando me hablan claro y me ponen a hacer cosas con lógica estorbo menos.
Ayudo en lo que puedo hasta que me salen servicios propios y sin demasiado desastre consigo llegar al fin del servicio. Jofra no tiene motivos para estar contento pero no ha habido males mayores. Además le voy cogiendo el tranquillo al personaje. Por lo menos sé que, si surge la ocasión puedo tratar de realizar alguna tarea que me indique de su partida. Es el primer paso para enterarme del resto de trabajo que llevan las otras partidas y aunque ahora, a duras penas domino la mía, tengo que irme aprendiendo todos los servicios lo más ligero que pueda.
Me entero de que el lunes me lo dan libre y me vuelvo al Hostel a darme una ducha y salir por ahí con una chica que me ha invitado a tomar algo con unos amigos suyos. Acabo tarde, después de pasar un rato en una casa, otro en un café para noctámbulos donde he tomado algo de comer y mucho tiempo en la calle pateando.
En el salón del Hostel nos tomamos la última taza de té y nos retiramos a descansar mañana tengo cita par comer con una chica y conmemorar el día de mi nacimiento Amén.
Eso es lo que me dice Jofra.
Lo que yo te diga, primo. Como no me espabile voy a lamentar haber encontrado trabajo y todo, pero cometo una serie de errores que me dan ganas de darme de puñetazos. Pero entonces puede que, en lugar de pensar que soy jilipollas se den cuenta de que de verdad lo soy y por ahí no paso, que uno tiene su reputación. Que no puedan decir sin lugar a dudas nada de esto, solo que lo opinen.
No tengo demasiados marrones de servicio pero otras cosas me pillan con la guardia baja, por ejemplo, no importa que calcule con un montón de tiempo extra lo que tengo que hacer y tener preparado. Siempre me toma más tiempo. Por el camino, Murdoc me hace algunas indicaciones horriblemente acertadas sobre “te vas a quedar sin esto”, “ te puede pasar aquello” y yo con la faena a medias. Pero claro, la experiencia es un grado y mis primos se conocen el paño de este sitio hasta tal punto que se las huelen (algunas les pillan pero bien, pero otras las clavan los cabrones). Trato no de correr sino de volar. Lo hago con la misma gracia que un perro que se despeña.
Me curro una supersalsa de Romescu que te cagas, pero me lleva media mañana (me lleva toda la puta mañana) pero soy una herramienta multitarea, he montado unas tortillas de patata que te cagas (el mix lo preparé ayer), he cortado embutido en cantidad para la superfiesta de hoy. Monto una macedonia de frutas del bosque, Procuro reponer mis stocks… pretendía dejar listos los mix para ensaladas pero me vuelve a pillar el crono fuera de juego. Jofra nos llama a Murdoc y a mí a capítulo. Nos explica los pormenores de la fiesta y tal y me dice exactamente lo que espera de mí. Yo, creo que entero, le digo que sí.
Como hoy trabajo hasta las 15:00 y luego he de volver a las 18:00 pues trato de dejar el máximo de cosas listas antes del descanso pero el servicio es el servicio y la gente, para regocijo de la caja del jefe, no para de pedir cosas. He perdido un tiempo precioso con unos puñeteros ajos para descubrir después que Murdoc había puesto a Gani a pelar dientes de ajo.
Por fin, a las 15:40 estoy casi saliendo cuando comento con Jofra, ya en el “vestuario” lo que dejo pendiente. Me hace un par de preguntas estratégicas y me pilla en una pifia. “¿Hay o no hay de esto cortado?” “Pues tengo que bajar a verlo” “Si no lo hay dímelo ahora para que lo hagamos mientras no estás (mentira no les va a dar tiempo), pero si te veo sacar durante el servicio la cortadora (una mierda de cacharro que intenta rebanarnos lo que pilla por medio), os saco a los dos al jardin trasero, te hago lonchas y te pego fuego”. La verdad es que lo doce muy serio pero me hace gracia la forma de expresarlo. Además tiene razón el muy cabrón. Si estoy empanado, muy bien pero que el trabajo no se resienta por ello.
Me voy a descansar y me encuentro en el correo con la respuesta al anuncio de piso ese que parecía muy bueno. Me manda unas fotos y el sitio no tiene mala pinta en absoluto. Si puedo lo pillo. Respondo volando y recibo a mi vez otra respuesta. El tipo está fuera del reino unido pero si le demuestro solvencia está dispuesto a cogerse un avión para acá, sin compromiso por mi parte y si me sigue gustando y a él le parece bien, me quedo con el sitio. A ver si me lo monto bien.
Vuelvo al curro un poco justo de tiempo pero lo del piso me ha desconcertado positivamente.
Compruebo que efectivamente nadie ha podido cortar queso.
Hago un rápido balance de lo que tengo por delante y no doy ni una (bueno, alguna si acierto, de hecho acierto un huevo, pero como son muchas más las faenas pendientes, por superioridad de fuerza ganan las cagadas).
Al rato, cuando he montado las ristras de espárragos como me indicó el otro día que las montamos para los grandes eventos, me pregunta que donde está la otra ristra para la otra fiesta. Vuelta al tiempo de “mi cara es un poema” “¿Otra fiesta?¿A parte de la que comentábamos antes?””No. La otra fiesta que os estaba comentando antes” (Ay)
(Ay)
(Ay, Ay)
(Ay, Ay, Ay)
Vale
Seamos constructivos. Si hay que montar otras ristras de espárragos para veinticuatro a parte de las que ya he montado para treinta y cinco, se montan y en paz. Pero ¿Qué hay de los embutidos? Me lo cuenta en extranjero, que es lo que mejor habla y chimpún.
Todo queda organizado y lo monto como me ha contado. Luego descubriremos con fascinación que no había queso previsto en el menú de una de las fiestas. Mejor. Como casi no me quedaba del de Mahón un parche menos que hay que poner.
La fiesta tiene el Menchú previsto y con la experiencia de Jofra y Murdoc la cosa va más o menos rodada, pero la parte de arriba del bar de tapas, donde no hay fiesta, sigue abierta y creo que una parte del otro restaurante (sí amiguitos, damos servicio a dos locales a la vez. Somos la caña) también tiene público externo a la fiesta.
El caso es que en algún momento se me queda un rato muerto en el que no tengo mejor cosa que hacer que despejar mi cubierta para el siguiente zafarrancho de combate. En una de estas me pongo a redactar lo que va a ser necesario preparar al día siguiente y a Jofra casi le da algo. Está muy atareado y me pone a servir unos platos de mejillones. Vale. Empezamos a entendernos ¿qué más jefe? “Hazme tres nueces de puré de patata puestas en diagonal sobre este plato” “Aye, aye” “ahora pon encima de cada una uno de estos medios riñones” “¿Echo la salsa sobrante por encima?” “Sí”.
Si es que cuando me hablan claro y me ponen a hacer cosas con lógica estorbo menos.
Ayudo en lo que puedo hasta que me salen servicios propios y sin demasiado desastre consigo llegar al fin del servicio. Jofra no tiene motivos para estar contento pero no ha habido males mayores. Además le voy cogiendo el tranquillo al personaje. Por lo menos sé que, si surge la ocasión puedo tratar de realizar alguna tarea que me indique de su partida. Es el primer paso para enterarme del resto de trabajo que llevan las otras partidas y aunque ahora, a duras penas domino la mía, tengo que irme aprendiendo todos los servicios lo más ligero que pueda.
Me entero de que el lunes me lo dan libre y me vuelvo al Hostel a darme una ducha y salir por ahí con una chica que me ha invitado a tomar algo con unos amigos suyos. Acabo tarde, después de pasar un rato en una casa, otro en un café para noctámbulos donde he tomado algo de comer y mucho tiempo en la calle pateando.
En el salón del Hostel nos tomamos la última taza de té y nos retiramos a descansar mañana tengo cita par comer con una chica y conmemorar el día de mi nacimiento Amén.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Día vigésimo cuarto. Viernes 11.
No lo estoy llevando tan bien como debería.
Vuelvo a los tiempos del stress con el trabajo. Especifico que CON el trabajo que no EN EL trabajo, pues es muy distinto. El otro día me sorprendí soñando con el servicio y con que tenía que ir marchando platos y no daba abasto. Mala señal. Pero pasará. En cuanto consiga automatizar una serie de funciones y no tenga pensar en ellas. Esto es como cuando daba check ins dormido y me tenían que hacer callar. O cuando soñaba que iba conduciendo y no me funcionaban los pedales. En ambos casos he conseguido seguir vivo. En las recepciones he podido trabajar hasta que literalmente me he hartado y no me he matado con el coche. Todo va bien y sigue su curso natural (hay que joderse con el puto curso natural). Lo que me falta es descanso en condiciones. En el Hostel no se está mal pero lo de compartir habitación con otros once y que estos once no tengan los mismos horarios que tú es una putada. Cada uno se acuesta a una hora y no sabes el grado de pan que lleva alrededor. Lo empanado que está vamos. Que no es culpa de cada uno, que llegas al Hostel y lo flipas a base de bien. Si no te has enterado, descubres que si llegas a partir de cierta hora las luces de la habitación están apagadas y que a partir de otra hora, lo que te parten si enciendes la luz es la cara. Normal. Si cada fulano que entra en el cuarto le da a la luz aquí no duerme ni su p…a madre. A parte de que la luz iba a durar bien poco. No es que se fuera a fundir, ahora las bombillas las hacen para durar, pero no creo que sobreviviese a mis zapatazos… o martillazos o botellazos, o lo que hiciese falta. Y eso que no me molesta demasiado la luz para dormir.
La segunda parte del Chow la proporcionan los ruidos de la puerta al cerrarse (como va con llave da portazo y suena el CLING!!! del cerrojo al saltar). Casi nada primo, pero como todos ya supondréis no es el final, luego están los múltiples sonidos. Y es que la humanidad a dado saltos agigantados en lo que se refiere a personalizar los ruidos que le acompañan en su rutina diaria. Aquellos lejanos tiempos en los que uno simplemente usaba un despertador o le avisaban de que tenía una llamada en la cabina de recepción… Qué lejos quedan. Ahora cada uno va con su mancuentrosupermediainteractivofashiontotal, con todos lo necesario, e innecesario para la vida, moderna o antigua, igual da. Pero es el caso que en cualquier momento empiezan a sonar ruidos, pitidos, musiquillas… lo que uno quiera, vamos. Si no te despierta uno lo hace el otro. Aunque si estás de suerte te toca un pleno y te despiertan todos. Mucho mejor. Como ahora todos tienen vibrador al darte por culo, de paso, te lo ensanchan. Al levantarte puedes ir al baño, sentarte en el trono y vaciarte con una facilidad que casi podemos suprimir la fibra de la dieta a ver si no vamos a retener nada de nada y nos demos la vuelta.
Pero parece que hay luz al final del túnel. He visto un anuncio de un pequeño apartamento no lejos del centro que me sale por unas 300 libras al mes. Como esto incluya gastos, si me meto no me sacan si no es con el SAS. Lo malo es que llevará algo de tiempo arreglar las cosas para poder cogerlo. Ya veremos. Por ahora estoy con el primer intercambio de correos, pero el sitio parece muy bien surtido.
Tengo el día tonto en el trabajo. Ayer hubo una fiesta y no estuve especialmente brillante (eso creo que no lo conté). También me avisaron de otra fiesta para mañana sábado y más me vale ponerme un poquito las pilas. Por lo pronto ya he hablado con Jofra sobre hacer salsa Romescu (está mejor de lo que yo pensaba) para un regimiento y parece de acuerdo (lógico, si no nos va a pillar el toro y vamos a tener que llevar kilt para que nos de bien el aire y se nos sequen los puntos del culo). Sigo cogiendo detalles del servicio en esta cocina. Estoy viendo, ya lo decía al principio, que me va a pasar como con la recepción, primero un sitio de batalla campal para templar el acero ardiente en agua helada, después lo cortará absolutamente todo, se ponga Crom como se ponga…
Lo malo con estas cosas, una de mis citas predilectas, que casi nunca viene al caso, es que hasta que el rabo pasa, todo es toro (gracias Don Arturo). Y menudo bicho. Pero estamos aquí para torear.
Vuelvo a los tiempos del stress con el trabajo. Especifico que CON el trabajo que no EN EL trabajo, pues es muy distinto. El otro día me sorprendí soñando con el servicio y con que tenía que ir marchando platos y no daba abasto. Mala señal. Pero pasará. En cuanto consiga automatizar una serie de funciones y no tenga pensar en ellas. Esto es como cuando daba check ins dormido y me tenían que hacer callar. O cuando soñaba que iba conduciendo y no me funcionaban los pedales. En ambos casos he conseguido seguir vivo. En las recepciones he podido trabajar hasta que literalmente me he hartado y no me he matado con el coche. Todo va bien y sigue su curso natural (hay que joderse con el puto curso natural). Lo que me falta es descanso en condiciones. En el Hostel no se está mal pero lo de compartir habitación con otros once y que estos once no tengan los mismos horarios que tú es una putada. Cada uno se acuesta a una hora y no sabes el grado de pan que lleva alrededor. Lo empanado que está vamos. Que no es culpa de cada uno, que llegas al Hostel y lo flipas a base de bien. Si no te has enterado, descubres que si llegas a partir de cierta hora las luces de la habitación están apagadas y que a partir de otra hora, lo que te parten si enciendes la luz es la cara. Normal. Si cada fulano que entra en el cuarto le da a la luz aquí no duerme ni su p…a madre. A parte de que la luz iba a durar bien poco. No es que se fuera a fundir, ahora las bombillas las hacen para durar, pero no creo que sobreviviese a mis zapatazos… o martillazos o botellazos, o lo que hiciese falta. Y eso que no me molesta demasiado la luz para dormir.
