martes, 26 de enero de 2010

Glú, glú, glú...

Flotando.
Cuando uno no está haciendo nada de provecho, tengo un amigo que dice que esa persona está “flotando”. Lo cierto es que tiene gracia.
En este caso y para la historia que nos acontece lo que cuenta de flotar es el puro acto de mantenerse medio sumergido pero conservando la posibilidad de rellenar de aire regularmente los pulmones.
Pero empecemos por el principio.
De un tiempo a esta parte y salvando una pausa para las navidades, he estrado yendo a nadar a una piscina. Ahora he vuelto a hacer una media de mil cien metros por sesión pero me he pasado algunas semanas haciendo más de dos mil. Para alguien que nunca ha nadado no está mal o eso me parece a mí, que soy el que se mete la caña.
La piscina está dividida en calles con distintos ritmos de entrenamiento, esto es un para de calles “slow”, o sea, despacio, otro par de calles “medium” (Imagino que será de velocidad media y no para fantasmas). Y otras dos calles para “Fast”, rápido. Yo por norma general y disfrutando de un físico privilegiado para el ejercicio físico, siempre me he metido en las calles de “medium”, de este modo no estorbo a los que van rápidos como pingüinos en celo, ni los más lentos me entorpecen a mí. El caso es que a mitad de cada sesión solía aparecer un fulano, de unos cincuenta y tantos años, con sus lorzas y cara de zombie, que llegaba a la calle en la que estábamos nadando y se dedicaba a flotar impulsado por la brisa. Tú estabas nadando a tú ritmo ligero y te encontrabas con ese cúmulo de grasa flotante y claro, te corta el rollo cosa mala. Tienes que: o bien ir nadando detrás del parásito hasta que llegue a puerto, o tratar, si las circunstancias y el tráfico lo permiten, de adelantarlo. Esto es molesto e irritante.
El caso es que el tipo no parece darse por aludido cuando nos dedicamos a superarle de manera sistemática para intentar conservar nuestros propios ritmos de entrenamiento. El hijoputa debe pesarse que la piscina es suya y que el resto nos hemos colado. No nos dice que nos marchemos porque le acojona el número…
A mí me tiene harto. Hoy después de la sesión me he ido a hablar con los encargados para preguntarles si quieren que yo le diga algo o se lo dicen ellos. Esto lo he planteado en términos generales, refiriéndome a cualquier fulano “tronco flotante” que me pueda surgir y planteándoles que no quiero resultar rudo al ser yo quien llame al orden al desconsiderado de turno. Me han respondido que perfectamente, que lo ponga inmediatamente en conocimiento del socorrista que él se hará cargo de la situación.

A ver por donde me salen. Comentaba, después de todo esto, con mi amigo Hispalense, que es el que se viene a nadar conmigo. Que si no me hace caso el socorrista o el fulano ignora sus indicaciones, voy a agarrar, en mitad de la piscina al susodicho madero de naufrago por las pelotas y darle un buen apretón, de esos de “hubo un antes y un después”, a la vez que retuerzo y tiro con energía hija de la frustración hacia fuera.
Aunque solo sea de la sorpresa creo que semejante operación hará que el individuo trague suficiente agua como para que no se atreva a probar este líquido en varios meses por miedo a palmar de sobredosis. Si por algún azar se diese el caso de que realmente le de “un algo” en mitad de la piscina, ya avisaré yo al socorrista de que “Hay uno ahí que parece que no las tiene todas consigo. Sí pariente. Se quedó más parado que de costumbre de repente y ahora parece que ha tragado algo de agua. Vamos que se nos ahoga la lumbrera.
Estos tipos, los socorristas, están muy preparados. Seguro que en el peor de los casos lo sacan adelante y este, o no sale de la calle “slow” o se pasa a dar bañitos en su puta bañera.

domingo, 24 de enero de 2010

2010 El retorno

De vuelta a trabajar en una recepción.
Ahora se trata de la del Hostle en el que vivo. Esto funciona de la siguiente manera. Cada día hay unos trabajos que hacer en el Hostie. Siempre los mismos con algunos añadidos puntuales. Para empezar y tomarle el pulso a uno se trabaja en la alimpieza cotidiana del establecimiento. A esto se le añade que si uno se gana la confianza de los responsables puede pasar a formar parte de la plantilla, lo que es conocido como ser Staff.
Este statu tiene sus ventajas como la de poder programarse el trabajo de la semana a tu mayor conveniencia, siempre y cuando los trabajos estén aún disponibles. También puede disfrutar de desayunos, con ciertas restricciones, gratis. Y lo que es más importante, si uno acumula suficientes horas de trabajo, puede venderlas a alojados que tengan largas estancias a razón de £50 por cada 14 horas vendidas. Eso sí, siempre le tienen que quedar a uno suficientes horas para cubrir su estancia semanal, que, al ser Staff, solo te requiere de 12 horas por semana.
En estas me encontraba cuando surgió la oportunidad. Me ofrecieron prepararme para Night Porter, lo que s “mozo de noche” para la recepción, para cubrir las libranzas del habitual cuando quiera librar o irse de vacaciones. Es un pequeño chollo, pues aunque de vez en cuando hay que palmar una noche, el trabajo no es, ni con mucho, tan esforzado como el de la limpieza (al menos el de limpieza tal y como yo lo hago, pues tengo un concepto de lo que es estar limpio que no me compensa para trabajar en ello).
La cosa tiene su mérito pues la compañía no quiere que nadie que sea de origen anglosajón o perfectamente bilingüe trabaje como recepcionista. Eso me da extra de vidilla pues entiendo que me tiene en mucha consideración para ofrecerme este trabajo. Aún no se han atrevido a dejarme solo pero en breve llegará el momento. Seguro que acumulo un montón de entretenidas historias para deleitar a los lectores supervivientes del Blog.

Desde la septentrional escocia, un fuerte abrazo…

El castillo del centro de Edimburgo

El castillo del centro de Edimburgo
Un soleado día en Edimburgo