jueves, 3 de septiembre de 2009

Día decimo cuarto. Martes

Como os anunciaba ayer, esta mañana se ha levantado Rita para trabajar en el Hostle. Las tantas me has dado en la cama. Y eso que había movimiento alrededor.
Al fin, sobre las once y media me he bajado al santo suelo (son literas de dos niveles y me ha tocado el de arriba) y he tratado de organizar un poco, a la luz del día, todos lo bultos que me he traído, o sea, todos. Lo que uno está dispuesto a hacer con tal de no ver más a Pandoro (o Panduro como un buen amigo lo ha rebautizado). Tiemblo de pensar en la próxima mudanza…
A lo nuestro.
El caso es que me he levantado y me he dispuesto a hacer mis abluciones matutinas. –Lavarse los dientes, descargar depósitos de lastre, y una limpieza general del casco y resto de estructuras del navío que es mi persona. Cuando he vuelto a la habitación (que no se si he dicho ya que comparto con otras once camas, no todas ocupadas, pero once camas) gran parte de mis cosas habían desaparecido. La bolsa negra grande no. No han tenido cojones a levantarla. Seguro que el crujido estremecedor, seguido de un lamento ahogado de quien acaba de adquirir una fantástica hernia a perpetuidad procedían del desaprensivo hurtador. Me lo tomo con calma. Hay un chaval al que he visto llenando unas bolsas de plástico amarillas y le pregunto “have you take any thing from that side? I´m Missing my boots” (traducción “sucia rata de cloaca ¿Has puesto tus apestosas manos sobre mis cosas? Responde antes de que te convierta en comida para los Guntars”. Niega con la cabeza. Aprovecho para comentar que, en el extranjero, cuando alguien niega con la cabeza es como cuando una chica dice “No”. Quiero decir que se parece. Cuando una chica dice “No” estás en un verdadero aprieto, porque vete a saber que coño quiere decir realmente. Si en cima te importa lo que quiere decir, la has cagado primo. Ale. Coge aire y échale moral, que te queda más mili que al palo de la bandera. Si no te importa. Mejor, solo te dolerá la cabeza por la bronca que más tarde o más temprano te va a caer por algo que no tendrá absolutamente ningún sentido, pero así es la vida. Las mujeres son fascinantes, por eso solo han de ser tratadas por personal especializado y con un seguro médico a toda prueba (si es que se lo hacen, pues dada la actividad de riesgo que desempeñan…). ¿Porqué siempre me distraeis con cosas sin importancia? Lo que yo quería decir antes de que me interrumpierais con vuestras preguntas es que tengo la sensación de que el fulano o no hablaba o no comprendía el inglés en el que yo le hablé. Creo que negó con la cabeza diciendo “¿eh?”, eso, claro, pronunciado en su propio idioma. Vete a saber. Esto es como cuando los británicos exploraban Australia y le preguntaron a un fulano del lugar “Oye primo ¿Ese bicho grande que se mueve dando saltos y con cara de –si me tocas lo que te dije te sacudo hasta en el pasaporte- qué es?” a lo que mi primo le contestó Cangooró. Qué contento se puso mi primo británico al saber que ese era el nombre del bicho. A algún desaprensivo le dio luego por marear las cosas, que estaban muy bien como estaban, descubriendo que lo que esa “palabra” quería decir era más bien “No te entiendo compadre”. Así que el fulanito de mi habitación, vete a saber lo que me dijo. Me faltaron reflejos para, con una sonrisa decirle “por si acaso tu padre, majo. Y si tuviera perro se tiraría a tu madre”.
De todas maneras, el tipo no parecía adolecer de ningún mal causado por intentar levantar mi equipaje (Pratchett se emocionaría a verlo. Mi equipaje, digo). Cuando termino de vestirme y el fulano se ha esfumado, investigo las bolsas con las que el muy truhán estaba trabajando. Te pillé, sucio hijo de la Gran Bretaña, o de donde quiera que seas. Ahí están mis botas, un par de bolsas y solo hecho a faltar una cajita con una mezcla de mini chocolatinas (me he estado dopando con chocolate para aguantar a Pandoro).
¡¡¡Ladrones!!!
¡¡¡A las armas!!!
¡¡¡Primero Gibraltar y ahora esto!!!
Como diríamos en la sala de esgrima, “no queda sino batirse” (gracias Pérez-Reverte”).
Pero a este torero le quedan mucho toros por encima, así que con la mejor cara que es capaz de componer, se encamina a la reopción a ver si pueden hacerle una “Laundry”, es decir, colada, porque tiene los aperos de cocina pero que bien sucios (en realidad no tan sucios pero es que un o es muy coqueto y nunca se sabe a quién te puedes encontrar encerrado en una cocina en un sótano trabajando a sota, caballo y rey. Veo los chocolates sobre el mostrador. ¡¡Ajá!!
Noto además una ligera molestia al moverse en uno de los fulanos de la recepción. ¡¡Ajá!! (éste va a ser el tullido del equipaje).
Pero necesito mi colada así que voy punto por punto.
“Good morning. Para una colada please? Una bien grande”
“Take this bag and put what ever you want to wash”
“Verigüelfandango”
Ale. Relleno la bolsa y me corto de meter también el saco de dormir.
“Two fifty, please”
“Pues va a ser con crédito card guapa. Que estoy penny less (penny less es una expresión polisémicas que viene a decir al mismo tiempo “que pena tengo que estoy sin un penny” (penny de moneda, no de colita. Eso lo dirían algunas, no yo)”
“Oh. We can´t not make charges for less than five pounds” (Que si no te sacuden un galleta de cinco libras no te sacuden nada con la tarjeta (sacudir de golpear. Guarr@s).
“Ok. I also would like to know whar had happened with a box of small chocolates I´ve had in the room in a bag who´s been collected” (Mirando serio fuerte fuerte y voz de Constantino Romero con jadeos…”donde están los chocolates que habeis interceptado”
“Oh. Esto es la recepción de un Hostle de buen rollo en el que somos diplomátcos, No hemos interceptado ningún chocolate”
“Si esto es una recepción ¿Qué hacen vuestras cara manchas de chocolate…”