La segunda parte del Chow la proporcionan los ruidos de la puerta al cerrarse (como va con llave da portazo y suena el CLING!!! del cerrojo al saltar). Casi nada primo, pero como todos ya supondréis no es el final, luego están los múltiples sonidos. Y es que la humanidad a dado saltos agigantados en lo que se refiere a personalizar los ruidos que le acompañan en su rutina diaria. Aquellos lejanos tiempos en los que uno simplemente usaba un despertador o le avisaban de que tenía una llamada en la cabina de recepción… Qué lejos quedan. Ahora cada uno va con su mancuentrosupermediainteractivofashiontotal, con todos lo necesario, e innecesario para la vida, moderna o antigua, igual da. Pero es el caso que en cualquier momento empiezan a sonar ruidos, pitidos, musiquillas… lo que uno quiera, vamos. Si no te despierta uno lo hace el otro. Aunque si estás de suerte te toca un pleno y te despiertan todos. Mucho mejor. Como ahora todos tienen vibrador al darte por culo, de paso, te lo ensanchan. Al levantarte puedes ir al baño, sentarte en el trono y vaciarte con una facilidad que casi podemos suprimir la fibra de la dieta a ver si no vamos a retener nada de nada y nos demos la vuelta.
Pero parece que hay luz al final del túnel. He visto un anuncio de un pequeño apartamento no lejos del centro que me sale por unas 300 libras al mes. Como esto incluya gastos, si me meto no me sacan si no es con el SAS. Lo malo es que llevará algo de tiempo arreglar las cosas para poder cogerlo. Ya veremos. Por ahora estoy con el primer intercambio de correos, pero el sitio parece muy bien surtido.
Tengo el día tonto en el trabajo. Ayer hubo una fiesta y no estuve especialmente brillante (eso creo que no lo conté). También me avisaron de otra fiesta para mañana sábado y más me vale ponerme un poquito las pilas. Por lo pronto ya he hablado con Jofra sobre hacer salsa Romescu (está mejor de lo que yo pensaba) para un regimiento y parece de acuerdo (lógico, si no nos va a pillar el toro y vamos a tener que llevar kilt para que nos de bien el aire y se nos sequen los puntos del culo). Sigo cogiendo detalles del servicio en esta cocina. Estoy viendo, ya lo decía al principio, que me va a pasar como con la recepción, primero un sitio de batalla campal para templar el acero ardiente en agua helada, después lo cortará absolutamente todo, se ponga Crom como se ponga…
Lo malo con estas cosas, una de mis citas predilectas, que casi nunca viene al caso, es que hasta que el rabo pasa, todo es toro (gracias Don Arturo). Y menudo bicho. Pero estamos aquí para torear.
Día vigésimo tercero. Jueves 10.
El cumpleaños de papá.
Felicidades papá.
Ya son unos cuantos y estás como una rosa. A ver si he heredado esos genes.
Para resumir. Me las vuelven a dar todas en el mismo lado en el curro. Ayer no terminé de organizar la película y hoy, lo que no estaba hecho de ayer no lo ha resuelto ningún hada por la noche. Además, ha habido algo más de movimiento (pero tampoco gran cosa). Tengo que ir mucho más rápido con todo lo que hago. No se como lo voy a conseguir pero encontraré la manera.
La nueva compañera que está de freganchín me dijo el otro día durante el servicio mientras Jofra estaba muy serio “what hapends alter the kitchen that´s real life”. Le hubiera contestado que “real life es lo que pasa en el momento presente y que todo lo demás son solo promesas y expectativas o historia pasada”, pero no era el momento de charlar.
Un encanto esta chica. Hoy (hablo del jueves) me llevó a conocer a otr@s amig@s después del trabajo. Lo pasé muy bien pese a estar bastante cansado. Y sus amigas (al final fueron chicas) son encantadoras.
¡¡Viva Lituania!!
Me gusta Edimburgo.
Felicidades papá.
Ya son unos cuantos y estás como una rosa. A ver si he heredado esos genes.
Para resumir. Me las vuelven a dar todas en el mismo lado en el curro. Ayer no terminé de organizar la película y hoy, lo que no estaba hecho de ayer no lo ha resuelto ningún hada por la noche. Además, ha habido algo más de movimiento (pero tampoco gran cosa). Tengo que ir mucho más rápido con todo lo que hago. No se como lo voy a conseguir pero encontraré la manera.
La nueva compañera que está de freganchín me dijo el otro día durante el servicio mientras Jofra estaba muy serio “what hapends alter the kitchen that´s real life”. Le hubiera contestado que “real life es lo que pasa en el momento presente y que todo lo demás son solo promesas y expectativas o historia pasada”, pero no era el momento de charlar.
Un encanto esta chica. Hoy (hablo del jueves) me llevó a conocer a otr@s amig@s después del trabajo. Lo pasé muy bien pese a estar bastante cansado. Y sus amigas (al final fueron chicas) son encantadoras.
¡¡Viva Lituania!!
Me gusta Edimburgo.
Día vigésimosegundo. Miércoles 9
Vida de verdad. Real life.
Por ahí me las están dando todas. Me he encontrado la partida mango por hombro y como estoy en la parra Nome he sabido organizar. Tengo que ponerme las pilas pero volando. Jofra no va a ser paciente toda la vida. Tiene un servicio del que responder y lleva dos semanas sin descansar. No está para bromas. El idioma me juega la peor de las pasadas posibles y no es un caso anecdótico aislado. Aquí la gente habla con acento, habla deprisa (para que luego digan de los españoles) y mi problema consiste en que, salvo en algunos casos, no diferencio cuando están hablando entre ellos y cuando me están hablando a mí. Además estoy de espaldas al resto y con un extractor funcionando a toda mecha sobre mi cabeza todo el día. Esto me hace pensar en una cocina más práctica pero es ahí donde entra en jugo la “vida de verdad”. Esto es lo que hay chato. Tela para vestir un regimiento, y hasta con encajitos, entorchados y mariconadas diversas. ¿No te gusta? Ahí está la pasta para el billete de vuelta.
El caso es que me paso el día retorciendo el cuello tratando de averiguar si me están hablando a mí o qué.
No voy a sacar la cuestión del acento.
¿Por qué no?
Además está el acento, claro.
El caso es que me acaba pillando el toro, que hoy, es pequeñito pero lo que puede venir…
Me río de los encierros de Pamplona (Glup, ya tragué)
A esto se le añade que algún que otro camarero (encima paisano) pretende pasarme a mí las comandas. Tengo que remitirle constantemente a Jofra, pues como empiece a hacer lo que me dice todo el mundo voy a durar menos que el puto jamón serrano en este restaurante (tenemos jamón serrano, sí y del bueno. La gente no para de pedirlo junto con el otro plato estrella, la tortilla de patatas (con los putos guisantes)). El caso es que, a veces tengo que apartar gente de la mesa de trabajo pues se viene a picotear de lo que estoy preparando y es un verdadero incordio. La cruz del cuarto frío.
Pero bueno. Hoy no hay mucho trabajo pero no me quedo satisfecho. Como me pille así un viernes o un sábado me vana dar por ahí pero a base de bien. “Bienvenido a Edimburgo señor. ¿Ve eso de ahí? Es la bandera del Japón!!”
En fin, c´est la vie. Vida verdadera. “real life” como dice Jofra.
Hay que ponerse las pilas.
Por ahí me las están dando todas. Me he encontrado la partida mango por hombro y como estoy en la parra Nome he sabido organizar. Tengo que ponerme las pilas pero volando. Jofra no va a ser paciente toda la vida. Tiene un servicio del que responder y lleva dos semanas sin descansar. No está para bromas. El idioma me juega la peor de las pasadas posibles y no es un caso anecdótico aislado. Aquí la gente habla con acento, habla deprisa (para que luego digan de los españoles) y mi problema consiste en que, salvo en algunos casos, no diferencio cuando están hablando entre ellos y cuando me están hablando a mí. Además estoy de espaldas al resto y con un extractor funcionando a toda mecha sobre mi cabeza todo el día. Esto me hace pensar en una cocina más práctica pero es ahí donde entra en jugo la “vida de verdad”. Esto es lo que hay chato. Tela para vestir un regimiento, y hasta con encajitos, entorchados y mariconadas diversas. ¿No te gusta? Ahí está la pasta para el billete de vuelta.
El caso es que me paso el día retorciendo el cuello tratando de averiguar si me están hablando a mí o qué.
No voy a sacar la cuestión del acento.
¿Por qué no?
Además está el acento, claro.
El caso es que me acaba pillando el toro, que hoy, es pequeñito pero lo que puede venir…
Me río de los encierros de Pamplona (Glup, ya tragué)
A esto se le añade que algún que otro camarero (encima paisano) pretende pasarme a mí las comandas. Tengo que remitirle constantemente a Jofra, pues como empiece a hacer lo que me dice todo el mundo voy a durar menos que el puto jamón serrano en este restaurante (tenemos jamón serrano, sí y del bueno. La gente no para de pedirlo junto con el otro plato estrella, la tortilla de patatas (con los putos guisantes)). El caso es que, a veces tengo que apartar gente de la mesa de trabajo pues se viene a picotear de lo que estoy preparando y es un verdadero incordio. La cruz del cuarto frío.
Pero bueno. Hoy no hay mucho trabajo pero no me quedo satisfecho. Como me pille así un viernes o un sábado me vana dar por ahí pero a base de bien. “Bienvenido a Edimburgo señor. ¿Ve eso de ahí? Es la bandera del Japón!!”
En fin, c´est la vie. Vida verdadera. “real life” como dice Jofra.
Hay que ponerse las pilas.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Día Vigésimoprimero. Martes 8.
Qué poco duermo.
Cuanto ruido hay alrededor.
Salta la alarma de incendios (podría haber saltado cualquier otro día esta semana pero salta hoy ¿casualidad? No lo creo)
Salto de la cama.
Como la cama a la que me han trasladado tiene otra encima añado a mi mareo y desorientación el dolor de cabeza producido por el impacto de la suso dicha contra la cama de arriba.
Ay
Ay
Ay
Viene un majadero a decirnos que tenemos que dejar la habitación, llevarnos todas nuestras cosas para, en algún momento, cambiarnos otra vez a la otra habtación.
Éste si que ha bebido o se ha metido algo pero chungo, chungo.
Decido no discutir. Perdería el tiempo y la batalla.
Es el momento para la sutileza y la astucia.
Tranquilamente reempaqueto lo poco que pueda estar descolocado. Cojo los bártulos de aseo y me voy para la ducha.
Me ducho y me subo a buscar piso por Internet dejando las cosas en la habitación. Cuando la nueva esté lista llevaré todo directamente de un sitio a otro sin hacer el cretino más de lo absolutamente necesario.
Efectivamente, cuando por fin me acerco a preguntar si ya puedo instalarme en la habitación esa de la que no me tenían que haber movido Mi amiga del primer día lo arregla todo para que el trámite sea lo más rápido posible. Qué diferencia entre ella y el resto de parásitos (excepto Tyler). En dos minutos tengo las dos llaves y en otros diez estoy otra vez instalado en la habitación 10 en la cama Riddle.
Le sigo dando a la tecla hasta que se acerca la hora de ir a visitar un piso.
Allá que voy. El piso no está mal, mal pero no me convence. Secar la ropa promete ser una aventura y no estoy pare esa clase de experimentos. E decidido que la casa tiene que tener las condiciones necesarias para que mi ropa se seque en, como mucho 20 horas. Así que, o tiene secadora, o es muy amplia y se puede tender sin problemas de espacio, o muy barata y con una lavandería en la puerta. Habrá a quién le parezca una pijada, pero ese fulan@ no trabaja de cocinero y tiene que lavar y secar su ropa a toda pastilla.
Como el sitio me ha desencantado intento localizar otro para aprovechar la tarde al máximo. Después de comerme una especie de bocadillo prensado. Sí, sí. Habeis leído bien. Prensado. Te ponen lo que pidas en un pan abierto (echan substancia en cantidad, esos sí) y luego lo ponen en una especie de ”tostadora-prensadora” lo que sale como resultado es lo que, como ya has pagado por ello, te comes y hasta te gusta. Si no, ajo y agua. El caso es que luego acabo en el Forest que me pilla muy a mano en esa zona. Me tiro un “pot” de té entero (y más) intentando que me funcione internet pero ha decidido que no me ajunta. Así que me dan mucho por ahí y me vuelvo al Hostle. Por lo menos podré buscar algo allí.
En plena búsqueda decido hacerme algo de cena y me encuentro con El angelito español del otro día. Muy guapa con su pelo suelto de forma casual sobre la cara. Un encanto. “Hola” “hola”
Blablablablablablablablablabla.
Mientras le digo que me voy a hacer algo de cena.
Me dan las tantas entre tanta charla. Pero el Angelito es una chica realmente encantadora, así que el tiempo se me pasa volando, sin buscar piso ni escribir crónicas.
A las tantas (sorpresa) me acabo retirando a descansar algo que, aunque no muy pronto, mañana trabajo.
Cuando paso por el lavabo antes de acostarme, me aborda un compañero de Hostle Francés comentándome, primero que está borracho. Eso se ve pero conserva unos modales impecables. Luego, que han comentado él y sus amigos lo buen tipo que soy (está borracho+no me conoce) y que les gustaría seguir mi ejemplo. La verdad es que me conmueve el comentario. Quedamos para desayunar por la mañana todos juntos pero yo sospecho que, aquí mi primo, va a necesitar de todo el sueño que le dejen acumular.
En todo caso, en cuanto coincida con él en la sala Griffindor pienso intercambiar correos y número de teléfono. Alguien que borracho es así de educado merce que se le conozca mucho mejor. Además mi ego está tan subido que tardo una hora en poder acostarme pues no hay manera de recordarle lo hijo de puta que puede ser cuando me da la gana.
Cuanto ruido hay alrededor.
Salta la alarma de incendios (podría haber saltado cualquier otro día esta semana pero salta hoy ¿casualidad? No lo creo)
Salto de la cama.
Como la cama a la que me han trasladado tiene otra encima añado a mi mareo y desorientación el dolor de cabeza producido por el impacto de la suso dicha contra la cama de arriba.
Ay
Ay
Ay
Viene un majadero a decirnos que tenemos que dejar la habitación, llevarnos todas nuestras cosas para, en algún momento, cambiarnos otra vez a la otra habtación.
Éste si que ha bebido o se ha metido algo pero chungo, chungo.
Decido no discutir. Perdería el tiempo y la batalla.
Es el momento para la sutileza y la astucia.
Tranquilamente reempaqueto lo poco que pueda estar descolocado. Cojo los bártulos de aseo y me voy para la ducha.
Me ducho y me subo a buscar piso por Internet dejando las cosas en la habitación. Cuando la nueva esté lista llevaré todo directamente de un sitio a otro sin hacer el cretino más de lo absolutamente necesario.
Efectivamente, cuando por fin me acerco a preguntar si ya puedo instalarme en la habitación esa de la que no me tenían que haber movido Mi amiga del primer día lo arregla todo para que el trámite sea lo más rápido posible. Qué diferencia entre ella y el resto de parásitos (excepto Tyler). En dos minutos tengo las dos llaves y en otros diez estoy otra vez instalado en la habitación 10 en la cama Riddle.
Le sigo dando a la tecla hasta que se acerca la hora de ir a visitar un piso.
Allá que voy. El piso no está mal, mal pero no me convence. Secar la ropa promete ser una aventura y no estoy pare esa clase de experimentos. E decidido que la casa tiene que tener las condiciones necesarias para que mi ropa se seque en, como mucho 20 horas. Así que, o tiene secadora, o es muy amplia y se puede tender sin problemas de espacio, o muy barata y con una lavandería en la puerta. Habrá a quién le parezca una pijada, pero ese fulan@ no trabaja de cocinero y tiene que lavar y secar su ropa a toda pastilla.
Como el sitio me ha desencantado intento localizar otro para aprovechar la tarde al máximo. Después de comerme una especie de bocadillo prensado. Sí, sí. Habeis leído bien. Prensado. Te ponen lo que pidas en un pan abierto (echan substancia en cantidad, esos sí) y luego lo ponen en una especie de ”tostadora-prensadora” lo que sale como resultado es lo que, como ya has pagado por ello, te comes y hasta te gusta. Si no, ajo y agua. El caso es que luego acabo en el Forest que me pilla muy a mano en esa zona. Me tiro un “pot” de té entero (y más) intentando que me funcione internet pero ha decidido que no me ajunta. Así que me dan mucho por ahí y me vuelvo al Hostle. Por lo menos podré buscar algo allí.
En plena búsqueda decido hacerme algo de cena y me encuentro con El angelito español del otro día. Muy guapa con su pelo suelto de forma casual sobre la cara. Un encanto. “Hola” “hola”
Blablablablablablablablablabla.
Mientras le digo que me voy a hacer algo de cena.
Me dan las tantas entre tanta charla. Pero el Angelito es una chica realmente encantadora, así que el tiempo se me pasa volando, sin buscar piso ni escribir crónicas.
A las tantas (sorpresa) me acabo retirando a descansar algo que, aunque no muy pronto, mañana trabajo.
Cuando paso por el lavabo antes de acostarme, me aborda un compañero de Hostle Francés comentándome, primero que está borracho. Eso se ve pero conserva unos modales impecables. Luego, que han comentado él y sus amigos lo buen tipo que soy (está borracho+no me conoce) y que les gustaría seguir mi ejemplo. La verdad es que me conmueve el comentario. Quedamos para desayunar por la mañana todos juntos pero yo sospecho que, aquí mi primo, va a necesitar de todo el sueño que le dejen acumular.
En todo caso, en cuanto coincida con él en la sala Griffindor pienso intercambiar correos y número de teléfono. Alguien que borracho es así de educado merce que se le conozca mucho mejor. Además mi ego está tan subido que tardo una hora en poder acostarme pues no hay manera de recordarle lo hijo de puta que puede ser cuando me da la gana.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Día vigésimo, Lunes 7. Pérdida de la inocencia...
Con las charlas nocturnas me acabé acostando a las tantas. Hoy no me levanto demasiado tarde. Sobre las diez y media. Me ducho etcétera y subo a preguntar por el tema del dichoso cambio de habitación. En principio pretenden que espere… hasta que el infierno se congele. Estos fulan@s de ahora parecen árabes hablando. Insisto en que tengo cosas que hacer (buscar piso es una tarea muy absorbente). Parece que algo empieza a moverse dentro de esas cabecitas pensantes (esto solo es teoría o postulado. No sé si algo se mueve o si alguna vez han pensado). Me acaban dando otra cama en otra habitación y procedo a hacer le cambio. Después me entero de soy parte del espectáculo en un “Circo de Tres Pistas”,”Señoras y Señores. Damas y Caballeros. Bienvenidos al Castle Rock Circus!!!. Como primera y gran atracción tenemos a los ocupantes de la habitación 10, Puzzle. Que nos van a deleitar haciendo el imbécil de una habitación a otra durante los próximo dos días!!!” (aplusos). Resulta que, aquí las lumbreras tienen previsto hacer una limpieza en profundidad de la habitación y en lugar de simplemente trasladarnos a cada uno a otra cama en otra habitación una vez, pretenden hacernos dar saltos de una a otra para acabar volviendo a la número 10.
Como veo que no tiene sentido explicarles lo cretinos, jilipollas e incompetentes que son, me limito a tomar la decisión de “ya me cambiaré cuando a mí me convenga”.
Me pongo a buscar piso y concierto un principio de cita con un tipo para ver su casa. Está muy céntrica y puede ser una buena opción. Mientras estoy concentrado en la búsqueda, me suena el móvil. Es el jefazo, Ramón, que se me pone a hablar en inglés y casi no le reconozco, pero tiene un tono bastante característico y como no estoy demasiado despistado lo pillo casi en seguida. Me dice, en inglés “¿No se supone que deberías estar trabajando?”. Respondo “pueeeees no. Jofra me dio domingo y lunes libre”. Se oyen voces al otro lado del teléfono. “No, no” me dice “hoy trabajas”. Menuda cagada “en media hora estoy ahí” click. Pero que putada. Pero como me conozco, es posible que no me enterase bien de los días que me decía Jofra. Esto me pasa por no verlo escrito. Vuelo a la habitación a cambiarme de zapatos y coger la ropa y salgo disparado para el restaurante. Llego a las 13:45. Qué vergüenza. Tenemos, o debo decir que tengo una tarde tranquila, porque lo que es Jofra… le oigo jurar en arameo pues hoy toca “el festival de la paella”, son un coñazo de preparar porque llevan mucho tiempo y hay que estar muy pendiente, no sea que en el último momento se te eche a perder. La verdad es que tiene gracia que justo hoy, que está solo conmigo, la vayan cayendo semejantes marrones (que por otro lado, él despacha con envidiable soltura).
Hay una chica nueva de freganchín. Muy mona y tal, pero parece charlar demasiado para ser el primer día. A la pobre no puedo hacerle demasiado caso, qué se la va a hacer. Sacamos el servicio adelante pero nos acabamos yendo sobre las 23:30 (qué novedad). A la salida me demoro para comentar con Jofra lo que queda pendiente para mañana y pasado (martes y miércoles) y mientras me pone una cerveza de la barra. También comento lo del horario para tener claro cuando tengo que venir y cuando no. Salimos a la calle el encargado, un camarero, Jofra y yo. Me dicen tomar una cerveza. Yo he prometido en España decir a casi todo que sí, así que me voy a tomar UNA cerveza.
Me emborracho.
Digo en mi defensa que la primera (ronda) la pagó Jofra.
Quise pagar la segunda pero se me interpuso el encargado, Clark.
La tercera sí que fue mía pero yo ya estaba herido de muerte.
Y para rematar Jofra va y nos pide una cuarta.
Llego al Hostle de milagro y no me atrevo a acostarme por notenerla dentro de la habitación. Soy material inflamable. A partir de ahora, aquí solo bebo té y como mucho, leche.
Noche toledana paso tirado en la sala Griffindor hasta que sobre las cinco y pico me arrastro, con mucho tiento hasta la cama e intento no morirme.
Como veo que no tiene sentido explicarles lo cretinos, jilipollas e incompetentes que son, me limito a tomar la decisión de “ya me cambiaré cuando a mí me convenga”.
Me pongo a buscar piso y concierto un principio de cita con un tipo para ver su casa. Está muy céntrica y puede ser una buena opción. Mientras estoy concentrado en la búsqueda, me suena el móvil. Es el jefazo, Ramón, que se me pone a hablar en inglés y casi no le reconozco, pero tiene un tono bastante característico y como no estoy demasiado despistado lo pillo casi en seguida. Me dice, en inglés “¿No se supone que deberías estar trabajando?”. Respondo “pueeeees no. Jofra me dio domingo y lunes libre”. Se oyen voces al otro lado del teléfono. “No, no” me dice “hoy trabajas”. Menuda cagada “en media hora estoy ahí” click. Pero que putada. Pero como me conozco, es posible que no me enterase bien de los días que me decía Jofra. Esto me pasa por no verlo escrito. Vuelo a la habitación a cambiarme de zapatos y coger la ropa y salgo disparado para el restaurante. Llego a las 13:45. Qué vergüenza. Tenemos, o debo decir que tengo una tarde tranquila, porque lo que es Jofra… le oigo jurar en arameo pues hoy toca “el festival de la paella”, son un coñazo de preparar porque llevan mucho tiempo y hay que estar muy pendiente, no sea que en el último momento se te eche a perder. La verdad es que tiene gracia que justo hoy, que está solo conmigo, la vayan cayendo semejantes marrones (que por otro lado, él despacha con envidiable soltura).
Hay una chica nueva de freganchín. Muy mona y tal, pero parece charlar demasiado para ser el primer día. A la pobre no puedo hacerle demasiado caso, qué se la va a hacer. Sacamos el servicio adelante pero nos acabamos yendo sobre las 23:30 (qué novedad). A la salida me demoro para comentar con Jofra lo que queda pendiente para mañana y pasado (martes y miércoles) y mientras me pone una cerveza de la barra. También comento lo del horario para tener claro cuando tengo que venir y cuando no. Salimos a la calle el encargado, un camarero, Jofra y yo. Me dicen tomar una cerveza. Yo he prometido en España decir a casi todo que sí, así que me voy a tomar UNA cerveza.
Me emborracho.
Digo en mi defensa que la primera (ronda) la pagó Jofra.
Quise pagar la segunda pero se me interpuso el encargado, Clark.
La tercera sí que fue mía pero yo ya estaba herido de muerte.
Y para rematar Jofra va y nos pide una cuarta.
Llego al Hostle de milagro y no me atrevo a acostarme por notenerla dentro de la habitación. Soy material inflamable. A partir de ahora, aquí solo bebo té y como mucho, leche.
Noche toledana paso tirado en la sala Griffindor hasta que sobre las cinco y pico me arrastro, con mucho tiento hasta la cama e intento no morirme.
martes, 8 de septiembre de 2009
Día decimo noveno. Domingo
Otro día libre. Como sigo jodido, remoloneo en la cama pues a misa como que paso de ir. De todos modos, en el Hostle hay un momento en el que entran a limiar las habitaciones y te acabas levantando, sí o sí. Es lo que tiene un aspirador zumbándote en los oídos.
Tengo algunos planes no muy definidos. Creo que voy a ir a ver unos fuegos artificiales por la noche. Durante el día, en el Hostle hay anunciada un ababacoa y puede ser una idea interesante el dejarse caer por el patio trasero donde va a hacerla. Con respecto a esto me comentan que las hamburguesas van a costar dos rounds y cada cerveza uno. Vale. Me apunto a la hamburguesa. Me pongo a bucar piso por Internet hasta ya pasada la hora del comienzo oficial de la barbacoa y bajo a investigar. Hace un relente bien majo pero aquí muchos están en chanclas (Freedom). Gente chunga los primos de Wallace. El caso es que pido una hamburguesa, que es lo único que hay aparte de la cerveza. Me toca esperar un rato mientras la carne se hace en un parrilla y surge la conversación con los que están alrededor. Pues resulta que somos cuatro españoles de un grupo de quince personas. Calcula, primo. La densidad de “fulanito de España por metro cuadrado. También son majos, o debo decir majas, una en especial. Entablo una simpática conversación en varios idiomas hasta que por fin llega a mis manos la hamburguesa. Que poco me dura. Pero reconozco que está buena (la hamburguesa, la chica es guapa ¿eh?). Como no pinto mucho más por esos andurriales hago mutis y subo a seguir con mi búsqueda de piso y escribir mis crónicas.
La tarde pasa con relativa placidez y carente de toda productividad, pues parece que por ser domingo, la gente no anuncia habitaciones.
Sobre las 21:00 están programados los fuego de artificio de los que me han hablado así que, sobre las 20:30 me pongo en marcha y busco un lugar desde el que contemplarlos. _he pensado en uno de los puentes, el de la calle Northbridge, desde donde creo que habrá una buena perspectiva. Las “fuerzas del orden” (los picoletos, vamos) han puesto una valla de tres metros de distancia entre el pasamanos del puente y la zona en la que se autoriza al público en general (ese soy yo) a irse situando para ver el “pestáculo”. Media calle está también cortada al tráfico. Y somos un buen montón ya los que hemos tomado posiciones. La verdad es que tengo una posición muy buena. Como no soy bajo las cabezas no me molestan (habrá que preguntar a los de atrás qué opinan de mi “melón” hispánico cubierto de los pelos ondeando al viento). El Show dura algo así como una hora. No está nada mal. Me hace recordar los fuegos de artificio que ví con Ricky desde el Templo de Debod durante las fiestas de la Paloma en Madrid hace a penas un mes. De vuelta para el Hostle. Mientras ceno algo, me encuentro charlando con un chico italiano encantador. Nos comentamos las respectivas circunstancias vitales... En italiano. Es masajista pero no habla apenas inglés. Quiere trabajar de lo que sea para aprender la lengua y luego poder seguir con su especialidad. A ver si tiene suerte. Resulta ser un tipo realmente agradable. Mientras estamos de charla aparece la chica española de por la tarde y se nos añade a la conversación en español diciéndome “no sabía que hablases italiano”. “Yo tampoco” le respondo. El muchacho ha estado sufriendo i falta de conjugación verbal y mis “palabros” en español para sustituir todas las palabras que me faltaban, mientras intentaba comunicarme.