Os ha gustado ¿Eh?
No es mío. Es de Lukas. Jorge Lukas.
Lo que pasó es que las pregunté con una sonrisa que qué había pasado con los chocolates y se quedaron consternados. Tan consternados como alguien (alguienes) que se acaba de dar una panzada a chocolatinas de otro y el otro tiene el mal gusto de aparecer y encima preguntar.
Me dicen “pueeeeeeeeeeeeees nos los hemos comido”. Bien por la sinceridad. Y acto seguido se mete una de las chicas en la salita de detrás de la recepción y me sale con una colección completa de chocolatinas, tamaño grande para compensarme. “Oye, prima, que no pasa nada. Que entiendo que se está limpiando y que si hay cosas de por medio de despeja por la brava. Que somos doscientos aquí y si no esto sería una pocilga (lo cierto es que el sitio está muy, pero que muy arregladito).
“No, no. Me siento muy culpable de que nos hayamos comido tus chocolates. Así que toma estos por favor”. Fue inútil negarme. Me estoy poniendo ciego a chocolate.
El caso es que me dice “ Y la colada gratis por las molestias”
“Oye prima. Espera, que te quería pagar una semana de estancia y me lo puedes cargar todo en la tarjeta”
“No, no”
Así da gusto. Aunque por un momento me siento un poco incómodo, como no he dejado de sonreír desde que les pregunté por lo de los chocolates, acepto de buen grado el gesto. Y aprovecho para preguntar donde queda cerca un “Job Centre”. Para todos los que no hayais trabajado en Edimburgo, que imagino sereis los menos porque ¿quién no ha trabajado en Edimburgo?, Os comento que es necesario registrarse en unas oficinas como las del Inem en España y te dan un Número de Seguro Nacional. Pero eso requiere de unos trámites que voy a narrar ahora.
La encantadora muchacha me explica donde me queda la oficina más próxima y para allá que voy.
En la oficina. De hecho en la puerta de la oficina, porque a los que tienen pinta de terroristas como yo, no nos dejan pasar a dentro aunque diluvie, me dan un folletito con un teléfono y una dirección. El teléfono es para pedir cita y la dirección para ir a la cita. Máxima tecnología administrativa. El caso es que llamo al teléfono para pedir la cita. Como me hablan en extranjero le indico a la mujer (primer parásito que en encuentro en este lugar, que soy español y que no domito completamente la lengua del tío Guillermo. La tía, en lugar de hablar un poco más despacio y pronunciando como God manda, se acoge a los servicios de una intérprete. Segundo Parásito (este con mayúsculas) que me encuentro por estos lares. La intérprete sabe español, pero lo aprendió de alguienen Panchitolandia. El acento tira de espaldas. La pobre desgraciada debe saber que su español solo sirve para pedir una caña y que te timen al darte el cambio. Resulta ser una borde (ese es su problema), una imbécil (sigue siendo su problema) y un incompetente (ahí me da en la línea de flotación la asquerosa esta. Como traduce de aquella manera pero a mí me cuesta entender su español más que el inglés de la otra parásita, me limito, pese a sus quejas (se sabe un parásito. Que llore), a usar el ingles ara abreviar trámites. Se enfada, Que porqué he pedido un traductor si no lo necesito y no se qué. Yo paso de ella. La basura es mejor no mirarla siquiera (salvo si se te ha caído dentro un tenedor o algo). Además que yo no he pedido traductor, solo que se me hable más despacio. Que la llamadita la pago yo y esta fulana que es más tonta que un bocao en la polla me está haciendo perder un tiempo precioso. Total que hablo solo con el primer parásito (ese que no es muy grande). Que si su número de pasaporte, que si tiene derecho a trabajar aquí, que por qué, que si dirección, que si código postal, que si no lo sé… La cagamos.
Surge el parásito de turno. “pues es que el sistema no me deja concertarle una cita sin un código postal válido” (el código Davinci te voy a dar yo a ti, tonta del bote. Invéntatelo coño, que el teléfono lo pago yo). “No, no. Busque el código postal y llame más tarde”. Y que me den.
Menudo par de zorras. Esas están ahí, calentando el asiento como putas burócratas chupatintas, porque chupar no deben ni saber chupar ni un caramelo (no digamos otras cosas).
Vuelvo al Hostle con la primera decepción escocesa. Me instalo en la “Sala Gryfindor” a darle a Internet y tratar de recargar el móvil on line. Aprovecho y busco también piso y quiere la suerte que encuentre algunos interesantes, anuncios a los que respondo.
Como la página de la compañía de teléfono no me deja acceder a mi cuenta (os recuerdo que el otro día tuvisteis como primicia como me registré en esa compañía como usuario) echo la mayor parte del día actualizando crónicas y revisando anuncios.
De repente me entra un correo de un tipo al que he contestado su anuncio. Me propone enseñarme el piso el jueves por la tarde. Le respondo que nones, que me gustaría pero que estoy on duty, esto es que me toca currar y que mis horarios tienen su punto también. Al rato me responde ofreciéndome la posibilidad, si recibo el correo a tiempo, de ver el piso esta tarde. Para allá que voy.
La casa me gusta. Buen salón, buena cocina-comedor. La habitación es pequeña pero perfectamente funcional. Hay lavadora, micro, horno, secadora (muy interesante por estos lares), Wifi. De todo. El precio, no es muy caro 320 pounds al mes todo incluido (incluso el dichoso Council Tax) excepto las llamadas telefónicas. El tipo es, además, muy agradable y otro de los compañeros parece majo también. Le digo que estoy viendo otros pisos y me marcho con muy bien sabor de boca.
Hago unas compras para la cena y me vuelvo para el Hostle. El suceso del medigo me lo guardo para mejor ocasión.
En el Hostle me hago una cena de aquí te pillo aquí te mato, me conecto un rato más a Internet y me voy, por fin a la cama, donde descubro con consternación, la capacidad de alguno para roncar. Pero que binchú y Emi no se preocupen que ellos no tienen competencia en este terreno.

2 comentarios:

  1. Atí que te gusta, que se yo que fuera de nuestra España cañí, nuestra queria y curtida piel de toro, también hacen gracia estas cosas:
    http://harrisonlatieneasi.blogspot.com/

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El castillo del centro de Edimburgo

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