El muchacho se retira a descansar, que mañana tiene un apretado programa de búsqueda de empleo. Nosotros, tras tomarnos un té (los que me conozcais no os cachondeeis), salimos a que fume un cigarro y me pongo un poco al día de cómo funcionan algunas cosas y sobre todo, de no dejarme tomar el pelo con el salario cuando me toque discutir los términos. Se hará lo que se pueda. Palabra.
En la recepción del Hostle, por fin alguien arroja luz sobre el tema del cambio de habitación que tengo que hacer para que puedan proceder a una limpieza a fondo de la misma. Me han tenido tres días pendiente. Que si “no lo sé”, que si “ven en cualquier otro momento pero no ahora, que qunque no tenga nada que hacer soy un parásito que no se entera ni del NODO ni tengo intención de enterarme, pero que no esté yo, a ver si me va a dar una embolia”… El caso es que la eficiencia es algo que ocurre en otros lugares y a otras personas. Ya no hay simpatía en las caras, solo ese gesto de becario de “¿No ves que estás interrumpiendo mis horas de no hacer nada?”. Pues por fin alguien me dice “Pásate mañana sobre las diez que ya me ocupo yo de que te estén esperando”. Más vale que lo tengan previsto, porque yo no he pedido el cambio, son ellos los que han dejado la nota de aviso. Si alguno quiere herniarse levantando mi maleta a mí plim.
Me despido de la nueva amiga española y me voy al ordenador.
Trato de escribir algo más y me demoro viendo cosas en el ordenador hasta tarde.
Tengo algunos planes no muy definidos. Creo que voy a ir a ver unos fuegos artificiales por la noche. Durante el día, en el Hostle hay anunciada un ababacoa y puede ser una idea interesante el dejarse caer por el patio trasero donde va a hacerla. Con respecto a esto me comentan que las hamburguesas van a costar dos rounds y cada cerveza uno. Vale. Me apunto a la hamburguesa. Me pongo a bucar piso por Internet hasta ya pasada la hora del comienzo oficial de la barbacoa y bajo a investigar. Hace un relente bien majo pero aquí muchos están en chanclas (Freedom). Gente chunga los primos de Wallace. El caso es que pido una hamburguesa, que es lo único que hay aparte de la cerveza. Me toca esperar un rato mientras la carne se hace en un parrilla y surge la conversación con los que están alrededor. Pues resulta que somos cuatro españoles de un grupo de quince personas. Calcula, primo. La densidad de “fulanito de España por metro cuadrado. También son majos, o debo decir majas, una en especial. Entablo una simpática conversación en varios idiomas hasta que por fin llega a mis manos la hamburguesa. Que poco me dura. Pero reconozco que está buena (la hamburguesa, la chica es guapa ¿eh?). Como no pinto mucho más por esos andurriales hago mutis y subo a seguir con mi búsqueda de piso y escribir mis crónicas.
La tarde pasa con relativa placidez y carente de toda productividad, pues parece que por ser domingo, la gente no anuncia habitaciones.
Sobre las 21:00 están programados los fuego de artificio de los que me han hablado así que, sobre las 20:30 me pongo en marcha y busco un lugar desde el que contemplarlos. _he pensado en uno de los puentes, el de la calle Northbridge, desde donde creo que habrá una buena perspectiva. Las “fuerzas del orden” (los picoletos, vamos) han puesto una valla de tres metros de distancia entre el pasamanos del puente y la zona en la que se autoriza al público en general (ese soy yo) a irse situando para ver el “pestáculo”. Media calle está también cortada al tráfico. Y somos un buen montón ya los que hemos tomado posiciones. La verdad es que tengo una posición muy buena. Como no soy bajo las cabezas no me molestan (habrá que preguntar a los de atrás qué opinan de mi “melón” hispánico cubierto de los pelos ondeando al viento). El Show dura algo así como una hora. No está nada mal. Me hace recordar los fuegos de artificio que ví con Ricky desde el Templo de Debod durante las fiestas de la Paloma en Madrid hace a penas un mes. De vuelta para el Hostle. Mientras ceno algo, me encuentro charlando con un chico italiano encantador. Nos comentamos las respectivas circunstancias vitales... En italiano. Es masajista pero no habla apenas inglés. Quiere trabajar de lo que sea para aprender la lengua y luego poder seguir con su especialidad. A ver si tiene suerte. Resulta ser un tipo realmente agradable. Mientras estamos de charla aparece la chica española de por la tarde y se nos añade a la conversación en español diciéndome “no sabía que hablases italiano”. “Yo tampoco” le respondo. El muchacho ha estado sufriendo i falta de conjugación verbal y mis “palabros” en español para sustituir todas las palabras que me faltaban, mientras intentaba comunicarme.
El muchacho se retira a descansar, que mañana tiene un apretado programa de búsqueda de empleo. Nosotros, tras tomarnos un té (los que me conozcais no os cachondeeis), salimos a que fume un cigarro y me pongo un poco al día de cómo funcionan algunas cosas y sobre todo, de no dejarme tomar el pelo con el salario cuando me toque discutir los términos. Se hará lo que se pueda. Palabra.
En la recepción del Hostle, por fin alguien arroja luz sobre el tema del cambio de habitación que tengo que hacer para que puedan proceder a una limpieza a fondo de la misma. Me han tenido tres días pendiente. Que si “no lo sé”, que si “ven en cualquier otro momento pero no ahora, que qunque no tenga nada que hacer soy un parásito que no se entera ni del NODO ni tengo intención de enterarme, pero que no esté yo, a ver si me va a dar una embolia”… El caso es que la eficiencia es algo que ocurre en otros lugares y a otras personas. Ya no hay simpatía en las caras, solo ese gesto de becario de “¿No ves que estás interrumpiendo mis horas de no hacer nada?”. Pues por fin alguien me dice “Pásate mañana sobre las diez que ya me ocupo yo de que te estén esperando”. Más vale que lo tengan previsto, porque yo no he pedido el cambio, son ellos los que han dejado la nota de aviso. Si alguno quiere herniarse levantando mi maleta a mí plim.
Me despido de la nueva amiga española y me voy al ordenador.
Trato de escribir algo más y me demoro viendo cosas en el ordenador hasta tarde.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Día decimooctavo. Sábado
Amanezco un poco mejor que los días anteriores pero aún así, me demoro en la cama recuperando todas las fuerzas que soy capaz de reunir.
Hoy toca empezara a las 10:00 con pausita en medio que pienso aprovechar para hacer la colada. Con el rollo de la infección me he vuelto paranoico y no me fío de la lavandería del Hostle. Aunque también ha influido el encontrarme una de las chaquetillas, casualmente la que yo no había lavado y que quería solo secar, casi tan sucia como cuando la entregué. Como tampoco me cobraron, no he querido ponerme pesado. Por una vez que llego a las 10:00 (aún no las han dado en el reloj) no soy el primero. Me preguntan si me he venido a mudar a la cocina (yo también pienso que trabajo demasiado pero es mi jefe el que tendría que tener un acama aquí, aunque solo fuera para, en los ratos muertos, descabezar algún sueño. De hecho ayer, me quedé un par de horas solo en la cocina y el freganchín me comentó que había visto a Jofra arriba, en la barra, amodorrado. Si es que no me extraña. El caso es que me entró una comanda y me salió todo a pedir de boca. Sobre todo porque era un plato de mi partida, que si llega a ser algo de otra tengo que tirar de móvil y llamar a mi jefe para que me mande los planos. Esto como Clinton. Está chupao.
El caso es que me pongo a pico y pala con toda la mise en place que hay pendiente porque me empieza a faltar de todo. Echo la mañana tratando de preparar los tapones para los agujeros que me puedan surgir. Es sábado. Se supone un día movido. Me lo monto muy mal. De entrada, no preparo mi sección ( en castellano, partida) para el zafarrancho de combate. Esto es, que no tengo todo lo necesario pero puramente indispensable sobre mi área de trabajo. Mal. Muy mal. Me deshago de una vieja ensaladilla Rusa, la que visteis nacer el otro día. Bueno, esa pereció casi enseguida pero yo sobre la marcha me prepare cantidad doble para poder tener de don ir tirando. A una mitad le puse mahonesa y la otra la guardé tal cual para que aguantase más tiempo. Pues me deshago de la que estaba con el aliño y saco y aderezo el resto. Dejo preparados los cacharritos con el relleno para las empanadas, preparo los espárragos que ayer nos costaron unos momentos francamente… dejo en azúcar unas frutas rojas para decorar ciertos postres, corto queso de Mahón, con ayuda de Murdoc y Jofra hago una salsa Romescu. Parece que lo tengo todo bajo control, pero las p…tas apariencias engañan. Se me pasan desapercibidas cosas fundamentales. Luego Jofra me preguntará que porqué no he cortado jamón si él me dijo que era lo primero que yo tenía que hacer al llegar el día anterior. Con mi cara de imbécil se da cuenta que no miento al decirle que no le entendí. Es el mismo y desesperante error de siempre. Voy de puntillas. A partir de ahora voy a asumir que mi sección la llevo yo y solo yo. Tomo posesión del puesto y me hago absoluto responsable de lo que por aquí se haga o deje de hacerse. Si alguien piensa que me tomo muchas atribuciones que se lo diga a mi jefe que ya hablaré yo con él.
Pero a este pelotón no nos vuelven a pillar con el pantalón por los tobillos y agachados. No señor.
Después del servicio de mediodía, sobre las 15:30 consigo dejar las tareas principales dispuestas y mi sección recogida. Me voy a la lavandería que me señaló mi jefe hace un par de días pero que con el dolor del abdomen no he podido reunir fuerzas para acercarme.
Llegar hasta la lavandería es un paseo con no poca carga acuestas. Hoy el portátil no viene conmigo y lo voy a echar de menos el rato en que la secadora se va a tomar su tiempo y podría haber ido escribiendo algunas cosas. El caso es que la zona a la que llego no está mal. Me gusta. Encuentro la lavandería y antes de entrar paso por un cajero a sacar algo de pasta, pues seguro que aquí no me sirve la tarjeta.
La mujer de la lavandería, muy amable (qué novedad) me dice que vaya metiendo la ropa en una de las máquinas que me indica y que ahora me explica como va la cosa. Dicho y hecho. Decido en el último momento poner a lavar también la ropa que estoy usando hoy pues ya me han aclarado que el proceso de lavado y secado completos no durará más de hora y media. De paso lavo el saco de dormirque ya me encontré sucio al llegar a estas tierras.
“A ver, majete. La máquina funciona echando aquí el jabón y metiendo tres rounds en monedas por esta ranurita. ¿Magia ¡Eh!?” divino “Ahora tienes veinticinco minutos para irte a tomar algo si quieres”. Sí, quiero.
Me voy a buscar un sitio que me han hincado a ver si me ponen un helado, que el café que me han mandado antes a la cocina (sin yo pedirlo, pero es que en el restaurante a veces también somos todos muy majos) me ha dejado con la espinita de tomarme esa mezcla en la que me inició Tony hace tantos años, el ice-coffe. Un café con una deliciosa bola de helado de vainilla dentro. Pues está cerrado.
Veo al fondo un KFC. Me acerco porque el sitio tiene pinta de centro comercial.
Lo es. Busco un super para hacerme con provisiones y acabo con dos bolsas a rebosar.
¿Qué pasa en los sitios estos que entras por un paquete de mantequilla y acabas cargando con los suministros de la invasión de la Unión Soviética?
Alucinando yo solo vuelvo a la lavandería justo para ver como se apaga el piloto de la lavadora. Toca meter la ropa en la secadora. La buena mujer (la señora de la lavandería no el estilo de cocinado) me aconseja que, si quiero la ropa totalmente seca, ponga la secadora durante cuarenta minutos. Le hago caso y efectivamente, echo de menos el portátil.
La ropa queda estupenda y constato con alegría que dentro estaban también las otras chaquetillas de cocina. Doblo todo bien y algo jodido aún por el tema abdominal (casi ni se nota si no hago movimientos bruscos) vuelvo al restaurante. Parte del jamón ha volado y algunas cosillas están aún pendientes. Trato de hacerme una agenda de trabajo para la tarde pero el tiempo lo planifico mal.
Tengo el añadido de que Jofra a cambiado la presentación de algún plato y me lío bastante a ala hora de marcharlo. Podría ser mucho peor pero saldríamos en lo periódicos. El caso es que me siento torpe. Jofra solo se limita a concentrarse en el trabajo y no perder tiempo con mis tonterías. Menos mal que mañana me toca descanso. Ya no siento las molestias de ayer o lo que siento realmente no tiene punto de comparación, así que la causa de mis descoordinación hay que buscarla en la empanada que tengo en la cabeza. Mal que bien sale el servicio y me voy a casa tras recibir las gracias de Jofra por los días de duro trabajo y su bendición para dos días, repito, dos días seguidos de descanso. El placer ha sido mío y no lo digo por cumplir. Me las he visto y me las he deseado, pero tengo la impresión de haber sido muy afortunado al encontrar este sitio. Jofra me ha comentado también que necesitamos aún a una persona más en la cocina. Tiene sentido. De ese modo no hace falta dejarse “la piel en el pellejo” como diría Cándida Villar, y todos pueden librar y no volvernos locos de cansancio.
Recojo mi compra y vuelo al Hostle, que la cocina me la cierran a las 00:00 y tengo cosas que meter en la nevera.
Trato de ver alguna peli antes de meterme en la cama y acabo cabeceando en la “Sala Griffindor” a las tantas.
Me arrastro a la piltra con la intención de no levantarme muy tarde.
Os adelanto en primicia que conseguiré no levantarme pronto pero que me despertarán, entre unas cosas u otras, sobre las 07:00 (hay que joderse).
Hoy toca empezara a las 10:00 con pausita en medio que pienso aprovechar para hacer la colada. Con el rollo de la infección me he vuelto paranoico y no me fío de la lavandería del Hostle. Aunque también ha influido el encontrarme una de las chaquetillas, casualmente la que yo no había lavado y que quería solo secar, casi tan sucia como cuando la entregué. Como tampoco me cobraron, no he querido ponerme pesado. Por una vez que llego a las 10:00 (aún no las han dado en el reloj) no soy el primero. Me preguntan si me he venido a mudar a la cocina (yo también pienso que trabajo demasiado pero es mi jefe el que tendría que tener un acama aquí, aunque solo fuera para, en los ratos muertos, descabezar algún sueño. De hecho ayer, me quedé un par de horas solo en la cocina y el freganchín me comentó que había visto a Jofra arriba, en la barra, amodorrado. Si es que no me extraña. El caso es que me entró una comanda y me salió todo a pedir de boca. Sobre todo porque era un plato de mi partida, que si llega a ser algo de otra tengo que tirar de móvil y llamar a mi jefe para que me mande los planos. Esto como Clinton. Está chupao.
El caso es que me pongo a pico y pala con toda la mise en place que hay pendiente porque me empieza a faltar de todo. Echo la mañana tratando de preparar los tapones para los agujeros que me puedan surgir. Es sábado. Se supone un día movido. Me lo monto muy mal. De entrada, no preparo mi sección ( en castellano, partida) para el zafarrancho de combate. Esto es, que no tengo todo lo necesario pero puramente indispensable sobre mi área de trabajo. Mal. Muy mal. Me deshago de una vieja ensaladilla Rusa, la que visteis nacer el otro día. Bueno, esa pereció casi enseguida pero yo sobre la marcha me prepare cantidad doble para poder tener de don ir tirando. A una mitad le puse mahonesa y la otra la guardé tal cual para que aguantase más tiempo. Pues me deshago de la que estaba con el aliño y saco y aderezo el resto. Dejo preparados los cacharritos con el relleno para las empanadas, preparo los espárragos que ayer nos costaron unos momentos francamente… dejo en azúcar unas frutas rojas para decorar ciertos postres, corto queso de Mahón, con ayuda de Murdoc y Jofra hago una salsa Romescu. Parece que lo tengo todo bajo control, pero las p…tas apariencias engañan. Se me pasan desapercibidas cosas fundamentales. Luego Jofra me preguntará que porqué no he cortado jamón si él me dijo que era lo primero que yo tenía que hacer al llegar el día anterior. Con mi cara de imbécil se da cuenta que no miento al decirle que no le entendí. Es el mismo y desesperante error de siempre. Voy de puntillas. A partir de ahora voy a asumir que mi sección la llevo yo y solo yo. Tomo posesión del puesto y me hago absoluto responsable de lo que por aquí se haga o deje de hacerse. Si alguien piensa que me tomo muchas atribuciones que se lo diga a mi jefe que ya hablaré yo con él.
Pero a este pelotón no nos vuelven a pillar con el pantalón por los tobillos y agachados. No señor.
Después del servicio de mediodía, sobre las 15:30 consigo dejar las tareas principales dispuestas y mi sección recogida. Me voy a la lavandería que me señaló mi jefe hace un par de días pero que con el dolor del abdomen no he podido reunir fuerzas para acercarme.
Llegar hasta la lavandería es un paseo con no poca carga acuestas. Hoy el portátil no viene conmigo y lo voy a echar de menos el rato en que la secadora se va a tomar su tiempo y podría haber ido escribiendo algunas cosas. El caso es que la zona a la que llego no está mal. Me gusta. Encuentro la lavandería y antes de entrar paso por un cajero a sacar algo de pasta, pues seguro que aquí no me sirve la tarjeta.
La mujer de la lavandería, muy amable (qué novedad) me dice que vaya metiendo la ropa en una de las máquinas que me indica y que ahora me explica como va la cosa. Dicho y hecho. Decido en el último momento poner a lavar también la ropa que estoy usando hoy pues ya me han aclarado que el proceso de lavado y secado completos no durará más de hora y media. De paso lavo el saco de dormirque ya me encontré sucio al llegar a estas tierras.
“A ver, majete. La máquina funciona echando aquí el jabón y metiendo tres rounds en monedas por esta ranurita. ¿Magia ¡Eh!?” divino “Ahora tienes veinticinco minutos para irte a tomar algo si quieres”. Sí, quiero.
Me voy a buscar un sitio que me han hincado a ver si me ponen un helado, que el café que me han mandado antes a la cocina (sin yo pedirlo, pero es que en el restaurante a veces también somos todos muy majos) me ha dejado con la espinita de tomarme esa mezcla en la que me inició Tony hace tantos años, el ice-coffe. Un café con una deliciosa bola de helado de vainilla dentro. Pues está cerrado.
Veo al fondo un KFC. Me acerco porque el sitio tiene pinta de centro comercial.
Lo es. Busco un super para hacerme con provisiones y acabo con dos bolsas a rebosar.
¿Qué pasa en los sitios estos que entras por un paquete de mantequilla y acabas cargando con los suministros de la invasión de la Unión Soviética?
Alucinando yo solo vuelvo a la lavandería justo para ver como se apaga el piloto de la lavadora. Toca meter la ropa en la secadora. La buena mujer (la señora de la lavandería no el estilo de cocinado) me aconseja que, si quiero la ropa totalmente seca, ponga la secadora durante cuarenta minutos. Le hago caso y efectivamente, echo de menos el portátil.
La ropa queda estupenda y constato con alegría que dentro estaban también las otras chaquetillas de cocina. Doblo todo bien y algo jodido aún por el tema abdominal (casi ni se nota si no hago movimientos bruscos) vuelvo al restaurante. Parte del jamón ha volado y algunas cosillas están aún pendientes. Trato de hacerme una agenda de trabajo para la tarde pero el tiempo lo planifico mal.
Tengo el añadido de que Jofra a cambiado la presentación de algún plato y me lío bastante a ala hora de marcharlo. Podría ser mucho peor pero saldríamos en lo periódicos. El caso es que me siento torpe. Jofra solo se limita a concentrarse en el trabajo y no perder tiempo con mis tonterías. Menos mal que mañana me toca descanso. Ya no siento las molestias de ayer o lo que siento realmente no tiene punto de comparación, así que la causa de mis descoordinación hay que buscarla en la empanada que tengo en la cabeza. Mal que bien sale el servicio y me voy a casa tras recibir las gracias de Jofra por los días de duro trabajo y su bendición para dos días, repito, dos días seguidos de descanso. El placer ha sido mío y no lo digo por cumplir. Me las he visto y me las he deseado, pero tengo la impresión de haber sido muy afortunado al encontrar este sitio. Jofra me ha comentado también que necesitamos aún a una persona más en la cocina. Tiene sentido. De ese modo no hace falta dejarse “la piel en el pellejo” como diría Cándida Villar, y todos pueden librar y no volvernos locos de cansancio.
Recojo mi compra y vuelo al Hostle, que la cocina me la cierran a las 00:00 y tengo cosas que meter en la nevera.
Trato de ver alguna peli antes de meterme en la cama y acabo cabeceando en la “Sala Griffindor” a las tantas.
Me arrastro a la piltra con la intención de no levantarme muy tarde.
Os adelanto en primicia que conseguiré no levantarme pronto pero que me despertarán, entre unas cosas u otras, sobre las 07:00 (hay que joderse).
Día decimoséptimo. Viernes
Ay!! (Remix. Esta es un versión remasterizada)
Estoy, o mejor dicho, me siento jodido. Ni madrugar para desayunar bien ni historias. Zumbando para la ducha y para el curro previa pausa en una farmacia a proveerme del remedio que me cure y de las drogas que rehagan falta para soportar el dolor mientrastanto. Llego al curro y .e aplico la pomada junto con una gasa par aislar la parte contaminada (jo, como suena esto. Por si acaso no lo leais en voz alta). Bajo a currar y ese al persistente dolor voy sacando adelante las funciones más urgentes de las preparaciones. Ya bien entrada la mañana me hago un bocata y una vez con algo en el estómago me chuto un Paracetamol.
Sigo currando moviéndome como Robocop, esto es, sin doblar el abdomen, pues el dolor es lacerante.
Pero a la media hora larga, magia. El dolor se atenúa de una manera considerable. Casi me puedo reír y no llorar de dolor a la vez. De hecho, la chica que está de friegaplatos bromea con Jofra y este hace ver que se pone serio. Se nota que los dos están de broma pero él pone cara muy seria. Está justo junto a mí y yo le tengo que preguntar una cosa sobre lo que estoy haciendo y a metro y medio está la chica, amenazándole con un estropajo de esos de esponja, con salva uñas y tal, que está empapado y rebosante de agua y jabón. Hace ver que le va a tirar agua y él planta cara con gesto muy serio, de esos que dicen “ni se te ocurra, rica. Que no tiene Highland para correr” (a ella le daría igual de todos modos pues es de sus últimos días antes de volver a su tierra) el caso es que voy y le digo a ella, en inglés, por encima del hombro de él “por favor no se lo tires que estoy detrás”. La mirada que me dedica Jofra es un poema. Me da tal ataque de risa que me doblo por la mitad del dolor.
Este tipo cada vez me cae mejor.
Le damos caña al servicio y nos han convocado después del trabajo a tomar una caña, bueno, aquí son pintas, de cerveza con la compañera mejicana que se fue. Me uno un rato al grupo pero no me quedo demasiado. Mañana es sábado y trabajo desde las 10:00. Además, la pastilla está perdiendo su efecto o es que estoy muy cansado. Probablemente las dos cosas. El caso es que al rato me despido y me voy a descansar. A ver si mañana amanezco sanado milagrosamente (soñar es gratis). Me doy una ducha antes de irme a la cama y me pongo una gasa nueva.
Esto dura demasiado. Me estoy haciendo viejo.
Estoy, o mejor dicho, me siento jodido. Ni madrugar para desayunar bien ni historias. Zumbando para la ducha y para el curro previa pausa en una farmacia a proveerme del remedio que me cure y de las drogas que rehagan falta para soportar el dolor mientrastanto. Llego al curro y .e aplico la pomada junto con una gasa par aislar la parte contaminada (jo, como suena esto. Por si acaso no lo leais en voz alta). Bajo a currar y ese al persistente dolor voy sacando adelante las funciones más urgentes de las preparaciones. Ya bien entrada la mañana me hago un bocata y una vez con algo en el estómago me chuto un Paracetamol.
Sigo currando moviéndome como Robocop, esto es, sin doblar el abdomen, pues el dolor es lacerante.
Pero a la media hora larga, magia. El dolor se atenúa de una manera considerable. Casi me puedo reír y no llorar de dolor a la vez. De hecho, la chica que está de friegaplatos bromea con Jofra y este hace ver que se pone serio. Se nota que los dos están de broma pero él pone cara muy seria. Está justo junto a mí y yo le tengo que preguntar una cosa sobre lo que estoy haciendo y a metro y medio está la chica, amenazándole con un estropajo de esos de esponja, con salva uñas y tal, que está empapado y rebosante de agua y jabón. Hace ver que le va a tirar agua y él planta cara con gesto muy serio, de esos que dicen “ni se te ocurra, rica. Que no tiene Highland para correr” (a ella le daría igual de todos modos pues es de sus últimos días antes de volver a su tierra) el caso es que voy y le digo a ella, en inglés, por encima del hombro de él “por favor no se lo tires que estoy detrás”. La mirada que me dedica Jofra es un poema. Me da tal ataque de risa que me doblo por la mitad del dolor.
Este tipo cada vez me cae mejor.
Le damos caña al servicio y nos han convocado después del trabajo a tomar una caña, bueno, aquí son pintas, de cerveza con la compañera mejicana que se fue. Me uno un rato al grupo pero no me quedo demasiado. Mañana es sábado y trabajo desde las 10:00. Además, la pastilla está perdiendo su efecto o es que estoy muy cansado. Probablemente las dos cosas. El caso es que al rato me despido y me voy a descansar. A ver si mañana amanezco sanado milagrosamente (soñar es gratis). Me doy una ducha antes de irme a la cama y me pongo una gasa nueva.
Esto dura demasiado. Me estoy haciendo viejo.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Día decimosexto. Jueves.
Ay!!
Que mal me encuentro.
Al principio era solo malestar y tener cuidado con la posición pero ahora…
Me demoro en la cama al máximo por si es solo falta de descanso. Pudiera ser que, viviendo en una especie de cuartel-casa de putas como es el Hostle, en una habitación compartida con otros once fulan@s, el ruido constante de gente entrando y saliendo, los ronquidos de otros y las horas, un tanto intempestivas, en las que me muevo me hubieran causado una acumulación excesiva de fatiga.
Parece que al rato me encuentro un poco mejor, así que, al tajo. Moverme es una tortura y paso el rato resoplando pero no se me ocurre aflojar el ritmo, eso ya lo va haciendo el dolor y el tiempo. Mal que bien sigo dándole. Pienso que puede ser alguna clase de sobre esfuerzo que hubiese hecho cuando nos descargamos el camión. Quizá algo que me ha sentado mal…
Me llega la hora de la pausa de medio día y os aseguro que no llega un segundo demasiado pronto.
Le pregunto a una de las compañeras del personal de sala como llegar hasta un servicio de Emergencies. Me cuenta que el que nos corresponde a los que trabajamos ahí está a 45 minutos en autobús (a la vuelta de la esquina, vamos) y que luego me otcará esperar unas cuatro horas a ser atendido. Paso. Me arrastro al Hostle y como algo. Pero no tengo apetito. Miro internet y como las desgracias nunca viajan solas, me encentro un correo del tipo del piso estupendo que me cuenta que “vio mi mensaje cuando ya se había comprometido con otra persona” pero que le caí muy bien, eso sí. Qué putada. Me consuelo pensando en las escaleras esas que era cuestión de tiempo que me costasen un accidente. Pero ¡¡¡Qué putada!!!. En fin. De vuelta al curro descubro por fin que lo que tengo es una infección umbilical. Al menos ya se lo que tengo, se como tratarlo aunque no tengo idea de cómo se me ha producido. El cambio de clima, la humedad relativa, la oscilación térmica, los contrastes en la cocina, el género con el que estoy tratando casi constantemente, el Hostle. Focos tengo para escoger. Lo que ahora cuenta es recuperarme y prevenirme para el futuro.
Cuando llego al tajo me encuentro a Jofra en la barra y me pregunta que qué tal me encuentro (aquí la gente lo casaca todo). Le digo que ahora, después de descansar me encuentro mejor. Me dice que él y Murdoc pueden sacar a delante el servicio pero le aseguro que puedo aguantar (eso es lo que quiero creer porque todavía no he descuierto lo que tengo. Para eso me faltan aún diez minutos). Entro a cambiarme y me meto a l baño a echarme un vistazo al abdomen. Efectivamente es otra asquerosa infección de esas. Pues me tocará buscar una farmacia y administrarme el remedio.
El tajo lo llevo de aquella manera, pero sobre vivo. Me noto febril pero el orgullo patrio lo puede todo. Este servicio lo acabo sí o sí. A mí me vana a enseñar unos hijos de la Gran Bretaña lo que es dar el callo. Por cierto, que callos no he visto en el menú. Mal muy mal.
Salgo baldado. Podrían hacer pulpo conmigo por como me siento. Listo para servir, señora. La que le hemos metido. Nos dolía hasta en los párpados de verlo.
Esta noche ni Internet ni leches. Como algo por cumplir y me meto al sobre.
Ay!!
Que mal me encuentro.
Al principio era solo malestar y tener cuidado con la posición pero ahora…
Me demoro en la cama al máximo por si es solo falta de descanso. Pudiera ser que, viviendo en una especie de cuartel-casa de putas como es el Hostle, en una habitación compartida con otros once fulan@s, el ruido constante de gente entrando y saliendo, los ronquidos de otros y las horas, un tanto intempestivas, en las que me muevo me hubieran causado una acumulación excesiva de fatiga.
Parece que al rato me encuentro un poco mejor, así que, al tajo. Moverme es una tortura y paso el rato resoplando pero no se me ocurre aflojar el ritmo, eso ya lo va haciendo el dolor y el tiempo. Mal que bien sigo dándole. Pienso que puede ser alguna clase de sobre esfuerzo que hubiese hecho cuando nos descargamos el camión. Quizá algo que me ha sentado mal…
Me llega la hora de la pausa de medio día y os aseguro que no llega un segundo demasiado pronto.
Le pregunto a una de las compañeras del personal de sala como llegar hasta un servicio de Emergencies. Me cuenta que el que nos corresponde a los que trabajamos ahí está a 45 minutos en autobús (a la vuelta de la esquina, vamos) y que luego me otcará esperar unas cuatro horas a ser atendido. Paso. Me arrastro al Hostle y como algo. Pero no tengo apetito. Miro internet y como las desgracias nunca viajan solas, me encentro un correo del tipo del piso estupendo que me cuenta que “vio mi mensaje cuando ya se había comprometido con otra persona” pero que le caí muy bien, eso sí. Qué putada. Me consuelo pensando en las escaleras esas que era cuestión de tiempo que me costasen un accidente. Pero ¡¡¡Qué putada!!!. En fin. De vuelta al curro descubro por fin que lo que tengo es una infección umbilical. Al menos ya se lo que tengo, se como tratarlo aunque no tengo idea de cómo se me ha producido. El cambio de clima, la humedad relativa, la oscilación térmica, los contrastes en la cocina, el género con el que estoy tratando casi constantemente, el Hostle. Focos tengo para escoger. Lo que ahora cuenta es recuperarme y prevenirme para el futuro.
Cuando llego al tajo me encuentro a Jofra en la barra y me pregunta que qué tal me encuentro (aquí la gente lo casaca todo). Le digo que ahora, después de descansar me encuentro mejor. Me dice que él y Murdoc pueden sacar a delante el servicio pero le aseguro que puedo aguantar (eso es lo que quiero creer porque todavía no he descuierto lo que tengo. Para eso me faltan aún diez minutos). Entro a cambiarme y me meto a l baño a echarme un vistazo al abdomen. Efectivamente es otra asquerosa infección de esas. Pues me tocará buscar una farmacia y administrarme el remedio.
El tajo lo llevo de aquella manera, pero sobre vivo. Me noto febril pero el orgullo patrio lo puede todo. Este servicio lo acabo sí o sí. A mí me vana a enseñar unos hijos de la Gran Bretaña lo que es dar el callo. Por cierto, que callos no he visto en el menú. Mal muy mal.
Salgo baldado. Podrían hacer pulpo conmigo por como me siento. Listo para servir, señora. La que le hemos metido. Nos dolía hasta en los párpados de verlo.
Esta noche ni Internet ni leches. Como algo por cumplir y me meto al sobre.
Ay!!
Día decimoquinto. Miércoles
Todos habeis leído sobre mi día libre (día en singular porque toca apretarse los machos, se acabaron las libranzas hasta que vuelva el primo McEllen. Bueno, a mí me toca librar el domingo. A ver si no se fastidia).
Ale hop!! Me levanto y me dispongo a hacer, tras las abluciones matutinas de rigor, el desayuno de los campeones: tortelloni con salsa de tomate especiada. Habrá quien piensa “tío más raro metiéndose unos espaguetis (que no son espaguetis “Ooocño”!! que son Tortelloni) a las ocho y media de la mañana. Pero es que hay que meterse substancia si luego vas a darle al currelo. Más si es en un sitio en el que hay tanto desgaste físico.
Además salgo pronto porque quiero pasarme por el Job Centre principal y sacarme, o solicitar de una vez el dichoso Nacional Insurance Number (Seguridad Social Made in Escocia para mis paisanos). Sé donde está la oficina (o eso me creo yo) y no queda demasiado lejos del curro. Puedo ir antes a pedir la cita y el día que me la den me paso otra vez. Chimpúm. Allí me dirijo y me encuentro en el “Dilema San Andrés”. Resulta que las oficinas están en South St Andrew street. Te puede dar algo. Estos paisanos tienen la costumbre de, una vez que le ponen un nombre a una calle, las de alrededor se tienen que llamar igual con sutiles variaciones: St Andrews Square, North St Andrew, St Andrew Close. Lo que uno quiera vamos. Como no lo tengas muy claro, vas a hacer turismo pero del bueno. Yo me limité a llegar al lugar que creía que era y le pregunto al portero por la calle. Este es otro parásito pero de importación. Me dice que no, que esta es St Andrews Square (mentira. Este fulano ni siquiera sabe donde trabaja, pero eso yo aún no lo sé). Me pego una estupenda vuelta al ruedo (que no es pequeño) y termino por descubrir que yo tenía razón. El imbécil de antes no sabe en qué calle está, pero con el lío que hay por aquí, y sin tener costumbre, no me extraña. El caso es que ya iba un poco justo de tiempo. Consigo llegar al sitio y pregunto en recepción donde hay, nada menos, que tres personas para atenderme a pie de pista. Me ofrecen pasar ya (por fin algo de eficiencia) pero se da la circunstancia de que tiempo es lo que no tengo. Que no, Highlander, que me des hora para más tarde que hoy tengo turno partido y me puedo pasar más tarde. Me auto apunto a las 15:30. Llego al trabajo con tiempo de sobra para descubrir que soy el primero en llegar (primo). Disfruto un rato de la lluvia hasta que llega el jefe y nos abre los que nos hemos concentrado en la puerta. Al tajo. Hoy toca volar solo. Me pongo a revisar que es lo que me hace falta con más urgencia para la mise en place. Ale. Vamos a ello. Hay que preparar mix para hacer tortillas de patata y cortar algo de queso. También he de prepara el relleno de las empanadas que casi no nos queda. Pero no vienen a avisar que subamos a echar una mano que ha llegado el camión con los productos de España. Bonito trabajito. Entre queso, vino aceite, embutido, de todo nos damos una buena paliza. Luego a preparar más mise en place, o sea, la que no he preparado todavía. El que tenga alguna luz ya supondrá que nos acaba pillando el toro por el lado del capote que menos nos esperamos. La ensaladilla, que parecía teníamos de sobra, está mala. Pero me doy cuenta cuando me piden un plato. Vamos, que la voy a servir en el plato y me parece que no está muy de buen ver (o comer, en este caso). “Oye Murdoc. Esta ensaladilla me da peor espina que una maciza meando de pie y con bigote ¿Tú que piensas?”” Está para tirar”. Al menos estamos de acuerdo. Mala suerte. “oye primo. Y entonces ¿Qué hacemos””Otra Rusa rápido”.
Esta sí que es buena. Acabamos de desarrollar el concepto, Ensaladilla Rusa Express. Porque el tema tiene trabajo. Aquí se hacen con patata picada en trocitos muy pequeños (todo va en trozos muy pequeños menos el huevo, que va rallado y los guisantes, que van enteros), zanahoria que, además de no ser solo un héroe del MudoDisco, tiene que macerarse en una reducción de vinagre (ya os podeis maginar, avezados lectores, que la maceración va a ser también express), huevos cocidos rallados y guisantes. Después se le añade la mahonesa (aquí mayonesa).
Con parte de las patatas que estaba cortando para el mix de la tortilla, improviso una provisión de trocitos para cocer y usar en la ensalada. He puesto mientras una picadura ya hecha (gracias a los hados) de zanahoria en la reducción de vinagre y la he escurrido (sí, así, sobre la marcha), y unos huevos que se están cociendo y que los pobres no tendrás tiempo de endurecerse. Pienso en los guisantes, pero mi jefe, Jofra, que ha aparecido y me ha echado una mano pelando y rallando los huevos “duros” me dice que pase, vamos que le dan mucho por ahí. Añade la mahonesa (aquí mayonesa) y me dice que lo marche zumbando “aye, aye, sir!!”. Marchando una Ensaladilla Rusa Express. Aprovecho para ir montando otra mise en place de Rusa, como la llamamos para abreviar. Preparo unas empanadas de hojaldre para tener de reserva en caso de que nos las pidan. La aventura se la lleva el mix de tortilla de patata. Me empiezo a encontrar mal. Siento un dolor punzante y sostenido en el estómago. Ay!!. Me va a acompañar el resto del día pero eso aún no lo sé. Con dolor y todo uno hace lo que puede y se maneja con soltura. El día es facilito. Para la hora de irme, las 15:00 procuro tener preparado lo más importante del servicio. Me piro a conseguir el numerito que me hace falta. Un tipo muy considerado me atiende y me hace lo que ellos llaman una entrevista para saber quién soy y a qué he venido a este país. Me comenta que en un par de semanas debería recibir mi número y me da un papelito por si me lo piden. Majísimo. Vuelvo al Hostle con la intención de comer algo y descansar. Desastre, me quedo dormido y amanezco a las 17:40. Me levanto tan pancho creyendo que me queda un ahora por delante pero al encender el portátil descubro la hora que es, es decir, que tendría que estar ya trabajando. A salir zumbando tocan. Solo llego veinte minutos tarde pero nadie dice esta boca es mía. Al poco de empezar el servicio vuelve a molestarme, quizá con más intensidad el vientre, justo debajo de la zona del ombligo (Ay!!)
El servicio tiene sus mases y sus menos y el dolor abdominal se intensifica. Pero salgo del paso aunque acabo baldado.
Durante la tarde he tratado de llamar al tipo de la habitación porque me parece que está muy pero que muy bien. No le pillo. De hecho me salta el contestador. Dejo un mensaje. En el Hostle, escribo mi supercrónica de ayer y, como no, me dan las tantas.
Ale hop!! Me levanto y me dispongo a hacer, tras las abluciones matutinas de rigor, el desayuno de los campeones: tortelloni con salsa de tomate especiada. Habrá quien piensa “tío más raro metiéndose unos espaguetis (que no son espaguetis “Ooocño”!! que son Tortelloni) a las ocho y media de la mañana. Pero es que hay que meterse substancia si luego vas a darle al currelo. Más si es en un sitio en el que hay tanto desgaste físico.
Además salgo pronto porque quiero pasarme por el Job Centre principal y sacarme, o solicitar de una vez el dichoso Nacional Insurance Number (Seguridad Social Made in Escocia para mis paisanos). Sé donde está la oficina (o eso me creo yo) y no queda demasiado lejos del curro. Puedo ir antes a pedir la cita y el día que me la den me paso otra vez. Chimpúm. Allí me dirijo y me encuentro en el “Dilema San Andrés”. Resulta que las oficinas están en South St Andrew street. Te puede dar algo. Estos paisanos tienen la costumbre de, una vez que le ponen un nombre a una calle, las de alrededor se tienen que llamar igual con sutiles variaciones: St Andrews Square, North St Andrew, St Andrew Close. Lo que uno quiera vamos. Como no lo tengas muy claro, vas a hacer turismo pero del bueno. Yo me limité a llegar al lugar que creía que era y le pregunto al portero por la calle. Este es otro parásito pero de importación. Me dice que no, que esta es St Andrews Square (mentira. Este fulano ni siquiera sabe donde trabaja, pero eso yo aún no lo sé). Me pego una estupenda vuelta al ruedo (que no es pequeño) y termino por descubrir que yo tenía razón. El imbécil de antes no sabe en qué calle está, pero con el lío que hay por aquí, y sin tener costumbre, no me extraña. El caso es que ya iba un poco justo de tiempo. Consigo llegar al sitio y pregunto en recepción donde hay, nada menos, que tres personas para atenderme a pie de pista. Me ofrecen pasar ya (por fin algo de eficiencia) pero se da la circunstancia de que tiempo es lo que no tengo. Que no, Highlander, que me des hora para más tarde que hoy tengo turno partido y me puedo pasar más tarde. Me auto apunto a las 15:30. Llego al trabajo con tiempo de sobra para descubrir que soy el primero en llegar (primo). Disfruto un rato de la lluvia hasta que llega el jefe y nos abre los que nos hemos concentrado en la puerta. Al tajo. Hoy toca volar solo. Me pongo a revisar que es lo que me hace falta con más urgencia para la mise en place. Ale. Vamos a ello. Hay que preparar mix para hacer tortillas de patata y cortar algo de queso. También he de prepara el relleno de las empanadas que casi no nos queda. Pero no vienen a avisar que subamos a echar una mano que ha llegado el camión con los productos de España. Bonito trabajito. Entre queso, vino aceite, embutido, de todo nos damos una buena paliza. Luego a preparar más mise en place, o sea, la que no he preparado todavía. El que tenga alguna luz ya supondrá que nos acaba pillando el toro por el lado del capote que menos nos esperamos. La ensaladilla, que parecía teníamos de sobra, está mala. Pero me doy cuenta cuando me piden un plato. Vamos, que la voy a servir en el plato y me parece que no está muy de buen ver (o comer, en este caso). “Oye Murdoc. Esta ensaladilla me da peor espina que una maciza meando de pie y con bigote ¿Tú que piensas?”” Está para tirar”. Al menos estamos de acuerdo. Mala suerte. “oye primo. Y entonces ¿Qué hacemos””Otra Rusa rápido”.
Esta sí que es buena. Acabamos de desarrollar el concepto, Ensaladilla Rusa Express. Porque el tema tiene trabajo. Aquí se hacen con patata picada en trocitos muy pequeños (todo va en trozos muy pequeños menos el huevo, que va rallado y los guisantes, que van enteros), zanahoria que, además de no ser solo un héroe del MudoDisco, tiene que macerarse en una reducción de vinagre (ya os podeis maginar, avezados lectores, que la maceración va a ser también express), huevos cocidos rallados y guisantes. Después se le añade la mahonesa (aquí mayonesa).
Con parte de las patatas que estaba cortando para el mix de la tortilla, improviso una provisión de trocitos para cocer y usar en la ensalada. He puesto mientras una picadura ya hecha (gracias a los hados) de zanahoria en la reducción de vinagre y la he escurrido (sí, así, sobre la marcha), y unos huevos que se están cociendo y que los pobres no tendrás tiempo de endurecerse. Pienso en los guisantes, pero mi jefe, Jofra, que ha aparecido y me ha echado una mano pelando y rallando los huevos “duros” me dice que pase, vamos que le dan mucho por ahí. Añade la mahonesa (aquí mayonesa) y me dice que lo marche zumbando “aye, aye, sir!!”. Marchando una Ensaladilla Rusa Express. Aprovecho para ir montando otra mise en place de Rusa, como la llamamos para abreviar. Preparo unas empanadas de hojaldre para tener de reserva en caso de que nos las pidan. La aventura se la lleva el mix de tortilla de patata. Me empiezo a encontrar mal. Siento un dolor punzante y sostenido en el estómago. Ay!!. Me va a acompañar el resto del día pero eso aún no lo sé. Con dolor y todo uno hace lo que puede y se maneja con soltura. El día es facilito. Para la hora de irme, las 15:00 procuro tener preparado lo más importante del servicio. Me piro a conseguir el numerito que me hace falta. Un tipo muy considerado me atiende y me hace lo que ellos llaman una entrevista para saber quién soy y a qué he venido a este país. Me comenta que en un par de semanas debería recibir mi número y me da un papelito por si me lo piden. Majísimo. Vuelvo al Hostle con la intención de comer algo y descansar. Desastre, me quedo dormido y amanezco a las 17:40. Me levanto tan pancho creyendo que me queda un ahora por delante pero al encender el portátil descubro la hora que es, es decir, que tendría que estar ya trabajando. A salir zumbando tocan. Solo llego veinte minutos tarde pero nadie dice esta boca es mía. Al poco de empezar el servicio vuelve a molestarme, quizá con más intensidad el vientre, justo debajo de la zona del ombligo (Ay!!)
El servicio tiene sus mases y sus menos y el dolor abdominal se intensifica. Pero salgo del paso aunque acabo baldado.
Durante la tarde he tratado de llamar al tipo de la habitación porque me parece que está muy pero que muy bien. No le pillo. De hecho me salta el contestador. Dejo un mensaje. En el Hostle, escribo mi supercrónica de ayer y, como no, me dan las tantas.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Día decimo cuarto. Martes
Como os anunciaba ayer, esta mañana se ha levantado Rita para trabajar en el Hostle. Las tantas me has dado en la cama. Y eso que había movimiento alrededor.
Al fin, sobre las once y media me he bajado al santo suelo (son literas de dos niveles y me ha tocado el de arriba) y he tratado de organizar un poco, a la luz del día, todos lo bultos que me he traído, o sea, todos. Lo que uno está dispuesto a hacer con tal de no ver más a Pandoro (o Panduro como un buen amigo lo ha rebautizado). Tiemblo de pensar en la próxima mudanza…
A lo nuestro.
El caso es que me he levantado y me he dispuesto a hacer mis abluciones matutinas. –Lavarse los dientes, descargar depósitos de lastre, y una limpieza general del casco y resto de estructuras del navío que es mi persona. Cuando he vuelto a la habitación (que no se si he dicho ya que comparto con otras once camas, no todas ocupadas, pero once camas) gran parte de mis cosas habían desaparecido. La bolsa negra grande no. No han tenido cojones a levantarla. Seguro que el crujido estremecedor, seguido de un lamento ahogado de quien acaba de adquirir una fantástica hernia a perpetuidad procedían del desaprensivo hurtador. Me lo tomo con calma. Hay un chaval al que he visto llenando unas bolsas de plástico amarillas y le pregunto “have you take any thing from that side? I´m Missing my boots” (traducción “sucia rata de cloaca ¿Has puesto tus apestosas manos sobre mis cosas? Responde antes de que te convierta en comida para los Guntars”. Niega con la cabeza. Aprovecho para comentar que, en el extranjero, cuando alguien niega con la cabeza es como cuando una chica dice “No”. Quiero decir que se parece. Cuando una chica dice “No” estás en un verdadero aprieto, porque vete a saber que coño quiere decir realmente. Si en cima te importa lo que quiere decir, la has cagado primo. Ale. Coge aire y échale moral, que te queda más mili que al palo de la bandera. Si no te importa. Mejor, solo te dolerá la cabeza por la bronca que más tarde o más temprano te va a caer por algo que no tendrá absolutamente ningún sentido, pero así es la vida. Las mujeres son fascinantes, por eso solo han de ser tratadas por personal especializado y con un seguro médico a toda prueba (si es que se lo hacen, pues dada la actividad de riesgo que desempeñan…). ¿Porqué siempre me distraeis con cosas sin importancia? Lo que yo quería decir antes de que me interrumpierais con vuestras preguntas es que tengo la sensación de que el fulano o no hablaba o no comprendía el inglés en el que yo le hablé. Creo que negó con la cabeza diciendo “¿eh?”, eso, claro, pronunciado en su propio idioma. Vete a saber. Esto es como cuando los británicos exploraban Australia y le preguntaron a un fulano del lugar “Oye primo ¿Ese bicho grande que se mueve dando saltos y con cara de –si me tocas lo que te dije te sacudo hasta en el pasaporte- qué es?” a lo que mi primo le contestó Cangooró. Qué contento se puso mi primo británico al saber que ese era el nombre del bicho. A algún desaprensivo le dio luego por marear las cosas, que estaban muy bien como estaban, descubriendo que lo que esa “palabra” quería decir era más bien “No te entiendo compadre”. Así que el fulanito de mi habitación, vete a saber lo que me dijo. Me faltaron reflejos para, con una sonrisa decirle “por si acaso tu padre, majo. Y si tuviera perro se tiraría a tu madre”.
De todas maneras, el tipo no parecía adolecer de ningún mal causado por intentar levantar mi equipaje (Pratchett se emocionaría a verlo. Mi equipaje, digo). Cuando termino de vestirme y el fulano se ha esfumado, investigo las bolsas con las que el muy truhán estaba trabajando. Te pillé, sucio hijo de la Gran Bretaña, o de donde quiera que seas. Ahí están mis botas, un par de bolsas y solo hecho a faltar una cajita con una mezcla de mini chocolatinas (me he estado dopando con chocolate para aguantar a Pandoro).
¡¡¡Ladrones!!!
¡¡¡A las armas!!!
¡¡¡Primero Gibraltar y ahora esto!!!
Como diríamos en la sala de esgrima, “no queda sino batirse” (gracias Pérez-Reverte”).
Pero a este torero le quedan mucho toros por encima, así que con la mejor cara que es capaz de componer, se encamina a la reopción a ver si pueden hacerle una “Laundry”, es decir, colada, porque tiene los aperos de cocina pero que bien sucios (en realidad no tan sucios pero es que un o es muy coqueto y nunca se sabe a quién te puedes encontrar encerrado en una cocina en un sótano trabajando a sota, caballo y rey. Veo los chocolates sobre el mostrador. ¡¡Ajá!!
Noto además una ligera molestia al moverse en uno de los fulanos de la recepción. ¡¡Ajá!! (éste va a ser el tullido del equipaje).
Pero necesito mi colada así que voy punto por punto.
“Good morning. Para una colada please? Una bien grande”
“Take this bag and put what ever you want to wash”
“Verigüelfandango”
Ale. Relleno la bolsa y me corto de meter también el saco de dormir.
“Two fifty, please”
“Pues va a ser con crédito card guapa. Que estoy penny less (penny less es una expresión polisémicas que viene a decir al mismo tiempo “que pena tengo que estoy sin un penny” (penny de moneda, no de colita. Eso lo dirían algunas, no yo)”
“Oh. We can´t not make charges for less than five pounds” (Que si no te sacuden un galleta de cinco libras no te sacuden nada con la tarjeta (sacudir de golpear. Guarr@s).
“Ok. I also would like to know whar had happened with a box of small chocolates I´ve had in the room in a bag who´s been collected” (Mirando serio fuerte fuerte y voz de Constantino Romero con jadeos…”donde están los chocolates que habeis interceptado”
“Oh. Esto es la recepción de un Hostle de buen rollo en el que somos diplomátcos, No hemos interceptado ningún chocolate”
“Si esto es una recepción ¿Qué hacen vuestras cara manchas de chocolate…”
Os ha gustado ¿Eh?
No es mío. Es de Lukas. Jorge Lukas.
Lo que pasó es que las pregunté con una sonrisa que qué había pasado con los chocolates y se quedaron consternados. Tan consternados como alguien (alguienes) que se acaba de dar una panzada a chocolatinas de otro y el otro tiene el mal gusto de aparecer y encima preguntar.
Me dicen “pueeeeeeeeeeeeees nos los hemos comido”. Bien por la sinceridad. Y acto seguido se mete una de las chicas en la salita de detrás de la recepción y me sale con una colección completa de chocolatinas, tamaño grande para compensarme. “Oye, prima, que no pasa nada. Que entiendo que se está limpiando y que si hay cosas de por medio de despeja por la brava. Que somos doscientos aquí y si no esto sería una pocilga (lo cierto es que el sitio está muy, pero que muy arregladito).
“No, no. Me siento muy culpable de que nos hayamos comido tus chocolates. Así que toma estos por favor”. Fue inútil negarme. Me estoy poniendo ciego a chocolate.
El caso es que me dice “ Y la colada gratis por las molestias”
“Oye prima. Espera, que te quería pagar una semana de estancia y me lo puedes cargar todo en la tarjeta”
“No, no”
Así da gusto. Aunque por un momento me siento un poco incómodo, como no he dejado de sonreír desde que les pregunté por lo de los chocolates, acepto de buen grado el gesto. Y aprovecho para preguntar donde queda cerca un “Job Centre”. Para todos los que no hayais trabajado en Edimburgo, que imagino sereis los menos porque ¿quién no ha trabajado en Edimburgo?, Os comento que es necesario registrarse en unas oficinas como las del Inem en España y te dan un Número de Seguro Nacional. Pero eso requiere de unos trámites que voy a narrar ahora.
La encantadora muchacha me explica donde me queda la oficina más próxima y para allá que voy.
En la oficina. De hecho en la puerta de la oficina, porque a los que tienen pinta de terroristas como yo, no nos dejan pasar a dentro aunque diluvie, me dan un folletito con un teléfono y una dirección. El teléfono es para pedir cita y la dirección para ir a la cita. Máxima tecnología administrativa. El caso es que llamo al teléfono para pedir la cita. Como me hablan en extranjero le indico a la mujer (primer parásito que en encuentro en este lugar, que soy español y que no domito completamente la lengua del tío Guillermo. La tía, en lugar de hablar un poco más despacio y pronunciando como God manda, se acoge a los servicios de una intérprete. Segundo Parásito (este con mayúsculas) que me encuentro por estos lares. La intérprete sabe español, pero lo aprendió de alguienen Panchitolandia. El acento tira de espaldas. La pobre desgraciada debe saber que su español solo sirve para pedir una caña y que te timen al darte el cambio. Resulta ser una borde (ese es su problema), una imbécil (sigue siendo su problema) y un incompetente (ahí me da en la línea de flotación la asquerosa esta. Como traduce de aquella manera pero a mí me cuesta entender su español más que el inglés de la otra parásita, me limito, pese a sus quejas (se sabe un parásito. Que llore), a usar el ingles ara abreviar trámites. Se enfada, Que porqué he pedido un traductor si no lo necesito y no se qué. Yo paso de ella. La basura es mejor no mirarla siquiera (salvo si se te ha caído dentro un tenedor o algo). Además que yo no he pedido traductor, solo que se me hable más despacio. Que la llamadita la pago yo y esta fulana que es más tonta que un bocao en la polla me está haciendo perder un tiempo precioso. Total que hablo solo con el primer parásito (ese que no es muy grande). Que si su número de pasaporte, que si tiene derecho a trabajar aquí, que por qué, que si dirección, que si código postal, que si no lo sé… La cagamos.
Surge el parásito de turno. “pues es que el sistema no me deja concertarle una cita sin un código postal válido” (el código Davinci te voy a dar yo a ti, tonta del bote. Invéntatelo coño, que el teléfono lo pago yo). “No, no. Busque el código postal y llame más tarde”. Y que me den.
Menudo par de zorras. Esas están ahí, calentando el asiento como putas burócratas chupatintas, porque chupar no deben ni saber chupar ni un caramelo (no digamos otras cosas).
Vuelvo al Hostle con la primera decepción escocesa. Me instalo en la “Sala Gryfindor” a darle a Internet y tratar de recargar el móvil on line. Aprovecho y busco también piso y quiere la suerte que encuentre algunos interesantes, anuncios a los que respondo.
Como la página de la compañía de teléfono no me deja acceder a mi cuenta (os recuerdo que el otro día tuvisteis como primicia como me registré en esa compañía como usuario) echo la mayor parte del día actualizando crónicas y revisando anuncios.
De repente me entra un correo de un tipo al que he contestado su anuncio. Me propone enseñarme el piso el jueves por la tarde. Le respondo que nones, que me gustaría pero que estoy on duty, esto es que me toca currar y que mis horarios tienen su punto también. Al rato me responde ofreciéndome la posibilidad, si recibo el correo a tiempo, de ver el piso esta tarde. Para allá que voy.
La casa me gusta. Buen salón, buena cocina-comedor. La habitación es pequeña pero perfectamente funcional. Hay lavadora, micro, horno, secadora (muy interesante por estos lares), Wifi. De todo. El precio, no es muy caro 320 pounds al mes todo incluido (incluso el dichoso Council Tax) excepto las llamadas telefónicas. El tipo es, además, muy agradable y otro de los compañeros parece majo también. Le digo que estoy viendo otros pisos y me marcho con muy bien sabor de boca.
Hago unas compras para la cena y me vuelvo para el Hostle. El suceso del medigo me lo guardo para mejor ocasión.
En el Hostle me hago una cena de aquí te pillo aquí te mato, me conecto un rato más a Internet y me voy, por fin a la cama, donde descubro con consternación, la capacidad de alguno para roncar. Pero que binchú y Emi no se preocupen que ellos no tienen competencia en este terreno.
Al fin, sobre las once y media me he bajado al santo suelo (son literas de dos niveles y me ha tocado el de arriba) y he tratado de organizar un poco, a la luz del día, todos lo bultos que me he traído, o sea, todos. Lo que uno está dispuesto a hacer con tal de no ver más a Pandoro (o Panduro como un buen amigo lo ha rebautizado). Tiemblo de pensar en la próxima mudanza…
A lo nuestro.
El caso es que me he levantado y me he dispuesto a hacer mis abluciones matutinas. –Lavarse los dientes, descargar depósitos de lastre, y una limpieza general del casco y resto de estructuras del navío que es mi persona. Cuando he vuelto a la habitación (que no se si he dicho ya que comparto con otras once camas, no todas ocupadas, pero once camas) gran parte de mis cosas habían desaparecido. La bolsa negra grande no. No han tenido cojones a levantarla. Seguro que el crujido estremecedor, seguido de un lamento ahogado de quien acaba de adquirir una fantástica hernia a perpetuidad procedían del desaprensivo hurtador. Me lo tomo con calma. Hay un chaval al que he visto llenando unas bolsas de plástico amarillas y le pregunto “have you take any thing from that side? I´m Missing my boots” (traducción “sucia rata de cloaca ¿Has puesto tus apestosas manos sobre mis cosas? Responde antes de que te convierta en comida para los Guntars”. Niega con la cabeza. Aprovecho para comentar que, en el extranjero, cuando alguien niega con la cabeza es como cuando una chica dice “No”. Quiero decir que se parece. Cuando una chica dice “No” estás en un verdadero aprieto, porque vete a saber que coño quiere decir realmente. Si en cima te importa lo que quiere decir, la has cagado primo. Ale. Coge aire y échale moral, que te queda más mili que al palo de la bandera. Si no te importa. Mejor, solo te dolerá la cabeza por la bronca que más tarde o más temprano te va a caer por algo que no tendrá absolutamente ningún sentido, pero así es la vida. Las mujeres son fascinantes, por eso solo han de ser tratadas por personal especializado y con un seguro médico a toda prueba (si es que se lo hacen, pues dada la actividad de riesgo que desempeñan…). ¿Porqué siempre me distraeis con cosas sin importancia? Lo que yo quería decir antes de que me interrumpierais con vuestras preguntas es que tengo la sensación de que el fulano o no hablaba o no comprendía el inglés en el que yo le hablé. Creo que negó con la cabeza diciendo “¿eh?”, eso, claro, pronunciado en su propio idioma. Vete a saber. Esto es como cuando los británicos exploraban Australia y le preguntaron a un fulano del lugar “Oye primo ¿Ese bicho grande que se mueve dando saltos y con cara de –si me tocas lo que te dije te sacudo hasta en el pasaporte- qué es?” a lo que mi primo le contestó Cangooró. Qué contento se puso mi primo británico al saber que ese era el nombre del bicho. A algún desaprensivo le dio luego por marear las cosas, que estaban muy bien como estaban, descubriendo que lo que esa “palabra” quería decir era más bien “No te entiendo compadre”. Así que el fulanito de mi habitación, vete a saber lo que me dijo. Me faltaron reflejos para, con una sonrisa decirle “por si acaso tu padre, majo. Y si tuviera perro se tiraría a tu madre”.
De todas maneras, el tipo no parecía adolecer de ningún mal causado por intentar levantar mi equipaje (Pratchett se emocionaría a verlo. Mi equipaje, digo). Cuando termino de vestirme y el fulano se ha esfumado, investigo las bolsas con las que el muy truhán estaba trabajando. Te pillé, sucio hijo de la Gran Bretaña, o de donde quiera que seas. Ahí están mis botas, un par de bolsas y solo hecho a faltar una cajita con una mezcla de mini chocolatinas (me he estado dopando con chocolate para aguantar a Pandoro).
¡¡¡Ladrones!!!
¡¡¡A las armas!!!
¡¡¡Primero Gibraltar y ahora esto!!!
Como diríamos en la sala de esgrima, “no queda sino batirse” (gracias Pérez-Reverte”).
Pero a este torero le quedan mucho toros por encima, así que con la mejor cara que es capaz de componer, se encamina a la reopción a ver si pueden hacerle una “Laundry”, es decir, colada, porque tiene los aperos de cocina pero que bien sucios (en realidad no tan sucios pero es que un o es muy coqueto y nunca se sabe a quién te puedes encontrar encerrado en una cocina en un sótano trabajando a sota, caballo y rey. Veo los chocolates sobre el mostrador. ¡¡Ajá!!
Noto además una ligera molestia al moverse en uno de los fulanos de la recepción. ¡¡Ajá!! (éste va a ser el tullido del equipaje).
Pero necesito mi colada así que voy punto por punto.
“Good morning. Para una colada please? Una bien grande”
“Take this bag and put what ever you want to wash”
“Verigüelfandango”
Ale. Relleno la bolsa y me corto de meter también el saco de dormir.
“Two fifty, please”
“Pues va a ser con crédito card guapa. Que estoy penny less (penny less es una expresión polisémicas que viene a decir al mismo tiempo “que pena tengo que estoy sin un penny” (penny de moneda, no de colita. Eso lo dirían algunas, no yo)”
“Oh. We can´t not make charges for less than five pounds” (Que si no te sacuden un galleta de cinco libras no te sacuden nada con la tarjeta (sacudir de golpear. Guarr@s).
“Ok. I also would like to know whar had happened with a box of small chocolates I´ve had in the room in a bag who´s been collected” (Mirando serio fuerte fuerte y voz de Constantino Romero con jadeos…”donde están los chocolates que habeis interceptado”
“Oh. Esto es la recepción de un Hostle de buen rollo en el que somos diplomátcos, No hemos interceptado ningún chocolate”
“Si esto es una recepción ¿Qué hacen vuestras cara manchas de chocolate…”
Os ha gustado ¿Eh?
No es mío. Es de Lukas. Jorge Lukas.
Lo que pasó es que las pregunté con una sonrisa que qué había pasado con los chocolates y se quedaron consternados. Tan consternados como alguien (alguienes) que se acaba de dar una panzada a chocolatinas de otro y el otro tiene el mal gusto de aparecer y encima preguntar.
Me dicen “pueeeeeeeeeeeeees nos los hemos comido”. Bien por la sinceridad. Y acto seguido se mete una de las chicas en la salita de detrás de la recepción y me sale con una colección completa de chocolatinas, tamaño grande para compensarme. “Oye, prima, que no pasa nada. Que entiendo que se está limpiando y que si hay cosas de por medio de despeja por la brava. Que somos doscientos aquí y si no esto sería una pocilga (lo cierto es que el sitio está muy, pero que muy arregladito).
“No, no. Me siento muy culpable de que nos hayamos comido tus chocolates. Así que toma estos por favor”. Fue inútil negarme. Me estoy poniendo ciego a chocolate.
El caso es que me dice “ Y la colada gratis por las molestias”
“Oye prima. Espera, que te quería pagar una semana de estancia y me lo puedes cargar todo en la tarjeta”
“No, no”
Así da gusto. Aunque por un momento me siento un poco incómodo, como no he dejado de sonreír desde que les pregunté por lo de los chocolates, acepto de buen grado el gesto. Y aprovecho para preguntar donde queda cerca un “Job Centre”. Para todos los que no hayais trabajado en Edimburgo, que imagino sereis los menos porque ¿quién no ha trabajado en Edimburgo?, Os comento que es necesario registrarse en unas oficinas como las del Inem en España y te dan un Número de Seguro Nacional. Pero eso requiere de unos trámites que voy a narrar ahora.
La encantadora muchacha me explica donde me queda la oficina más próxima y para allá que voy.
En la oficina. De hecho en la puerta de la oficina, porque a los que tienen pinta de terroristas como yo, no nos dejan pasar a dentro aunque diluvie, me dan un folletito con un teléfono y una dirección. El teléfono es para pedir cita y la dirección para ir a la cita. Máxima tecnología administrativa. El caso es que llamo al teléfono para pedir la cita. Como me hablan en extranjero le indico a la mujer (primer parásito que en encuentro en este lugar, que soy español y que no domito completamente la lengua del tío Guillermo. La tía, en lugar de hablar un poco más despacio y pronunciando como God manda, se acoge a los servicios de una intérprete. Segundo Parásito (este con mayúsculas) que me encuentro por estos lares. La intérprete sabe español, pero lo aprendió de alguienen Panchitolandia. El acento tira de espaldas. La pobre desgraciada debe saber que su español solo sirve para pedir una caña y que te timen al darte el cambio. Resulta ser una borde (ese es su problema), una imbécil (sigue siendo su problema) y un incompetente (ahí me da en la línea de flotación la asquerosa esta. Como traduce de aquella manera pero a mí me cuesta entender su español más que el inglés de la otra parásita, me limito, pese a sus quejas (se sabe un parásito. Que llore), a usar el ingles ara abreviar trámites. Se enfada, Que porqué he pedido un traductor si no lo necesito y no se qué. Yo paso de ella. La basura es mejor no mirarla siquiera (salvo si se te ha caído dentro un tenedor o algo). Además que yo no he pedido traductor, solo que se me hable más despacio. Que la llamadita la pago yo y esta fulana que es más tonta que un bocao en la polla me está haciendo perder un tiempo precioso. Total que hablo solo con el primer parásito (ese que no es muy grande). Que si su número de pasaporte, que si tiene derecho a trabajar aquí, que por qué, que si dirección, que si código postal, que si no lo sé… La cagamos.
Surge el parásito de turno. “pues es que el sistema no me deja concertarle una cita sin un código postal válido” (el código Davinci te voy a dar yo a ti, tonta del bote. Invéntatelo coño, que el teléfono lo pago yo). “No, no. Busque el código postal y llame más tarde”. Y que me den.
Menudo par de zorras. Esas están ahí, calentando el asiento como putas burócratas chupatintas, porque chupar no deben ni saber chupar ni un caramelo (no digamos otras cosas).
Vuelvo al Hostle con la primera decepción escocesa. Me instalo en la “Sala Gryfindor” a darle a Internet y tratar de recargar el móvil on line. Aprovecho y busco también piso y quiere la suerte que encuentre algunos interesantes, anuncios a los que respondo.
Como la página de la compañía de teléfono no me deja acceder a mi cuenta (os recuerdo que el otro día tuvisteis como primicia como me registré en esa compañía como usuario) echo la mayor parte del día actualizando crónicas y revisando anuncios.
De repente me entra un correo de un tipo al que he contestado su anuncio. Me propone enseñarme el piso el jueves por la tarde. Le respondo que nones, que me gustaría pero que estoy on duty, esto es que me toca currar y que mis horarios tienen su punto también. Al rato me responde ofreciéndome la posibilidad, si recibo el correo a tiempo, de ver el piso esta tarde. Para allá que voy.
La casa me gusta. Buen salón, buena cocina-comedor. La habitación es pequeña pero perfectamente funcional. Hay lavadora, micro, horno, secadora (muy interesante por estos lares), Wifi. De todo. El precio, no es muy caro 320 pounds al mes todo incluido (incluso el dichoso Council Tax) excepto las llamadas telefónicas. El tipo es, además, muy agradable y otro de los compañeros parece majo también. Le digo que estoy viendo otros pisos y me marcho con muy bien sabor de boca.
Hago unas compras para la cena y me vuelvo para el Hostle. El suceso del medigo me lo guardo para mejor ocasión.
En el Hostle me hago una cena de aquí te pillo aquí te mato, me conecto un rato más a Internet y me voy, por fin a la cama, donde descubro con consternación, la capacidad de alguno para roncar. Pero que binchú y Emi no se preocupen que ellos no tienen competencia en este terreno.
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